Vendedores de humo y de infelicidad
Si se trata de vender, vender humo es más fácil que vender ciencia además da pingües beneficios. La ciencia, cuando habla de felicidad recuerda en muchas ocasiones lo que el personal no quiere oír, es decir, habla de trabajo, negatividad, propósitos, valores, imposibles, tristeza, aceptación, relativizar, sufrimiento y unas cuantas cosas más que. Extraño o raro-raro-raro, es encontrarte con un científico que nos hable de felicidad plena y de superpoderes mentales. Los vendedores de brebajes de felicidad de todo a cien plagados de mensajes tan bonitos como dañinos al estilo, “si quieres puedes” o “Vas a llegar hasta el lugar que tú quieras, sí, donde tus sueños te lleven, que lo vas a conseguir que te lo digo yo si te lees mis libros y si no lo consigues, es que eres un poco tonto o no le has puesto lo que hay que poner, porque el personal se cura con mis lecturas“; son tan agradables de escuchar como vomitivos son para mi intelecto y supongo (espero) que para el tuyo. Y lo peor de todo, es que determinados medios de comunicación, periodistas y editoriales varias, amparen este circo porque sacan pasta de ahí, (lo bonito, aunque falso, vende). Tan responsable es el diosecillo que crea (que evidentemente copia de otros) estos mensajes como lo son sus seguidores (verdaderos hooligans en muchos casos). No sé si a ti te pasa, pero cuando veo a determinados vendedores de humo y a su legión de defensores y fans (hooligans) se me despierta un no sé qué interior que me dice: Tío, este tipo o tipa es peligroso. Tipos y tipas que venden en sus conferencias el mismo mensaje, sin cambiar una coma aunque hayan pasado diez años de su primera charla, que reviven una y otra vez ante el público una experiencia de su vida (falseando la realidad) con adornos emocionales, mostrándose compungidos, deslizando una ligera lagrimita por su mejilla y con cara de corderito degollado, son tahures del Misisipí. ¿Me creo tal y cómo cuentan sus historias o puedo dudar y creer que las adornan y exageran? No olvidemos, que los tíos tienen (tenemos) una tendencia a exagerar sus hazañas cada vez que las cuentan, y esto puede resultar gracioso si la anécdota es divertida o neutra, pero cuando hablan de sí mismos para conseguir que su audiencia caiga rendida, me parece impresentable por no decir algo más grueso. Unos tahures que juegan con cartas marcadas, que venden felicidad de todo a cien, tramperos de tu satisfacción vital y falsarios de la auténtica felicidad. Por desgracia, me vienen a la cabeza unos cuantos; son multitud. Qué pena.


Felicidades! Hay que divulgar y promover la buena práctica y hacerle saber a las personas que usan estos servicios de coaching que, muy probablemente, estén pagando por algo ambiguo y sin base empírica. Lo que más cuesta es traducir nuestro lenguaje a la sociedad para que conozcan nuestra formación…creo que lo consigues con tus textos.
Muchas gracias colega. Un saludo fuerte Antonio.