“El que tiene el ego demasiado subido, tiene pequeños los oídos”.

Yo. Yo. Yo. Yo. Yo. Yo y más yo. Ah, y me dejaba algo: yo. Es egocéntrico, competitivo, con una idea de sí mismo extremadamente positiva y está convencido de que es un ser superior. Le encanta magnificar sus habilidades, habla constantemente de sus hazañas y busca la admiración, manifestando con los demás tan solo una empatía subterránea, ya que solo importan en la medida que son público para aplaudir. No hay nadie que le haga sombra, y si lo intenta (aunque sea involuntariamente) acabará con su reputación. Es rencoroso al cuadrado. Suele manejar la hostilidad y la autoridad, la seducción y la simpatía, mostrándose como la mejor compañía, siempre y cuando le cuadre con sus intereses, por supuesto.

Y lo que diferencia a un narciso de una persona equilibrada, con amor propio y ambiciosa es que el individuo sano no te hace sentir inferior y permite que cada cual sea lo que es. No lleva la batuta. A pesar de la seguridad que emana, la emplea para expandirse con los demás. Con, y no contra, suma. Y además del yo, utiliza el nosotros de forma genuina. Hete aquí la principal diferencia.

Una narcisista, una paciente contenta y dos cartas de agradecimiento, pero una de ellas falsa.

Hace unos años, trabajando para un Ayuntamiento de un municipio cercano a mi ciudad natal, tuve la oportunidad de asistir psicológicamente a una usuaria que estaba pasando por una situación vital muy complicada. Los síntomas que presentaba coincidían con una fuerte depresión, y presentaba ideas de suicido muy arraigadas, con alta probabilidad de quitarse de en medio. Nos pusimos manos a la obra y me planteé como tarea primordial que recuperara las ganas de vivir, conquistando el interés por las cosas que su mente ahora rechazaba. Objetivos tales como trabajar el amor propio y la confianza, salir de casa, iniciar un plan de actividades básico, hacer deporte (aunque solo fuera caminar), y poner un especial énfasis en recobrar la esperanza… fueron nuestra razón de ser durante la intervención. Al cabo de unas semanas, y con gran esfuerzo por su parte, mejoró considerablemente. En señal de agradecimiento, me planteó que quería escribir una carta de reconocimiento hacia mi trabajo, dirigida al alcalde del municipio. Ella contenta, y yo encantado y muy satisfecho. Mola. El elogio en público, y la crítica en privado.

Cómo escribir una carta de agradecimiento a si mismo. ¡Hola qué tal, encantado de conocerme!

Lo de la carta de agradecimiento es una anécdota que muchas personas desconocen. Lo mejor empieza ahora: En busca del narciso perdido. Acción.
A la mejor interpretación

A la mejor interpretación

Toma uno: Mi paciente entrega en el Ayuntamiento su carta por el registro de entrada. Gracias.

Toma dos: Casualmente al día siguiente entra otra carta, anónima, de agradecimiento en el registro de entrada, dirigida a una persona trabajadora de la casa.

Toma tres: Narciso entra en escena. La carta, escrita y firmada por un personaje inexistente (recuerdo las carcajadas y sonrojos de algunos concejales y de muchos compañeros) era una oda, una exaltación mayúscula a cierta persona, remarcando su valía profesional y personal. Todo apuntaba a que el destinatario era el mismo autor, que la había escrito bajo una identidad ficticia. Alucinante, ¿verdad?

Toma cuatro: Con un par, este sujeto misterioso, colocó su carta de exaltación en el tablón de anuncios para que el personal leyera lo maravilloso que era. Verdaderamente delirante.

The End: Recuerda que si alguien es capaz de suplantar una identidad o crearla, y además la utiliza para hacer loas y alabanzas propias, puede ser un psicótico, o presentar un trastorno de personalidad, seguramente de tipo narcisista.

Bien, vale, ya conozco ese marrón de tu pasado y lo siento, pero ¿cómo es la personalidad narcisista? ¿Me lo puedes explicar?

¿Y cómo es un narcisista?

