Y tú, ¿qué tipo de madre eres?- me preguntaron.
–  Ni idea– contesté yo.

Veintiún años de madre. Cuatro hijos. No sé qué tipo de madre soy. ¡Socorro! Voy a investigar.Empiezo y descubro que tras la cuestión: “y tú ¿qué tipo de madre eres?”, viene un rosario de: “Cómo ser una buena madre, Qué es ser una buena madre, Diez cualidades de una buena madre, Doce señales que indican que estás siendo una buena madre, Diez consejos para ser una mejor mamá, Diecisiete consejos, Ocho consejos…”

Leo: “sé paciente, mantén la calma, escúchales, dedícales tiempo de calidad, ama a tus hijos incondicionalmente…” Hasta aquí nada nuevo. Ya sé que tengo que ser paciente, les escucho todo el día y no les puedo querer más. Sigo. No tardo mucho en entender cuáles son las cualidades de la buena madre: entregada, sumisa, amorosa, dulce y paciente. MARAVILLOSA.

barbary-ape-384632_1280

Como intuyo que la cosa no es sencilla y la maternidad es sólo una parcela de la vida, busco cómo poder con todo. “Claves para tener una vida profesional de éxito”, “La importancia de mantenerte en forma”,”Cómo alimentar el amor de pareja”, “El peligro de descuidar el grupo de amigas”, “Dedica tiempo a tus  aficiones”. En este punto quiero morir.

Antes de desaparecer decido volver al tema de la maternidad. Yo, que soy muy de plantarme en la realidad, visualizo lo que era mi vida cuando mis hijos eran pequeños. Pasan por mi mente las mañanas, los desayunos y la tanda de bocatas. Los baños, las cenas, los deberes. Los cumples, las excursiones. Las actividades extraescolares, el deporte, los kilómetros al volante. Las pataletas, los berrinches. Las tutorías del cole, los médicos, el acné, la ortodoncia. Los consejos de mi madre. Las manualidades, los kilos de ropa. Las vacaciones escolares, las enfermedades, el trabajo.

Me siento mal. Pienso en mi cara de felicidad los lunes por la mañana al dejarlos en el cole. Esos años en los que ir a trabajar equivalía a estar de vacaciones.

¿Siempre manteniendo la calma, la paciencia y el buen humor? ¿Siempre con la capacidad de escucha al 100%? ¿Siempre tiempo de calidad? ¿SIEMPRE?

Yo no puedo hacer eso. No quiero hacer eso. Nací HUMANA. Moriré humana.

Al rato llegan las frases épicas:

La maternidad te cambia la vida. Lógico. Es que comparas la vida de madre con la de no madre. Ahora eres madre, antes no. Normal que haya cambiado. No decido ser madre para que no me cambie nada. Qué decepción más grande tendría.

Durante años la prioridad no eres tú.  Si quiero seguir siendo mi prioridad no tengo hijos. Ya lo sabía antes de tenerlos, que hoy en día la cosa está pensada. Tampoco me considero tan importante como para dedicarme TODOS los días de todos los años de mi vida a mí.

Pierdes calidad de vida.  Dentro de la palabra “calidad” caben siete universos. Hay quien opina que vivir en el campo es calidad de vida. Yo si no veo semáforos, muero. Cada uno mete en la palabra “calidad” aquello a lo que da valor. Tantas calidades como personas.

Corres peligro de perder tu identidad. A no ser que en “mi identidad” quepan muchas identidades. Yo no pierdo mi identidad por comer la comida que les gusta a mis hijos o me aficione al deporte que hacen ellos. Mi identidad es mucho más profunda.

O sea, ¿me están diciendo que mientras estoy haciendo todos estos esfuerzos por alcanzar un modelo de MADRENOHUMANA me pierdo una vida mejor fuera de la maternidad?  Vidas vacías las hay dentro y fuera de la maternidad. ESTOS MANUALES SON PARA UNA MADRENOHUMANA.

shield-808737_1280

Yo soy humana. En la maternidad hay años duros, muy duros. Todo tiene sus ventajas. Cuando los  has pasado, estás convencida de que si durante esos años no te volviste loca, ya no enloquecerás jamás. O quizá estés loca y no lo sepas. Es posible.

Soy humana. Tengo limitaciones. Me encantaría hacerlo todo bien (o no) pero sé que la perfección no es humana. Veinticuatro horas dan para lo que dan.

Tengo debilidades. Hay cosas que odio y hago fatal, como madre cumpliré pero tampoco me esforzaré demasiado. Mis hijos nunca han dado ningún problema para comerse la comida de otro. Les encanta. Todo tiene su parte positiva.

Tengo obsesiones, convivo con ellas y me fuerzo a relativizar.

Me equivoco un montón de veces. Y lo seguiré haciendo.

Para los humanos, los imposibles existen. Sabemos que los inventaron para facilitarnos la vida.

Soy humana en el trabajo, en mis relaciones y, por supuesto, en mi maternidad. Si como madre tengo que pecar de algo, que sea de humanidad.

Ya sé qué soy: soy MAMAHUMANA. Mis poderes son humanos. No quiero ser heroína de nada. Los heroínas salen en los cuentos. La mamahumana está hasta el moño de cuentos.

Este artículo ha sido escrito por mi colega María Jesús Giménez. No la conozco personalmente, sé de sus andanzas por lo que publica en su muro de Facebook y me mola lo que dice y cómo lo expresa. De hecho, se lo pasa tan bien escribiendo y tiene tantas cosas que decir, que se ha crecido tanto con este artículo que hemos decidido sacar dos (mañana publico la segunda parte coincidiendo con el día de la madre).   Me da que Mª Jesús entra en estado de flow cada vez que se sienta delante de un ordenador dispuesta a escribir sobre un tema en concreto. Y estoy casi seguro, que en la mayoría de las ocasiones que se lanza a escribir lo hace sin un guión previo y sin tener idea de lo que va a contar. Las buenas ideas salen por sí mismas. Su visión de la vida como psicóloga y como persona (tanto monta, monta tanto) sigue la máxima de Heráclito “Todo fluye, nada permanece”. Sí, para esta psicóloga la vida es movimiento, y para muestra, una breve reseña sobre su vida profesional:
12241635_126027391094511_8948312342870569738_nDe Palma de Mallorca, licenciada en Psicologia en la Universidad Complutense, Clinica y Organizaciones. Tiene un Máster en organización de empresas, hace bastante tiempo tuvo una Escoleta Infantil y en los últimos años se ha dedicado al desarrollo de los RRHH en diferentes empresas. Ahora está entre dos aguas y su vida está entre Palma y Barcelona, aunque creo que le queda poco para dar un salto e instalarse en la ciudad condal. Tutora del TFG de alumnos de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB) y del practicum de alumnos de Psicología en InPreneur.