Te propongo un juego para conocer en qué medida tu mente está entrenada para detectar las cosas negativas o las positivas, y hasta qué punto hace falta que te ejercites con el fin de mejorar tu capacidad para ver el lado positivo de la vida.
Necesitamos un reloj para cronometrar (en el móvil lo tienes), un lugar donde puedas concentrarte, ganas de pasarlo bien y una dosis de paciencia. Pon el cronómetro en marcha. ¿Preparado? Ahora busca la cara triste. ¡Vamos!

 

¡Eres un hacha! Vale, descansa unos segundos. Me imagino que no te habrá costado mucho encontrar la cara distinta a las demás. Es un tarea bastante fácil para la mayoría de las personas, y se capta en poco tiempo.

Mira lo que nos dice la Ciencia respecto a lo que acabamos de ver.

El catedrático de Psicología de la Universidad Estatal de Florida, Roy F. Baumestier, junto a varios colaboradores, publicaron en 2001, en la Review of General Psychology, el siguiente estudio: Bad Is Stronger Than Good. Vienen a decir estos científicos que los sucesos negativos causan más impacto que los positivos en nuestra manera de comportarnos y en nuestro estilo de pensamiento. Y así es.
Si pensamos en nuestros ancestros, la detección de los peligros les ayudaba a mantenerse vivos. Es decir, asociaban un ligero ruido fuera de la caverna, de manera automática, a un posible peligro inminente. Su cerebro se ponía en modo alerta y se preparaban para luchar o huir. Imaginemos por un instante que hubieran asociado un ruido desconocido a algo neutro o positivo. Entonces su cerebro hubiera entrado en modo relax (tomarían el rugido de un felino como el de un lindo pajarito), y de ese modo la especie humana se habría visto abocada a la extinción.

Tres tipos de cerebro: Cocodrilo Dundee, Homer Simpson y alguien con buena memoria y emocionalmente rica jugando una partidita de póquer en tu azotea.

El cerebro reptiliano: Cocodrilo Dundee
El cerebro límbico: Piensa en alguien con muchas emociones y con una enorme memoria
El neocórtex: (Homer Simpson)

Los tres cerebros están interconectados a nivel neuronal y bioquímico y cada uno controla distintas funciones de nuestro cuerpo.

Reptiliano: Cocodrilo Dundee, un australiano en la médula espinal.

Se trata del cerebro más antiguo y está formado por: el cerebelo, los ganglios basales, el tálamo y la médula espinal. ¿Y de qué se encarga? Regula las funciones fisiológicas involuntarias de nuestro cuerpo, no piensa, carece de emociones y su función es actuar. Controla las hormonas y la temperatura, el hambre, la sed, la respiración, la motivación reproductiva, y las conductas impulsivas de defensa y ataque. Es el cerebro responsable de conservar la vida y cuando actúa, puede morder. Homer pregunta:¿Y el sexo? El impulso sexual primitivo tiene como objetivo el mantenimiento de la especie (un aquí te pillo, aquí te mato).

Límbico: Sigue pensando en alguien con memoria y emocionalmente rico.

Este cerebro está compuesto por: el hipocampo, el hipotálamo y la amígdala. Hete aquí, que el hipotálamo no es emoción ni superior (está filogenéticamente bajo el tálamo), pero media las reacciones vegetativas que expresan o manifiestan nuestras emociones: taquicardia, rubor, sudoración. Este cerebro límbico es la despensa de nuestras emociones y recuerdos. Se encarga básicamente de dominar las conductas asociadas con la autoconservación. Regula nuestro fantástico mundo emocional. Homer sigue preguntando:¿Y el sexo? El sexo con conexiones límbicas, hace del sexo un acto más humano. El sexo, esta vez con cariño Homer.

Neocórtex: Homer Simpson.

