La envidia: una oportunidad para admirar
Una emoción tan silenciosa como destructiva que vive incrustada en el ADN psicológico de aquellas personas incapaces de respetar a los que destacan, tipas y tipos (con bajo interés) que basan su vida en la crítica ajena para esconder sus vergüenzas y carencias y que andan repletas de complejos de inferioridad. Y son muchas, sí, pero esto es lo que hay. Y se multiplican cuando alguien consigue despuntar fruto de su trabajo, de su esfuerzo y de su intelecto. Por cada admirador que a uno le sale, surge un envidioso; y tal y como dijo Seneca: “tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos”. Y en España, practicarla es el deporte rey. Un país de canallas y de envidiosos. Tienen una personalidad mediocre inoperante, son cutres, están flacos de cualidades, poseen una amígdala detectora de éxitos ajenos ciclada de clembuterol y de bilis de contrabando y padecen de estrabismo psicológico (un ojo en las vidas ajenas y el otro en la propia) y no hay gafas que corrijan tamaña vizquera. Y la envidia es muy silenciosa y le ponen música disfrazada de crítica en corrillos de café con leche, tostada o cruasán, o en la máquina de café del trabajo donde se cuchichea hasta el infinito y más allá, o desde el más puro anonimato de las redes sociales. Troles. Sí, tal vez te corroe la envidia, casi tiras espuma por la boca pero no lo vas a reconocer jamás, ¿lo dudas? Declara tu envidia y declaras tu inferioridad. Viva la caspa.
La wikipedia define la envidia como un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.Y la RAE la define como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee. Es decir, estar bien fastidiado por ver cómo a otro le van bien las cosas, o que consigue cierto éxito. Un envidioso jamás va a reconocer que tus éxitos son merecidos, al contrario, será cuestión de la suerte, o porque tienes un padrino o una ayudita externa o simplemente se refugiará para conseguir una explicación convincente en el clásico y lacónico “la vida es muy injusta”. Si eres mujer, apelará a tus rodillas peladas y dinamitará sin descanso tu reputación. Dan grima.
“La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”. Quevedo.
Un envidioso y un tiñoso son siameses y no se puede entender un vocablo sin el otro. Vidas paralelas, vidas cruzadas e idénticas dianas. ¿Podemos llegar a fastidiar a alguien simplemente por envidia?
Yo tuerto pero tú ciego. Primera parte.
En un estudio realizado por dos economistas, Andrew Oswald y Daniel Zizzo, de las Universidades de Oxford y Warwick, dieron aleatoriamente una cantidad de dinero a un grupo de voluntarios que se iba incrementando con el tiempo. En el ensayo, y aquí viene la parte divertida, se les daba la oportunidad de destruir una parte del dinero ajeno, pero sólo a costa de sacrificar parte del propio. Cada dólar destruido a otro jugador le costaría a quien lo lograse entre 2 y 25 centavos. ¿Perder para que el otro pierda? Pues sí, un 62 por ciento de los participantes pagaron por el privilegio de empobrecer a sus colegas de mesa o que no se enriquecieran más que ellos. Así somos, para flipar ¿verdad?
Yo tuerto pero tú ciego. Segunda parte.
Schadenfreude. Significa regocijarse con el mal ajeno, tener satisfacción psicológica cuando un enemigo cae en el campo de batalla (para algunas personas la vida es una guerra y como tal, en su día a día, utilizan armas como la difamación, el embuste, hablar muy mal a la espalda de los otros para conseguir sus objetivos). ¿Sabes que en nuestro cerebro se activa el núcleo accumbens (área asociada al procesamiento de la recompensa) cuando algo malo le sucede a alguien que no nos gusta? Es decir, que podemos disfrutar con cierto mal ajeno. En esto, el envidioso es un verdadero especialista. Desde la Ohio University, Skowronski, Carlston, Mae y Crawford, hicieron una interesante investigación sobre el lado negativo de difundir críticas (la envidia y la crítica van de la mano), y acuñaron un efecto conocido como “transferencia espontánea de rasgos“. Este efecto viene a decir que cuando cotilleas sobre alguien y lo criticas, el que te escucha asocia inconscientemente a tu persona las características que describes. Es decir, si hablas mal de alguien, pensarán lo mismo de ti. Al envidioso cotilla le vamos a transferir todo lo malo que dice sobre los demás. Espejito espejito.
La envidia y el odio van siempre unidos, se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto. Jean de la Bruyere

¿Que si en alguna ocasión tengo envidia?
Por supuesto. Quedaría como un superhéroe (en mi profesión los hay de sobra) si te dijera: – mira pequeño saltamontes, yo no tengo envidia de nadie, soy psicólogo experto en emociones y pensamientos y tengo una capacidad de autocontrol por encima del común de los mortales y no permito que un sentimiento tan básico y dañino se pueda apoderar de mí. Así que si tú quieres, puedes, aprende de mí. Pero antes pasa por caja y reconóceme como tu gurú y te enseñaré cómo. Quedaría como un campeón con gafas en Alaska pero te estaría mintiendo como un bellaco, y no es mi estilo. Claro que tengo envidia, soy persona como tú, pero lo que tengo claro es que ésta se mantiene muy poco tiempo en mi sesera, no dura ni un telediario. Ni la envidia que llaman sana ni la otra. No me gusta su compañía pero acepto su aparición, sé que forma parte del ser humano pero no permito que me atasque.
¿Qué cómo lo hago? Si te parece, te dejo unas sugerencias para vencer este sentimiento que destruye y que no suma.
- Haz un ejercicio de auténtica empatía con la persona a la que envidias y ten meridianamente claro que si ha conseguido determinado éxito será a costa de su trabajo, esfuerzo, pasión o dedicación. ¿Tú lo haces en tu día a día? ¿Trabajas lo suficiente? ¿Te esfuerzas? ¿No? Pues a que estás esperando para ponerte en marcha. Deja de envidiar y de mirar la vida de los demás y trabaja un poco. Corrige tu estrabismo psicológico y céntrate en tu vida.
- No te quedes en los resultados de los otros y mejor pregúntate ¿Qué ha hecho para llegar ahí? Mejor analizar el proceso, te resultará más instructivo y menos dañino. Aprende a admirar.
- Cuando te surja la envidia es una buena oportunidad para detectar qué cualidades y talentos propios tienes que desarrollar. La ocasión la pintan calva para que mejores en tu vida.
- Mejor admirar que codiciar. Mejor centrarse en las cosas buenas que te ofrece la vida y la gente que te rodea. Aprender de las habilidades de los otros, disfrutar de la amistad, tener buenos modelos que puedan servirte de brújula ante las situaciones difíciles de la vida, imitar a los que hacen bien las cosas, admirar. Sí, admirar. Lo que admiras te suma y construye y lo que envidias te destruye. Tú mismo. Yo lo tengo más que claro.
No sé si lo de Machín era envidia, admiración, una obsesión, amor, o era un brasas de campeonato, pero la canción me mola.
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Fantástica descripción de muchas situaciones y relaciones cotidianas. Lectura interesante. Enlace reenvíable. Alusión musical. ..insuperable. Bonito, real, útil y liberador de tensiones . Gracias!!, envida ???debía ser la
única permitida y sólo para construir
Pues muchísimas gracias Sara, después de leer tu comentario estoy por nombrarte mi representante; es más, quedas nominada desde ya como mi manager. Saludos