¿Bloqueado por el rencor? ¿Quieres pasar página?
Los motivos del rencor o del odio suelen ser muy variados, desde una ruptura sentimental a un adelantamiento arriesgado de un conductor que casi provoca un accidente. Hay mil y un motivos en la vida que pueden ser generadores de rencor o lo que es peor, hay mil y un pensamientos que pueden convertirlo en eje central de la vida de determinadas personas.
Pero dejemos los motivos, que pueden ser muchos y muy variados, y vamos a centrarnos en las diferentes formas de encajar los golpes, en cómo hay personas que tras un conflicto son capaces de seguir adelante, y en cómo hay otras, que se quedan atascadas, pegándole vueltas y más vueltas al daño causado, que por lo general es mucho menor del que ellas interpretan.
María sufre un atasco y no es hora punta.
María ha tenido un contratiempo con un compañero de trabajo en la oficina que le ha hecho sentirse molesta. Durante ese día dedica gran parte de su tiempo a reflexionar sobre el hecho en sí, poniendo un especial énfasis en lo mal que se siente, amplificando, reviviendo la situación y ejercitando expresiones del tipo “todo me pasa a mí”, “esto es terrible”… Este ejercicio basado en “un problema compartido es medio problema“, que a la par de agotador es poco eficaz, lo realiza durante minutos, horas y días, obteniendo un resultado que desde el punto de vista psicológico es devastador, además de ser una mayúscula pérdida de tiempo.
Cuanto más lo cuento, peor me siento, o cómo hablar y contarle las cosas negativas que nos pasan a alguien dispuesto a escuchar, pero carente de formación, no sirve para nada más que para gastar saliva o pasar un mal rato. Y para muestra un botón, tal y como nos muestran Zech y Rimé, investigadores del departamento de Psicología de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
Estos dos colegas pidieron a un grupo de personas que pensasen en un suceso negativo del pasado que hubiera tenido cierto impacto en sus vidas (ruptura de pareja, muertes, abusos…) y que en el tiempo presente tuvieran la necesidad de hablar de ello. A continuación se les pidió que hablaran sobre el tema escogido con una persona con cierta escucha empática, mientras otro grupo hablaba sobre algún tema intrascendente del día a día. ¿Las conclusiones? El sentido común indica que aquellas personas que habían hablado sobre temas trascendentes tendrían cierta mejoría; de hecho los participantes pensaban que hablar sobre ello les había ayudado. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el sentido común yerra; los cuestionarios del estudio indicaron lo contrario. La charla no había sido útil, hablar sobre experiencias negativas con una persona sin formación no tiene efectos curativos, es una pérdida de tiempo. Así que ante tus problemas vitales, mejor opta por utilizar otro tipo de estrategias, por ejemplo, escribir sobre ello (la escritura expresiva). Intenta no dar tanto la brasa sobre tus problemas y aprende a encauzarlos. Toma nota y mira en este video lo bien que lo explica Elsa Punset.
E. Zech y B. Rimé, “Is Talking About an Emotional Experience Helpful? Effects on Emotional Recovery and Perceived Benefits”, Clinical Psichology and Psichoterapy, nº 12, 2005, páginas 270-287.
Hay personas que centran su atención en un suceso ocurrido en el pasado de manera negativa, dejando que su mente se llene de recuerdos y de pensamientos nocivos que se repiten hasta la saciedad, recreando las escenas que le hirieron, ya sea como pensamientos o hablando continuamente sobre ello. Sin embargo, hay otras personas que centran su atención en los recuerdos positivos; cuando sufren contrariedades o conflictos buscan la manera de restarles importancia; conjugan de manera continua los verbos desdramatizar y relativizar en primera persona del singular, y los contagian a las personas que hay en su entorno. Su máxima preferida es “la vida es ensayo-error”. Este tipo de personas (puedes ser tú, tu pareja o el vecino de la puerta cuatro), genera alegría y positivismo, confía en las personas como fuente de riqueza emocional, sabe que la vida puede ser un lugar fantástico para vivir aunque se encuentren con cosas que no sean de su agrado.
