Me encanta caminar por la ciudad con mi brújula y sin una ruta establecida. Y hay un detalle que me fascina: observar al personal que sin dorsal en la espalda y sin ropa deportiva no permite adelantamiento alguno. Un sprint, una competición sin meta visible y una medalla imaginaria. ¿Cuántas veces te ha pasado que sin darte cuenta y sin tener prisa alguna has acelerado el paso para llegar antes a ningún sitio? A mí me pasa en ocasiones, pero intento frenarme con una frase tipo –¡Eh, que nadie te espera Nacho, que tienes tiempo! o con un epitafio al estilo “Aquí yace un tipo que iba con prisas a todas partes! Inmediatamente freno la marcha. El epitafio, es mano de santo.

"Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos". Proverbio Escocés

Salir a pasear por la ciudad y darte permiso para que algún transeúnte te adelante es un gustazo en sí mismo. Parar y ralentizar la marcha, poner a tu mente en modo errante y dejar que divague puede ayudarte a detectar las pequeñas cosas del día a día, a encontrar soluciones a problemas que tienen absorbida tu sesera.

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¿Y una mente errante para qué?

Las funciones positivas de mantener una mente errante, según Jonathan Schooler en su estudio “Meta-awareness, Perceptual Decoupling and the Wandering Mind” publicado en Trends in Cognitive Science, son:

  • Reflexionar sobre uno mismo.
  • Distraerse.
  • Flexibilidad de la concentración.
  • Ponderar lo que estamos aprendiendo.
  • Reflexionar sobre la vida que uno lleva.
  • Organizar nuestros recuerdos.
  • Asentar las ideas creativas o darles salida.

Darse un paseo, no hacer nada, observar las piruetas de una mosca en el salón de casa (un clásico masculino), darse un baño, caminar por la montaña sin ninguna prisa son actividades sencillas que permiten que la mente vaya a la deriva pero sin perder el norte. Cuando estés enfrascado en un problema y no haya manera de encontrar una solución, recuerda que una retirada a tiempo puede ser una victoria. Toma distancia, desconecta y vuelta a empezar. Y si no lo tienes claro, vamos a ver lo que nos comenta al respecto uno de mis héroes intelectuales.

El psicólogo Richard Wiseman, un clásico en este blog, nos presenta en el capítulo dedicado a la creatividad en su imprescindible libro “59 segundos. Piensa un poco para cambiar mucho” una sugerente relación entre la creatividad y el inconsciente. El bueno de Wiseman, sugiere que una buena fórmula para desarrollar la creatividad “es mantener ocupado al tipo charlatán que llevas en la cabeza (el consciente que no para de maquinar) y darle al tipo reservado la oportunidad de hablar (el inconsciente)“. En otra palabras, que cuando te enfrentes a un problema que requiera encontrar soluciones nuevas o diferentes a las que ya tienes, una buena opción es centrarte en tareas que tengan cierta carga intelectual  y dejar que tu disco duro trabaje para encontrar soluciones. Observar el vuelo rasante de una mosca, puede ser una tarea recomendable y agotadora para un hombre. Y que una mujer observe esa escena, desconcertante. ¿Qué hace? Ya lo sabes, tiene la mente a la deriva y está trabajando. ¿Qué qué?