Es el cerebro fruto de la evolución y hete aquí (¿qué diablos querrá decir hete?) lo que nos diferencia del resto de los mamíferos: tener conciencia de nosotros mismos y de nuestras emociones, planificar, tomar decisiones, reflexionar, aprender, estudiar, crear, utilizar el lenguaje para comunicarnos y pensar. ¿Y el sexo? Este cerebro que nos hace reflexivos, nos da control, nos hace racionales y también nos da la posibilidad de ser creativos. Gracias al neocortex, ideamos, imaginamos, fantaseamos, jugamos y en el contexto del sexo aporta una visión superior al mero mantenimiento de la especie y a lo emocional del enamoramiento. Es interesante de cara a rescatar o vivir más intensamente una relación, convertir la vida sexual en la pareja en algo más divertido, interesante, romántico, especial y juguetón, esa decisión es neocortical Homer. Y además. se puede entrenar y mejorar.

En nuestra sociedad y en este momento evolutivo, la reacción de lucha o huida (ese impulso instintivo que nos prepara, de forma refleja, para reaccionar ante una agresión) cumple una función más desadaptativa que adaptativa. Tal reacción está mediada por estructuras cerebrales inferiores primitivas (cerebro reptiliano), y estas respuestas no están sujetas al control racional de estructuras superiores (neocórtex). En algunos aspectos apenas hemos avanzado. Desde el punto de vista evolutivo, la conexión con estructuras superiores (corteza prefrontal, cíngulo y parte del hipocampo) ejerce una modulación sobre la reacción primitiva, que todavía existe. Dicho de otro modo: seguimos teniendo la respuesta primitiva, pero en la evolución se han desarrollado conexiones que desde niveles superiores (neocórtex) ejercen un control y modulan nuestras más básicas respuestas.

Pero ¿es esto siempre así de fácil? ¿Somos capaces de controlar en todo momento las respuestas heredadas de nuestros ancestros? No exactamente. Hay dos excepciones, dos. Estas respuestas quedan por ejemplo desinhibidas y liberadas bajo los efectos del alcohol, de tóxicos o cuando de forma patológica interpretamos las situaciones y las opiniones de los demás de forma negativa, es decir, como un peligro o una agresión; sería el caso de los “incapaces sociales”.

Pero sigamos con el juego. Pon de nuevo el cronómetro en marcha. Venga, te espero. ¿Preparado? Busca la cara contenta. ¡Ya!

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Es fácil que ésta te haya costado algo más de tiempo. Si no ha sido así, enhorabuena.

Plasticidad. El cerebro se hace gimnasta.

Está demostrado que nuestro cerebro va cambiando conforme recibe experiencias nuevas que, a su vez, desencadenan conductas adecuadas. Es la base del aprendizaje. A partir de la repetición de conductas, se refuerzan las conexiones cerebrales que están siendo seleccionadas por su uso continuado. Así es como se establecen nuevas conexiones, de forma que el cerebro cambia conforme aprende.
Veamos un ejemplo: cuando los ciegos practican el braille, a través de horas y horas de repetición, el área cerebral que se encarga de procesar la información de los dedos aumenta. Y hay otros muchos más ejemplos. Este fenómeno es aplicable a tareas motoras (aprendizaje por entrenamiento en deportes, instrumentos musicales…), tareas lingüísticas (aprendizaje del lenguaje verbal e idiomas), tareas cognitivas (entrenamiento en técnicas de atención, procesamiento de información, autoevaluación…) e incluso en la reeducación de nuestras respuestas ante estímulos o ante la forma de percibirlos.
Por tanto, la habilidad de percibir en positivo y mostrar reacciones más adecuadas es algo que se aprende, se entrena. Y la consolidación de estos cambios se produce precisamente a base de repetir la tarea, una y otra vez, reforzando de forma continuada el circuito cerebral seleccionado.

Pongámonos el mono de faena. Menos samba e mais trabalhar.

Darth Vader te quiereLa buena noticia es que hay fórmulas y estrategias para mejorar nuestra manera de ver el mundo. Básicamente, se centran en 1) modificar nuestro estilo de pensamiento y 2) mantener alejado a Darth Vader y el lado oscuro de la Fuerza. Y no es Misión Imposible VI; es sólo cuestión de trabajarlo. Para ello te proponemos dos ejercicios que pueden ayudarte a sonreír y a mejorar tu índice de felicidad. Vamos a entrenar y a buscar la cara alegre en las fotos, y en la vida.

