Terraplanistas y otros gilipollers. Relato II verano 2020
Mi vecino de la puerta nueve tiene 30 años y por su edad, ser, estar y parecer, es un copulativo con sobredosis de ESO. El chaval, un chico normalito de los de hoy en día, anda a la moda emitiendo idioteces desde su propio canal de Youtube, tiene cuenta en Instagram con unos cuantos miles de gilipollers, perdón, seguidores; hace vídeos chorras TikTok la mar de divertidos (hete aquí una ironía) y lo mejor de todo, es un amante bandido de las teorías conspiranoicas. El chico, reconocido Influencer en lo digital y un tonto del higo en lo terrenal, anda peleado con la cultura y con la ciencia desde que tiene uso de razón (se desconoce la fecha de tal momento) y lo que te rondaré morena.
Este espabilado (segunda ironía al canto) es un declarado defensor del terraplanismo (¿en la ESO nombran en algún curso a Copérnico?); cree que la llegada del hombre a la luna es un chiste y no es ninguna broma; que la pandemia del coronavirus en una gran mentira; que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, Bill Gates nos quiere meter un microchip con el 5G para controlar nuestros movimientos y nuestras mentes (¿Hará falta?); que las vacunas provocan autismo; y lo peor de todo, que toda su legión de miles de gilipollers, perdón no sé lo que me pasa, de seguidores, le cree a pie juntillas.

Yo, que soy un tipo que piensa que el mundo se va a la mierda si es que no se ha ido ya, que cuando me pongo la mascarilla me protejo de las estupideces ajenas y que busco constantemente la verdad (I want to Believe, agente Mulder), me he suscrito a su canal de Youtube para estar al día de las cosas reales que pasan en nuestro mundo. Sí, en efecto querido lectora, tras pasarme tres horas y cuarenta minutos viendo vídeos del tonto del higo soltando sandeces por aquí y medio verdades por allá, viendo como ascendían el número de likes y tras escudriñar sintácticamente los comentarios de sus gilipollers, perdón como estamos, sus seguidores, he sentido como se me resecaban profundamente las meninges. Y sí, como las desgracias nunca vienen solas, he tenido que descargar aguas mayores siete veces, y una escueta falsa alarma. Siete y medio y me planto. Yo, que pensaba que era un tipo descreído y con firmes convicciones me he declarado en huelga de wifi, he emitido un comunicado en el que me he declarado enemigo público de los teléfonos inteligentes, me he dado de baja de Netflix y de Amazon Prime, dejo de ver Teletienda y Telecinco (tanto monta monta tanto), recupero la suscripción a la revista Reader´s Digest, voy a participar en un programa de intercambio cultural con alienígenas (sí, están entre nosotros), y para estar a salvo de las radiaciones del enemigo exterior, he forrado con papel de plata y cartones de huevos los techos y las paredes de mi hogar, dulce hogar.
Tres horas y cuarenta minutos de inmundicia han sido suficientes para que mi sesera se haya cortocircuitado. ¿Cuánto tiempo les dedicas tú? y por último, ¿cómo no pensar que el mundo se ha ido a la mierda? Se fue.
Pues eso. ¿Una cerve?

