Un profesional como la copa de un pino
Esta mañana he ido al bar de la esquina y me he metido entre pecho y espalda un bocadillo de jamón a la catalana, una cerveza, un café y como me he levantado con mal talante, he obviado la mistela y me he comido un Frigopie. Como soy un tipo algo chapado a la antigua, he pasado toda la noche discutiendo con mi conciencia y con mi inconsciente y entre los dos han conseguido que le pida disculpas al camarero por la expulsión del grupo de whatsapp. Como el chico es un profesional como la copa de un pino (¿Alguien me puede explicar qué tiene que ver la copa de un pino con ser un buen profesional?) y tiene grabado a fuego el lema “el cliente siempre tiene la razón“, el joven camarero ha aceptado mis disculpas y me ha dicho que no me preocupe, que estas cosas pasan hasta en las mejores familias. Como se ha venido arriba y ha visto la posibilidad de soltarme un discurso de barra de bar de las que arreglan el mundo, me ha hecho saber que él también es un buen psicólogo, que conoce a la clientela, que observa, que escucha y sabe mantener la boca cerrada, que conoce lo que necesita cada persona que entra en el bar y que sabe anteponer las necesidades del cliente a las propias y lo mejor de todo, que es muy empático. Como soy un tipo educado, que sabe escuchar y soy algo rencoroso, he pagado la cuenta, le he dejado 5 céntimos de propina y le he vuelto a incluir en el grupo de WhatsApp para darme el gustazo de expulsarlo esta misma noche.

A las 11.30h tenía cita con el callista para una revisión de mis duricias. Como estoy diagnosticado de amaxofobia y desde hace 15 años que no toco el volante de un automóvil, he tomado un taxi y me he propuesto la titánica tarea de no mantener conversación alguna con el taxista, que seguramente al igual que el callista, es también un profesional como la copa de un pino. Como soy un tipo educado, que no sé estar callado y me cuesta cumplir con mi palabra, le he dado los buenos días y a los dos minutos ya me estaba soltando una perorata sobre política, fútbol y tráfico que realmente me la refanfinflaba. Sin venir a cuento y por arte de birlibirloque, me ha comentado que había hecho un curso a distancia de psicología y que él, además de ser un excelente seleccionador de futbol y un ministro del interior que arreglaba el país en menos que canta un gallo, era un buen psicólogo. Que si conoce a la clientela, que es un buen observador, que escucha y sabe mantener la boca cerrada, que conoce lo que necesita cada persona que entra en su taxi, que sabe anteponer las necesidades del cliente a las propias y lo mejor de todo, que es una persona muy empática. La suerte se ha aliado conmigo, he llegado a mi destino justo en el momento en el que empezaba a contarme con todo lujo de detalles un psicotrauma que sufrió cuando era pequeño.

Me he quitado los zapatos y los calcetines, he sumergido mis pies en una palangana con agua, sal y bicarbonato, he pillado una revista Hola del año 2013 y me he armado de paciencia. Diez minutos después he recibido un aviso en mi teléfono. Mi callista, diagnosticado de misantropía y que no puede mantener contacto alguno con la especie humana, me ha pedido que haga una foto a mis extremidades inferiores y que se las pase por whatsapp, que si acaso ya me dará un diagnóstico hacia el mediodía. Como soy un tipo la mar de obediente, generoso, algo supersticioso y con un espíritu repleto de contradicciones, le he birlado la revista, le he dejado diez céntimos sobre la mesa de la entrada, he puesto los pies en polvorosa y me he largado sigilosamente a mi casa. Una vez a salvo, me he sentado en el sofá, he expulsado al camarero por brasas, he bloqueado a mi callista, he abierto la revista Hola por la página trece y me he encontrado de sopetón con un reportaje a todo color de las vacaciones playeras de otro profesional como la copa de un pino, el presentador Jorge Javier. Por cierto, ¿habéis visto Sálvame? ¿Y qué rayos significa ser un profesional como la copa de un pino? Mañana cambio de bar.

