Una emoción tan silenciosa como destructiva que vive incrustada en el ADN psicológico de aquellas personas incapaces de respetar a los que destacan, tipas y tipos (con bajo interés) que basan su vida en la crítica ajena para esconder sus vergüenzas y carencias y que andan repletas de complejos de inferioridad. Y son muchas, sí, pero esto es lo que hay. Y se multiplican cuando alguien consigue despuntar fruto de su trabajo, de su esfuerzo y de su intelecto. Por cada admirador que a uno le sale, surge un envidioso; y tal y como dijo Seneca: “tan grande como la turba de los admiradores es la turba de los envidiosos”. (más…)

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