¿Eres vulnerable a la ansiedad?
En el anterior post, La ansiedad y la niña de El Exorcista, hicimos una aproximación a los ataques de pánico y a su forma de gestionarlos: comparamos las reacciones fisiológicas que tiene nuestro cuerpo ante una situación de miedo (si fuiste capaz de ver la película a solas, eres un valiente; yo, ni lo he intentado), y la respuesta que tenemos ante una situación de ansiedad, que utilizando un símil de Los Chichos, no es ni más ni menos, que miedo al miedo. Y no hay diferencias. Lo que cambia es el foco de atención. Mientras que en la situación de miedo, nuestra mente se concentra en nuestro entorno y no se siente mal por sentirse mal, en el caso de la ansiedad, la mente se concentra en cada uno de los síntomas que surgen (que siempre son los mismos), predisponiendo al cerebro a que estos aumenten con autoinstrucciones negativas del tipo: “Uyuyuyuyuyyyy, ya está otra vez, ahora seguro que mi corazón empezará a latir más fuerte”, “¿Qué me pasa?”, “Yo no debería sentirme de esa manera”, “Esto no debería de estar ocurriendo”, “Algo va mal”. La psicología nos indica que si conocemos nuestras reacciones fisiológicas, si cambiamos el foco de atención hacia lo externo, y somos capaces de decirnos frases de aliento del tipo: “Tranquilo, solo es ansiedad“, “Has tenido sensaciones como estas con anterioridad y eres capaz de manejarlas“,”Tres o cuatro respiraciones profundas harán que te calmes“,”La ansiedad es molesta pero no es peligrosa” o “Puedo seguir funcionando con un poco de ansiedad, venga vamos“, nos va a resultar un poco más fácil gestionar la ansiedad y que esta no nos bloquee. No olvides que podemos sentirnos un poco ansiosos y seguir funcionando de manera óptima.

Recuerda. Ansiedad tenemos todos, no somos de madera. La diferencia es que cada persona tiene un patrón personal de respuesta fisiológica de ansiedad, es decir, que cada uno responde de una manera. Y si no, que se lo digan a Antonio Vega y su fantástica versión de Ansiedad.
¿Qué hace que unas personas sean más proclives que otras a tener ansiedad elevada? ¿Su fecha y hora de nacimiento? ¿Que su horóscopo sea Géminis, Leo, Acuario o cualquier otro? ¿Tener un chihuahua como mascota? ¿Declararse fan de Pablo Alborán (más que ansiedad, sería depresión)? ¿Que en la carta astral que te hizo hace un tiempo un amigo, tu ascendente sea..? ¡Por el amor de Dios!
Si has contestado con un sí a una de estas preguntas, por favor sigue leyendo, estamos a tiempo de reconducirte a cierta normalidad psicológica y para tal cometido, vamos a poner todo nuestro empeño en este post.
En el caso de haber contestado de manera afirmativa a varias de las preguntas expuestas, solo puedo darte la enhorabuena. ¡Qué envidia tener las cosas tan claras!
A modo de preámbulo. La personalidad es el conjunto de características físicas, genéticas y sociales que tiene un individuo, y que lo hacen diferente y único respecto al resto de sujetos del mundo mundial. Fíjate, que solo por esto vale la pena hacer un esfuerzo vital mayor y querernos un poco más. Somos obras de arte, únicos e irrepetibles.
Veamos los factores que afectan al desarrollo y a la formación de la personalidad y los rasgos de la personalidad ansiosa. Siete factores, siete.
- Las influencias sociales y culturales presentes en nuestro crecimiento. Imagínate creciendo o madurando (si eres hombre lo tienes difícil, los hombres nunca maduran) en el medievo, o en la revolución industrial. ¿Habría alguna pequeña diferencia a como es usted ahora?
- Los valores y creencias de la familia en la que te criaste.
- Los métodos de disciplina empleados para socializarte.
