Obsesión, tres calvos, un cuchillo puntiagudo y el batería de Queen
Yo no sé si revolotean por tu sesera pensamientos similares a los que yo tengo cuando me encuentro frente alguien muy atractivo (en mi caso y de momento, solo mujeres). Puede ocurrir dando un paseo por la ciudad, en un restaurante, en la parada del autobús, en la caja del supermercado, en la cola de la panadería o en cualquier lugar.
Y da igual si es de día o de noche. ¡Ojo! Estos pensamientos solo aparecen ocasionalmente: ¡Qué guapa, vaya tela, qué curvas tiene! ¡jolines! ¡No mires tanto que te lo va a notar! y otros similares que ahondan en el terreno de la fantasía y de los deseos. Por respeto al lector y por mantener salvaguardada mi reputación (que ya perdí cuando abrí este blog si es que la tenía), no voy a desvelar ninguno más. Mejor que permanezcan ocultos aunque intuyo que no son muy diferentes de los que tienes tú o cualquiera de los tuyos, no disimules. Y mira, es curioso por más que haya pensado en esto, jamás en la vida he tocado el culo a nadie que no me haya dado permiso; y nunca he sobado a mujer alguna solo porque lo haya pensado ¡Y no habrá sido por falta de pensamientos! ¿Y a qué viene esto? Ahora lo entenderás. Por cierto ¿Te imaginas que me planteara por qué tengo esos pensamientos? ¿Y si me dijera que no debería de pensar de esa manera? ¡Guau! La antesala de una obsesión. ¿Y si significaran algo?

María tiene 35 años y un hijo de dos años. Cuando por la noche llega a casa tras una dura jornada laboral, se encuentra a su pareja que está haciendo la cena. Un beso de buenas noches, una palmada en el culo y una visita furtiva a la habitación del peque que duerme como un angelito. -¿Te abro una cerveza María? -Perfecto cariño, no sabes lo que me apetece, menudo día he llevado. ¡Ah, antes de que se me olvide me ha dado recuerdos para ti…! Mientras tanto, María se desviste en su habitación, se pone el pijama y sus cómodas zapatillas de estar por casa. Su comedor, sus paredes, su cocina, son el perfecto colchón en el que amortiguar los golpes del día a día que hoy parece que han sido muy duros. Estrés y vulnerabilidad psicológica. Su pareja está de espaldas preparando un aperitivo de jamón y queso, una copa de vino tino a su izquierda y un enorme cuchillo bien afilado a su derecha casi mimetizado entre las verduras de la cena. ¡Hostias, vaya punta afilada que tiene ese cuchillo! ¿Y si me diera por convertirme en Norman Bates el de Psicosis “Mátala Norman, mátala” y se lo clavara repetidamente en el costado? ¡Una, dos, tres, cuatro, hasta cinco estocadas mortales en la espalda y en el estómago! ¡Vaya tela, y luego me iría al sofá a ver la tele que hacen mi serie favorita! Pero ¿Me pondría toda la cocina perdida de sangre? Por cierto, esta cerveza está riquísima. – Cariño, me gusta mucho la Estrella de Galicia que has comprado, está muy rica. ¿Te hacen unas papas? ¡Mmmmmm, ven aquí que te de un beso corazón! Hoy vemos nuestra serie favorita en la cama y si te apetece… Por cierto ¿Te imaginas que María se planteara por qué tiene esos pensamientos y que no debería tenerlos? ¡Guau! La antesala de una obsesión. ¿Y si significaran algo?
Juan tiene 43 años, sevillano, seguidor del Sevilla CF, nazareno y representante farmacéutico. Tiene una idea bien fijada en su cabeza: cuando se cruza con un calvo le entran unas ganas locas de darle con la palma de la mano repetidamente en el cogote y si puede conseguir un buen sonido, mejor que mejor. Hoy ha cogido el AVE destino Madrid y desde su asiento tiene una vista espectacular: tres calvos de diferentes edades ubicados en dos asientos más adelante. Entre lectura de los diarios ABC y Marca y minúsculas desconexiones de los WhatsApps y de notificaciones de Facebook y Twitter, una serie de ideas la mar de divertidas le asaltan en el trayecto. De pie, con la mano izquierda en la calva del bigotudo señor del suéter color pistacho marcando un ritmo continuado, y con su mano derecha en otras dos calvas marcando redobles sin cesar. El nuevo batería de Queen tocando y cantando con su toque sevillano el famoso”We will rock you”. Tremendo. El público del vagón está totalmente entregado y canta y aplaude la cancioncita. Tres calvos piensan al unísono en hacerse un implante capilar en un futuro cercano y protestan: ¡Todos los viajecitos a Madrid la misma monserga con el sevillano de los cojones, qué cruz! Por cierto, ¿Te imaginas que Juan se planteara por qué tiene esos pensamientos con los calvos? ¡Guau! la antesala de una obsesión. ¿Será capaz Juan algún día de pegar a calvos?
Fantasías, pensamientos, deseos, recuerdos, imágenes, emociones, no son más que eso, no tienen la mayor importancia. Los pensamientos son solo pensamientos, son solo simples sonidos. Da igual un escote sugerente, un cuchillo afilado o una inmensa calvicie, son solo pensamientos. Date permiso cuando aparezcan y no pelees contra ellos. Si te planteas que no deberías de pensar así, estarás provocando que vengan con más fuerza, con más ahínco, con más intensidad y te costará quitártelos de encima. Se instalarán en tu sesera y te convertirás en ellos.
Vale pero, ¿Y cuándo hacemos caso a lo que pensamos? Si pensamos será para algo ¿no crees?
Partiendo de la base que pensar está sobrevalorado, te dejo una reflexión: haz caso a los pensamientos que te animen a ponerte en marcha y que te hagan cambiar las cosas negativas reales (no imaginarias) de tu entorno. Déjate llevar por los que te activen para cambiar aquellas cosas que te impiden alcanzar tus sueños. Y evidentemente, haz caso a aquellos pensamientos que te conecten y orienten con tus valores. El resto de reflexiones que te atascan, restan y que no te invitan a avanzar, son puras pajas mentales, son pura morralla. Cambia lo que haces y no lo que piensas. En la mayoría de ocasiones es mejor no escuchar sus cantos. Nos lían, nos confunden y nos distraen de nuestros objetivos.
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Muy buen árticulo Nacho