Primer ejercicio: Imagina tu futuro ideal y escribe sobre ello.

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La psicóloga L. A. King realizó un estudio, The Healtth Benefits of Writing About Life Goals. Personality and Social Psycology Bulletin, 2001, en el que se pidió a un grupo de participantes que escribieran durante cuatro días consecutivos acerca de su futuro ideal. La condición es que tenían que ser realistas en cuanto a sus metas, pero se les animó a que fantasearan sobre su yo ideal, tanto personal como profesional. Por otro lado, a otro grupo se le pidió que escribiera sobre un suceso traumático, y un tercer grupo lo hizo sobre temas neutros, como por ejemplo, planes para el día a día. ¿El resultado? Los participantes que habían escrito sobre su yo ideal estaban más felices que los integrantes de los otros dos grupos. Esta psicóloga realizó otro estudio similar, pero esta vez pidiendo a los participantes que escribieran sobre cosas agradables del pasado. Los resultados fueron idénticos al primer estudio.

Así que coge papel y lápiz (el teclado nos puede servir) y procura escribir una vez por semana tu futuro ideal (prueba a hacerlo dos semanas seguidas). Fantasea y disfruta. Piensa que te has convertido en la persona que quieres ser. Créetelo. Sueña, experimenta el cambio y disfrútalo. Lo que hay que intentar es ser realista, que tus metas puedan estar a tu alcance (nada de ser Míster España): cambiar de trabajo, irte a otra ciudad, convertirte en una persona más simpática, más responsable, más divertida. ¡Vamos! Es solamente un juego alentador que te ayudará a pasar un buen rato, a cambio de mejorar tu bienestar presente y futuro. ¿Qué puedes perder?

Prueba a hacer al día siguiente otro ejercicio, esta vez sobre tu pasado. Recuerda una experiencia que hayas tenido en la que te lo pasaste bomba. Puede ser un día con los amigos, con la pareja, una reunión, una cena. Da igual. lo importante es que aparezcan risas, baile, complicidades, cantar, reír, amar… Exacto. Ese día nos vale. Describe con interés qué pasó, quién había sentado a tu lado, en qué lugar ocurrió. Bucea en los recuerdos y saboréalo. Es sólo para ti, no lo vas a entregar a ningún certamen literario, así que despreocúpate de la gramática, y de las correcciones. Intenta hacerlo dos veces en dos semanas y te sorprenderás de lo que genera.

Segundo ejercicio: Escribe sobre 8 cosas chulas que te hayan ocurrido en la última semana.

 

¿Que no? ¿Que no hay nada bueno? ¿Cómo que no? Haz un pequeño esfuerzo: ese desayuno, la ducha caliente, no haber engordado más… ¿Acaso no es suficiente? La vida es una suma de pequeños detalles.

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Te dejamos la psicopizarra para que te sirva de orientación. Piensa, detecta, rastrea, conviértete en un cazador de sucesos agradables que surjan en el día a día. Porque siempre los hay. No desesperes. Al principio puede costarte, es normal. Pero acabarás considerando la amabilidad de un camarero como un hecho de lo más afortunado. Y así hay mil. Busca un momento de tranquilidad en casa, tal vez antes de dormir, y ponte manos a la obra. Intenta practicarlo cada día durante dos semanas, y te encontrarás haciéndolo mentalmente caminando por la calle. La neuroplasticidad te espera, y es más fácil de lo que crees. Creer en tus capacidades para el cambio, trabajar en ello, y tener una actitud positiva ante los retos de la vida, es una buena fórmula para manejarte con cierta soltura ante los retos vitales. No decaigas y ánimos.

 

Este artículo ha sido elaborado por Nacho Coller y  Sara Hernández neuropediatra de la Clínica Ripalda.

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