  • Se cree especial y único, y que solo merece la pena relacionarse con personas exclusivas o de alto nivel.
  • Necesita ser constantemente admirado.
  • Explota las relaciones interpersonales, aprovechándose de los demás para sus propios fines.
  • Carece de empatía: no se identifica con los sentimientos y necesidades ajenas.
  • Con frecuencia siente envidia, o lo que es peor: está convencido de que le tienen envidia.
  • Muestra comportamientos arrogantes, soberbios.
  • Reacciona a las críticas con sentimientos de rabia o humillación.
  • Tiene un interés obsesivo en sí mismo
  • Está preocupado con fantasías de éxito, poder, inteligencia, belleza o amor ideal.

Y ya que estamos ¿Tienen arreglo?

Sí, el narcisismo se trata con una cura de humildad, con la que igual conseguimos algo, o nada. Lo peor de todo es que tienen muy mal pronóstico. Lo que sucede es que de manera muy excepcional acuden a la consulta de un profesional y cuando lo hacen, suelen venir presionados por la familia y abandonan rápidamente. ¿Por qué? Piensa que tal y como veíamos en las características de la personalidad narcisista, este tipo de sujetos se sienten especiales, únicos y por encima del resto. Además, gran parte de su estilo de pensamiento se basa en encontrar fallos en los demás con los que se retroalimenta y refuerza su creencia de perfección. El narcisista que acude a la consulta de un profesional de la salud mental (casi ninguno), en el minuto uno ya está sacando fallos al terapeuta, pensando que es un imbécil y con mil defectos. ¿Cómo le va a poder ayudar alguien así? Hay otra razón de peso para que este tipo de personalidad no demande ayuda, sus sentimientos de grandeza defensiva le vacunan frente a sentimientos disfóricos y depresivos. El hecho de que el narcisista cuente con potentes mecanismos de defensa, hace que se reduzcan las posibilidades de que acepte de buena gana el “defectuoso” papel de paciente.

 

¿Las causas de este trastorno? Hagamos un viaje a la infancia y a la adolescencia de la mano de dos investigadores, Groopman y Cooper (2006) y veamos los factores que nos proponen:

  • Exagerada indulgencia y sobrevaloración por parte de los padres o de otros miembros de la familia.
  • Un temperamento hipersensible desde el nacimiento.
  • Exceso de admiración que nunca se equilibra con un feedback realista.
  • Abuso emocional severo en la infancia.
  • Ser elogiado por la apariencia o por capacidades excepcionales.
  • Cuidado impredecible o poco fiable de los padres.
  • Aprender conductas manipuladoras de los padres o de compañeros.
  • Valorado por los padres como un medio para regular su propia autoestima.
  • Alabanza excesiva por los buenos comportamientos o crítica excesiva por los malos comportamientos en la infancia.
Todos los corazones son para mí. Soy especial.

Todos los corazones son para mí. Soy especial.

Una última pregunta. ¿Su cerebro es igual que el de los demás?

Un grupo de científicos del Hospital Universitario de La Charité y de la Universidad Libre de Berlín, han identificado una anormalidad estructural en los cerebros de las personas con el trastorno de personalidad narcisista, específicamente observando menos volumen de materia gris en la ínsula anterior izquierda. Esta región del cerebro se relaciona con la empatía, la compasión, la regulación emocional y el funcionamiento cognitivo. El narcisismo, según explica el estudio publicado en la revista «Journal of Psychiatric Research», es un trastorno de la personalidad en la que los pacientes tienen fuertes complejos de inferioridad pero hacia afuera se comportan de manera arrogante y autocomplaciente.

Curioso, parece que se quieran mucho, pero están cargados de inferioridades. Cuanto más lejos los tengas, mejor, te consumen y en el fondo, dan pena. Saludos y gracias por la lectura.

Por cierto, si quieres ampliar la información de este post y encontrar las diferencias entre los tiñosos y los narcisistas, estaré encantado de que dejes tus comentarios sobre el tema. Te dejo el enlace de Las personas tiñosas

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