Aprendiendo a gestionar el malestar como método para reducirlo.
Yo pongo el siguiente ejemplo a las personas con las que trabajo y que pasan por una situación en la que el rencor, el resentimiento u otras emociones negativas le estén atascando. La mente es como los antiguos tubos de pasta de dientes: si aprietas y aprietas y no abres la rosca, el tubo puede explotar. Apretar sería el equivalente de pensamientos o recuerdos negativos que aparecen de forma continuada, causando un estallido de emociones intensas que nos atascan (la angustia, la ira, la envidia…). La explosión bien podría ser el atasco, o bien, hacer o decir cosas de las que uno luego pueda arrepentirse; o lo que es peor, tener mal humor de forma perenne, el equivalente a avinagrarse. S. Lyubomirsky y C. Tkach, “The Consequences of Dysphoric Rumination”. Recuerda que uno de los secretos para recuperar el bienestar está en la escritura.
Bien, vale, de acuerdo. ¿Pero qué puedo hacer con el odio, rencor, resentimiento, rabia o ira que le tengo a una persona que se ha portado muy mal conmigo y no consigo olvidar? ¿Una diana con su nombre y apellidos? ¿Un saco de boxeo con una foto de cuerpo entero? Luego vamos a posibles soluciones, pero de momento, me parece que puedes dejar los dardos, la diana y el saco en el armario. Tú mismo.
Ubícate y sé consciente antes de exigir cambios.
La cuestión está en que si las cosas no nos pintan bien, y la vida nos hace un quiebro en forma de conflicto, sea este real o imaginario, es conveniente que adoptes un estilo de pensamiento que impida el aumento del mal rollo.
Sugerencia 1: intenta ser consciente de lo que te está sucediendo, anticípate a las sensaciones negativas y no entres en barrena con discursos negativos que pueden agravar el problema, intenta tomar cierta distancia e intenta relativizar (atrévete a probar con el más se perdió en Cuba), exígete sentirte bien (la vida pasa muy rápido y seguro que no este no es motivo tan grave para dejarte llevar por esta emoción mucho tiempo), y no olvides abrir la rosca (habla, expresa, pide aclaraciones, escribe una carta…) para evitar males mayores. Mira lo que nos dice el escritor cristiano súper ventas Máximo Lucado que nos viene al pelo: “Haz el esfuerzo. Invierte el tiempo. Escribe la carta. Discúlpate. Haz el viaje. Compra el regalo. Hazlo. Aprovechar la oportunidad te hará más feliz. Perderla hará que te arrepientas”.
Sugerencia 2: aprender a vivir sin rencor y sin odio, hace que la vida sea más llevadera. Piensa que estas emociones no suman, no nos ayudan a ser mejores personas ni nos permiten avanzar. El odio, la ira, la rabia…, nos atascan, nos ciegan y no nos permiten ver la realidad tal y como es. Conozco a más de uno que basa su vida en esta máxima “yo tuerto, pero tú ciego“, y así le va. Vaya pérdida de tiempo, y qué desperdicio de vida.
Sugerencia 3: Un ejercicio adaptado del original, diseñado por la psicóloga de la Universidad de Pennsylvania Karen Reivich para superar el conflicto con una persona conocida, por ejemplo tu ex.
Haz un círculo en el centro de un folio y alrededor de quince círculos más por toda la hoja. Escribe dentro del círculo central unas palabras que describan tu rencor hacia la persona de marras. Puedes utilizar el bolígrafo de tinta negra. En el resto de círculos (hay que hacer un esfuerzo de empatía y de generosidad) tienes que escribir frases o palabras por las que estés agradecido a esa persona. Seguramente hay algo positivo en ella, aunque sea pequeño, y si no lo encuentras, hay otras fórmulas para desatascarte, no desesperes. Puedes utilizar el bolígrafo de tinta azul, o verde, o roja, pero intenta que sea distinto al central. Cuando hayas rellenado todos los círculos o una gran mayoría, coloca el folio en una pared a una distancia considerable en la que puedas leer lo que has escrito y observa cómo queda diluido lo negativo en lo positivo, el rencor por la gratitud. Es un buen momento para plantearte los sentimientos hacia esa persona y reflexionar sobre lo importante que es centrarse en las cosas buenas para diluir lo negativo. La generosidad es tu mejor antídoto ante el odio.
