La otra madrugada, mientras veía a expertos del zodíaco estafar al personal en un programa en la tele, cayó en mis manos un artículo en el que se hablaba de los efectos positivos que tiene la práctica de la siesta en la mejora de la memoria, de la atención y en el aprendizaje. Como soy un tipo que suele tomarse en serio lo que dicen los estudios científicos y soy un militante del empirismo, me metí al día siguiente entre pecho y espalda un arroz con sepia y erizos de mar bien regado con un vino blanco de Alicante y esperé unos minutos para comprobar sus efectos. Una higuera y su sombra húmeda, un calor de mil demonios, Morfeo y neurosiesta al canto.

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Una tormenta solar ha provocado una serie de cortocircuitos en el planeta tierra que han chamuscado a toda la humanidad. No queda ni rastro de vida humana a excepción de dos coaches emocionales “que cambian tu vida”, un tarotista, un mentor, un acompañante, un facilitador, un experto en el zodíaco, un terapeuta transpersonal y un servidor. Sí, sé que parece el principio del clásico chiste de un inglés, un francés, un alemán y el patrio español, pero es que así es el mundo de los sueños. Las mañanas transcurrían pausadas, tranquilas y rutinarias. Los dos coaches emocionales (a uno le iba el rollo arquitectura emocional, así a secas, y el otro se definía como experto en Inteligencia Emocional y seguidor de la PNL), nos tenían preparado un plan de acción personalizado para cada uno de nosotros con el que poder alcanzar nuestras metas y mitigar nuestras penas. El mentor se negó a hacerlo porque decía que era él el que marcaba los planes, que para eso era mentor. El facilitador, que iba de buen rollo, dijo que tampoco iba a participar en el circo, que tenía mucho trabajo por delante para crear un buen clima y sacar lo mejor de cada uno de nosotros. El acompañante se negó en redondo porque él no se consideraba una comparsa cualquiera y tenía muchas cosas que decir. El tarotista, que era Géminis, y el experto en el zodiaco, discutían sobre planetas, cartas astrales y sobre lo que les depararía el futuro; y no llegaban a ningún acuerdo y pasaban de charlas del acá, andaban en el más allá. Mientras tanto, el terapeuta transpersonal, al ver que no tenía público a quien estafar y vender sus conocimientos, cayó en una profunda crisis nerviosa.

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Como soy un sentimental y en el fondo buena gente, no quería ser partícipe de psicotrauma alguno en los dos coaches emocionales; así que me puse manos a la obra y asistí a sus sesiones de crecimiento y mejora personal. Toda una experiencia. El coach rollo arquitecto emocional, me hizo un trabajo previo en el que analizaba mis fortalezas y debilidades. Como tenía tiempo, me hizo una entrevista en toda regla en la que me preguntaba quienes eran mis héroes infantiles y que sueños quería conseguir en la vida. El otro coach seguidor de la PNL e inteligente emocional, me hablaba de neuroemociones, neuroconexiones, el neurolenguaje y que yo soy lo que me digo y que si me digo cosas diferentes a las que me he dicho hasta ese momento, seré otras cosas a las que me he dicho. En fin, que si le hago caso, mis neuronas van a crear nuevas conexiones y que mi vida va a dar un cambio que no me va a conocer ni la madre que me parió y que voy a poder con todo o casi todo. Eran la mar de divertidos, llamaban a los pensamientos negativos “los Gremlins“y me repetían constantemente que podía conseguir lo que se me antojara en la vida y todo eso sin consumir estupefacientes, solo me lo tenía que creer y desear. Yo, que soy un tipo disciplinado y un tanto ingenuo, seguí paso a paso lo que me indicaban en el plan de acción. Visualiza tus éxitos que lo vas a conseguir; cree en ti y en tus capacidades (eres el puto amo, chaval), otro día leía unos folletos con mensajes tipo: “No tienes frenos ni límites“, “El poder lo tienes tú”, “Tú controlas, de ti depende”, “Visualiza tu objetivo, que ahí lo tienes chaval” entre otras lindezas. Les encantaba adornar su discurso con palabras como poder, éxito, cambio, reinventarse, emociones y neuro. De hecho, gracias a seguir su plan de acción mi vida pegó un cambio importante, me convertí en mentor de mí mismo.

Voy de una pesadilla a un sueño o de un sueño a una pesadilla. El vecino de la puerta cuatro ha puesto de nuevo la cancioncita Des-pa-ci-to a toda pastilla y me ha despertado. Son las cinco de la tarde y a las siete y media tengo una importante cita con mi peluquero para que me asesore sobre un problema cardíaco que me ha detectado la cajera del Mercadona. Yo que soy un tipo cuidadoso, disciplinado y un tanto ingenuo he pedido consulta con el panadero y me ha dicho que me tengo que cuidar, que mis meninges las tengo algo resecas de tanta preocupación, normal. Lo que no sé es lo que pensará mi callista. Cómo está el patio.