Un colectivo arbitral ha compartido vía Twitter mi artículo: diario de un violento en el deporte base. Y me alegro. Son parte fundamental del mundo del fútbol junto con el balón, el terreno de juego, los técnicos, los jugadores, el público, y sin ellos, este deporte sería imposible.
Si eres jugador y no estás de acuerdo con alguna decisión, muestra tu opinión con respeto y educación, y sigue jugando. Puedes ponerte de ejemplo a seguir a un jugador ejemplar como Andrés Iniesta, que ante lances del juego en los que sale mal parado, que son muchos, reacciona ante los colegiados de una manera más que correcta en la gran mayoría de ocasiones.
Recuerda que tienes las de perder si muestras tu lado oscuro. Por un lado, tu diálogo negativo interno te puede sacar del partido, y por otro, las consecuencias de una protesta desmesurada pueden conllevar amonestación o dejar a tu equipo en inferioridad, ¡y vaya gracia para tu equipo!
Ayer por la tarde noche, estuve viendo un partido de la categoría de Preferente de la Comunidad Valenciana, entre el Alboraya UD y el Lliria (en este caso el resultado es lo menos importante), y tuve la oportunidad de observar gestos deportivos en esencia pura, Deporte con mayúsculas.
En el campo de juego, creo que soy el único que mira dónde no está la pelota, me gusta quedarme con los gestos, las palabras, las reacciones, las miradas, dónde los otros están viendo desmarques, faltas, goles, fueras de juego, presión y táctica. Y ayer pude observar varias cosas que creo que vale la pena compartir.
El árbitro del encuentro fue el Sr. Rodríguez Gimeno, un tipo de talla menuda que bien podría ser el simpático vecino de la puerta dos, que mostró auténticas dotes de buen deportista y de buen árbitro. Sonreía, mandaba, atendía, paraba el juego, dialogaba y explicaba, escuchaba, se preocupaba por la salud de los jugadores ante situaciones de riesgo, que las hubo. Me esperé a que finalizara el encuentro para felicitarle, se lo merecía. Felicitación que hice también al entrenador del Alboraya, el Sr. Álvaro Ortí LLanas por varios detalles, pero me quedo con el siguiente. En los momentos finales del partido, en el que el equipo visitante estaba perdiendo tiempo (se tomaban las cosas con calma) dado que el empate les valía, le trasladó a uno de sus jugadores el siguiente mensaje: Acércate al árbitro y con educación y respeto dile que tiene que añadir algo de tiempo, que ha habido muchas interrupciones. Perfecto.
Hay detalles minúsculos que marcan la diferencia entre los que viven el fútbol con pasión, educación y respeto y los que lo viven desde el lado oscuro de la fuerza. Y usted, ¿en qué lado está?