Rafael Santandreu, la falta de escrúpulos y la fama
Esta mañana me he levantado con el pie derecho y ofrecido en el amor. Como las desgracias casi nunca vienen solas he tenido la mala suerte de leer el articulo “Caso Diana Quer: enseñanzas para el desarrollo personal” escrito por el gran Rafael Santandreu. Como tenía el estómago vacío y no he podido vomitar, he decidido dejarme cautivar por la sabiduría de Rafael y me he convertido en un aceptador estoico e incondicional de todo quisqui viviente y admirador, seguidor y forofo de Rafa. Sí, y que conste en acta señoría que ayer me acosté libre de sustancias y que no pruebo el alcohol desde el día de fin de año.

Como a falta de pan buenas son tortas y si sirve como eximente señoría, estaba totalmente abducido por el espíritu de Rafael, he llegado a la siguiente conclusión: quiero dar amor a todo el mundo. Como soy un tipo al que le gusta ser consecuente con lo que pregona (somos lo que hacemos y no lo que pensamos) y además, soy un ferviente defensor del refranero popular (de dicho al hecho hay un largo trecho y obras son amores y no buenas razones) me he dirigido a la floristería que hay cerca de mi casa y he comprado una caja de bombones. Como el floristo ha intuido que me faltaba algo más que la sabiduría de Rafael para ser feliz, me ha aconsejado comprar un cactus, un capullo y una docena de rosas y así, poder mostrar amor a todo el mundo. Como todos los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor, he accedido a su propuesta y me ido a recorrer el bonito mundo de las ciudades y de los seres humanos.
He salido con prisas y justo en la parada del metro he visto a un tipo insultando a una mujer en plena calle. Como soy un tipo que practica la aceptación incondicional de los demás, he regalado una flor a la chica y otra flor al maltratador. Seguro que el simpático muchacho estaba teniendo un mal día, pero estoy convencido que es una buena persona con falta de afecto y a la que hay que dar mucho amor. Por cierto, casi me llevo una hostia del sujeto. Como soy un tipo al que le gusta dar rayos de amor a todo bicho viviente, he seguido caminando por la parte soleada de la calle y al doblar la esquina, me he encontrado en mitad de la acera a un carterista estafando a un anciano y levantándole cien euros del ala. Como soy un tipo que cree que todo el mundo es bueno pero que nos falta aceptación incondicional, he cogido un par de rosas y le he dado una al simpático ladronzuelo y otra rosa al pobre anciano. No sé cómo dejan salir a los viejos solos por la calle, por cierto, casi me llevo una hostia del abuelo.
Como el día iba viento en popa a toda vela y cada vez era más Rafael y menos yo, he cogido el Metro en hora punta y justo en el vagón de cola, me he encontrado con un galán soltando piropos y manteniendo miradas babosas a toda mujer que cupiera en su generoso canon de belleza. Como soy un ferviente practicante de la aceptación incondicional y sé que esta es la fórmula correcta para tener un buen desarrollo personal, he regalado todas las flores a este simpático hombretón para que aporte un detalle a su prosaica verborrea y a sus nobles conductas. Y se ve que hoy era mi día y me he llevado una buena hostia de una mujer que estaba sentada junto a mí. Como no hay mal que por bien no venga, el bofetón ha venido en mi auxilio y me ha exorcizado del espíritu narcisista de Rafael. Al haber recuperado mi salud mental me he acordado del articulo, del asesinato de Diana Quer, de la mediocridad de muchos periodistas y medios de comunicación que hicieron corresponsables del asesinato de Diana a ella misma o a sus padres, especialmente a la madre, por ser mujer y separada y que además, hicieron carnaza de tema en diferentes platós televisivos que daba vergüenza ajena. Me he acordado de la aceptación incondicional de los demás y de las muchas ganas de notoriedad que ha tenido un narcisista dedicado al mundo de la psicología que no tiene quien le escriba para publicar un artículo con ideas trasnochadas. Lo que haga falta por estar en la pomada, que sigan hablando de uno y ser el centro de atención. Qué asco. Esto no es psicología. Uno se pregunta dónde están los límites, el respeto y la empatía. Quo Vadis? Rafael. Lamentable y vomitivo.
Te envío con todo el cariño, no sin antes aceptar incondicionalmente tu carencia de escrúpulos; un cactus y un capullo. Espero que les des un buen uso. Me da que no florecerán.