Cuando termines el ejercicio y hayas diluido el mal rollo, puedes tirarlo al contenedor de papel y directo a la planta de reciclaje.
Sugerencia 4:
Si el rencor lo sientes hacia alguien cercano puedes hablar con la otra persona siendo claro y exponiéndole lo que hizo mal, sus errores o los tuyos, siendo claro y dando la oportunidad de pasar página juntos. Piensa que tal vez no fue consciente del mal que causó. Es importante que te quedes tranquilo y que puedas descansar.
Si resulta que el otro/a es una persona mezquina, tóxica, vírica o simplemente es un gilipollas, sí, un gilipollas que los hay y muchos, prueba a coger de nuevo un folio y describir todo el mal que te hizo y escribe su nombre. Cuando hayas acabado el ejercicio, tira el papel, y prueba a decirte “Hasta nunca, empiezo de nuevas, ya no eres importante para mí, campana y se acabó“. Otra opción es escribir un artículo que describa a este ser mezquino y gilipollas, tal y como yo hice en el post “La tóxica”, y quedarte la mar de a gusto (recuerda que tienes derecho). Si el recuerdo de esa persona vuelve a tu mente, prueba a decirte frases de este tipo: “Adiós, ya no formas parte de mi vida”, “Hola, encantado de verte otra vez, pero ya no me importas, te he perdonado”. Un cóctel de generosidad, perdón y gratitud, es el licor perfecto para nuestra conciencia.
7 recomendaciones para evitar quedarte atascado y poder pasar página:
- Tienes derecho a expresar tus opiniones, tus emociones y a pedir explicaciones sobre aquello que te haya resultado molesto. No fomentes los malentendidos y no olvides que tus silencios pueden ser más peligrosos que tus palabras.
- La vida puede ser muy injusta, y no siempre podemos ganar. Intenta tener cerca el mensaje “no hay mal que por bien no venga”. En muchas ocasiones te vas a encontrar a gente mezquina; su existencia, por contraste, te puede ayudar a crecer y a mejorar, o por lo menos a saber que existen y que no te cojan con la guardia baja una próxima vez.
- Busca ayuda profesional si ves que no puedes salir por ti mismo/a de un atasco emocional.
- Piensa si vale la pena funcionar bajo el rencor. Haz un esfuerzo en detectar las cosas buenas y positivas que te ocurren en el día. Por la noche, antes de dormir, haz un repaso a las cosas buenas que te ocurren: ayudan a disminuir el mal rollo y la desazón.
- Acepta que no hay nadie perfecto y que todos cometemos errores y tenemos derecho a ello. Asume que tú eres el primero que se equivoca.
- Acepta que en la vida es fácil que puedas encontrarte con gilipollas que basan su vida en hacer mal a los demás y, por desgracia, te ha tocado a ti. “Si tú estás bien, yo estoy mal”, y “Si tú estás mal, yo estoy bien”, son sus máximas vitales y en ellas basan su modus operandi. Por fortuna no son muchos, pero son muy escandalosos. Aprender a detectarlos a tiempo puede ser un buen ejercicio para mantener intacto tu bienestar.
- Confía en la gente. Recuerda que hay personas fantásticas, y que si eres generoso, recibirás generosidad; y si aportas, recibirás más de lo que das. La vida tiene que ser sumar.
Si quieres ampliar la información y adquirir una guía de autoayuda basada en investigaciones rigurosas, te recomiendo el excelente libro “59 segundos. Piensa un poco para cambiar mucho” de Richard Wiseman. Fácil, divertido, pedagógico y científico. Que tengas un buen día.
PD. Muchas gracias a Paula Queraltó por su desinteresada ayuda para mejorar estos textos, y más que agradecido por otros asuntos familiares que ella sabe.