- El lugar que ocupaste dentro de la constelación familiar y el modelo de familia. No es lo mismo ser el mayor que el pequeño, que haya habido minusvalías en alguno de los hermanos o de los padres mientras eras pequeño, fallecimientos, divorcio y nuevas nupcias por parte de los padres, que aparezcan nuevos hermanos o que el el modelo de familia fuera monoparental o de miembros del mismo sexo.
- El modelo de conducta que adoptaron tus padres mientras crecías. Madre o padre ansiosa, padres sobreprotectores, padre o madre muy crítico, etc.
- La sempiterna herencia biológica. No olvides que lo psicosocial manda sobre lo genético.
- Y por último, el significado que damos a cada uno de los factores mientras crecemos.
Hay personas que basan su vida (generalmente las que son infelices en grado mayúsculo) en responsabilizar de todo lo que les pasa a uno de los factores anteriormente citados. “Mi vida va mal y no voy a poder tener pareja porque mis padres se separaron”, ahí le has dado; “Soy infeliz porque lo tengo en mis genes, mi abuelo lo era”, sí, y también que el abuelo había tenido otras experiencias; “Soy ansioso y lo seguiré siendo porque mi madre era muy protectora y mi padre distante”, bien Rappel, bien, como ellos lo fueron te toca fastidiarte. Estas y otras falacias impiden a muchas personas tener una actitud proactiva para cambiar y enderezar el rumbo de la vida. ¿Qué le parece si empezamos a dar más importancia a sus capacidades y fortalezas para mejorar? Recuerda que no tienes límites para cambiar; los frenos al cambio son tus miedos.

Hoy es un buen momento para activarse, ponerse manos a la obra y asumir que el mayor responsable de tu vida eres tú. Sí, tal vez tengas razón en cuanto a que te ha tocado vivir situaciones complejas y un tanto desgraciadas, todos las hemos tenido en mayor o menor medida, pero aun así, el hoy, el aquí y el ahora, lo podemos escribir de manera diferente a lo que supuso el pasado. Puedes consultar el post sobre resiliencia, y comprobar cómo la psicología da una muy buena explicación sobre este fenómeno. Además, puede servirte para adquirir estrategias para intentar cambiar la manera de funcionar. Quejarse y dar lástima no son buenos compañeros de viaje. ¿Te atreves a cambiar?
Sí, vale, de acuerdo, todo esto está muy bien, pero ¿qué hay de lo mío? Con calma, ansioso. Vamos a exponer una serie de rasgos característicos de la personalidad ansiosa. No tienes por qué identificarte con todos ellos, algunos te describirán con exactitud y otros puede que te recuerden a tu pareja, a un amigo, a un familiar o a la suegra (este último supuesto es bastante habitual). En el caso de verte descrito, no te alarmes. Conocer de qué pasta estamos hechos, es un buen comienzo para modificar los componentes que nos impiden sonreír.
Siete rasgos, siete.
- El dubitativo. “Cuando pienso en hacer algo, dudo, y cuando lo hago, dudo al cuadrado (solo espero que los demás me confirmen que el trabajo realizado está bien hecho para quedarme tranquilo)”. Esto es lo que llamamos tener una necesidad excesiva de aprobación y va acompañado de una baja autoestima, una pobre autoaceptación, una alta sensibilidad a la crítica externa y tiene grabado en su sesera que el personal lo va a rechazar. Dado que intenta agradar a todo el mundo de manera mayúscula (teme no caer bien), le cuesta horrores decir no a las peticiones de los demás.
Propuesta: quiérete un poco más. A modo de sugerencia, te planteo que veas este emocionante vídeo de la marca de jabones Dove, y que tomes nota. Tienes trabajo por hacer, vamos. - El amigo del sí pero (el perfeccionista). Hay personas que cuando acometen un trabajo tienen una tendencia casi natural a centrar su atención en los defectos y en los errores, pese a que sean nimiedades, más que en los avances. La insatisfacción está escrita en su ADN. Recuerda que una cosa es ser meticuloso, y otra bien distinta es ser un perfeccionista.
Propuesta: reflexiona sobre el mensaje que expone la psicopizarra que tienes aquí expuesta. Si te parece, cambia el orden a la hora de analizar tus avances o los de los demás, saldrás ganando.
- El rígido. El que observa la vida bajo la disyuntiva de las cosas están bien o están mal o en la vida hay dos colores, el blanco o el negro, olvidándose de los grises. Es decir, hay un modo correcto de hacer las cosas (generalmente la suyas) y un modo incorrecto (curiosamente, el de los demás). Un verbo que forma parte importante de su estructura de pensamiento es el debería. “Debería haber hecho tal cosa”, “Debería haberse dado cuenta”, “Debería haberme llamado”, etc. Esto le crea muchos conflictos gratuitos con los demás y una profunda desazón. Propuesta: la vida por fortuna está llena de colorido, y las cosas no son siempre como uno piensa. Recuerda que cada persona es un mundo, por fortuna. Si no, la vida sería tremendamente aburrida.
- El controlador y el intolerante con sus errores. Este tipo de persona necesita tener las cosas muy controladas dado que lo novedoso le genera mucha inquietud. Hace lo posible por tener las rutinas diarias muy atadas y puede resultar un tanto aburrido; cuando se le plantea hacer algo nuevo (puede ser salir de viaje), necesita supervisar con pelos y señales el itinerario a seguir, el sitio a donde van, qué se van a encontrar. Es un hacha para llevarlo de excursión, lo controla todo. Propuesta: déjate llevar de vez en cuando por la improvisación. Introduce rutinas nuevas, practica un nuevo deporte, cambia. Un buen cometido en la vida es hacer lo que te propongas, se trata de vivir y la vida se trata de vivirla y no de esperar a que venga lo siguiente. Los errores son una oportunidad fantástica para mejorar.
- El “y si”. “¿Y si llegamos tarde?” ¿Y si no me entienden?” ¿Y si me da de nuevo el ataquito?” “¿Y si me quedo en blanco?” ¿Y si..? Este tipo es una mezcla de adivino y de aguafiestas. Piensa en lo que puede pasar, pero siempre en negativo. Enciende las alarmas antes de que suceda nada e imagina todos los síntomas ansiosos habidos y por haber que le pueden ocurrir en una situación determinada. Propuesta: tal vez resulte de Perogrullo, pero el futuro no lo podemos controlar, solo podemos apostar por modificar el presente para conseguir un futuro mejor. Vivir encandilado en el mañana te impedirá ver las cosas buenas que ocurren hoy. Sé consciente del aquí y del ahora. Intenta practicar meditación, el Mindfulness puede ser una buena opción para vivir más plenamente. El mañana no importa, hoy es el día importante.
- El cegato. El que magnifica sus errores y minimiza sus éxitos mientras que magnifica los éxitos de los demás y minimiza los errores. Este tipo debe graduarse las lentes. Propuesta: si aprendes a quererte un poco más, es más fácil que puedas valorarte de la misma forma en que lo hace con los demás. Prueba a hacer un listado con las cualidades positivas que tienes y lánzate a hacer el juego “Yo soy valioso porque soy…”. Lo tienes descrito en el post de empatía.
- El que desconoce a su cuerpo. Es el tipo de persona que no atiende a las señales de estrés, de cansancio o de sueño y que continúa sin parar hasta que es demasiado tarde y sucumbe. Puede pasarse horas y horas sin hacer pequeñas pausas y si esto lo llevamos a días seguidos, hete aquí una fórmula perfecta para tener ansiedad. Propuesta: escucha un poco mejor qué dice tu cuerpo, sobre todo cuando aparezcan las primeras señales de cansancio o estrés. Intenta escanear de vez en cuando tu cuerpo de forma positiva, e intenta disfrutar de las pausas.
No olvides que ya no hay nada para siempre, incluso los rasgos de personalidad que hemos descrito son susceptibles de mejora y se pueden suavizar mediante el uso de estrategias psicológicas. La vida la puedes ver de una manera menos agresiva. Recuerda que las personas podemos cambiar y mejorar, solo hace falta desearlo, un poco de trabajo, constancia y esfuerzo, tal vez mucho esfuerzo, pero la recompensa bien merece la pena. Tu felicidad. ¿te animas a cambiar? Estaremos atentos.
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