Nombres raros: Lobo, Prudencio y Kiko Veneno
El pasado sábado 10 de septiembre salía una noticia en el diario El País sobre las peripecias, anécdotas y sinsabores que había padecido una chica con un nombre un tanto peculiar. La joven se llama Luz Cuesta Mogollón y sí, yo también esbocé una sonrisa cuando leí su nombre. Como el personal se caracteriza por utilizar el humor como fórmula para quitar hierro a las cosas que le molestan y hacer chascarrillos sobre los demás (algo más que un deporte nacional y que no solo se juega los domingos), un locutor cachondo le ha llegado a preguntar en plena entrevista a Luz Cuesta Mogollón si enviará su currículum para poder trabajar en un futuro a Iberdrola o Endesa. Sonrisas de fondo. Sí, esto es lo que hay y es que el nombre de la muchacha da juego.
¿En qué medida afecta el nombre que uno tenga en su futuro desarrollo personal? ¿Crees que condiciona en algo llamarse Paco o Prudencio? ¿En un niño pequeño no tanto porque no son tan consientes pero en un adolescente o preadolescente sí que puede afectar? ¿Un adolescente o joven que se llame Ambrosio o Eustaquio tendrá tan buena acogida por su grupo de iguales como si se llamara Juan o Manuel? ¿A los simpáticos Sinforosa y Ambrosio, ambos de 18 años, los sacarán a bailar o los invitarán a buscar Pokemon con las mismas probabilidades que a otros jóvenes con nombres más comunes?
Un grupo de WhatsApp que responde con rapidez
Chicos, hacedme un favor, quiero escribir un post sobre nombres en desuso (estaba pensando en mi padre) y dadme sugerencias de nombres raros de personas que conozcáis. Gracias. Por cierto ¿La semana que viene cenamos? Esa fue la petición que hice en un grupo de whatsApp y las divertidas respuestas llegaron en pocos minutos (a los cinco minutos tuve que decir basta). Honorato, Fulgencio, Lobo, Sinforosa, Prudencio, Jeremias, Telesforo, Zacarías, Chindasvinto, Luz divina, Agapito, Ciriaco, Eleuterio, Tiburcio, Eustaquio, Longinos, Judas, Segundo, Gervasio, Melquiades, Ambrosio. Y con los restantes nombres hacemos la escala musical: Dorotea, Restituta, Micaela, Faustina, Solemnia, Ladislao, Sinforosa y Domingo.
Dos estudios que inciden en el carácter negativo de tener un nombre en desuso.
Los maestros otorgan mejores calificaciones a las redacciones de los niños con nombres agradables. Harare y McDavid “Name estereotipes and teachers expectativas” Journal of educational Psychology. 1973. Si te llamas Indaleci ya puedes entender determinadas notas. Pero ¡ojo! Prudencio sacaba unas notas excelentes.
Y los estudiantes de secundaria con nombres indeseables sufren un alto grado de aislamiento social. Murphy “A note on the significance of names” Psychoanalytical Quarterly (1957). Pero Prudencio no tuvo problemas de aislamiento, solo hay que verlo.
Mi padre te lo cuenta a su manera
Otro estudio sobre nombres raros y psicopatología.
A finales de los sesenta Hartman, Nicolay y Hurley en su estudio “Unique personal names as a social adjustment factor” publicado en Journal of Social Psychology 1968, estudiaron si las personas con nombres inusuales estaban más perturbadas psicológicamente que sus padres con nombres normales. Estos investigadores examinaron 10.000 registros psiquiátricos e identificaron a 88 personas con nombres propios muy poco habituales. Los que tenían nombres raros aparecían con más frecuencia con diagnóstico de psicóticos que los del grupo control (otros 88 nombres que coincidían en sexo, edad y lugar de nacimiento). Y Prudencio está como una moto, pero más cuerdo que muchas de las personas que conozco.

La parte positiva de tener un nombre único y que muchos de nosotros no deseamos.
Tal y como nos cuenta Richard Wiseman en su excelente libro Rarología (por cierto muy difícil de conseguir pero si eres psicólogo o te gusta la psicología te recomiendo encarecidamente); el psicólogo Richard Zweigenhaft afirma que hay varios beneficios potenciales asociados con tener un nombre fuera de lo común. “The other side of unusual names” Journal of social Psychology (1997)
- Tener un nombre raro te hace sentir único, ¡hay tanta gente que se llama igual que puede molar ser diferente! Y es que tal y como señala este psicólogo, las personas que tienen un nombre común suelen quejarse de que hay demasiadas personas que se llaman igual que ellas.
- Los nombres inusuales son más fáciles de recordar
- Un nombre en desuso puede ser bueno para tu carrera profesional. Y hete aquí que a continuación, viene una explicación.
Así nos narra este estudio el bueno de Wiseman en su libro Rarología: “Para darle una mirada más empírica a los potenciales efectos positivos de los nombres inusuales, Zweigenhaft seleccionó al azar 2.000 personas de la publicación Social Register (conocida como la “mejor guía de los miembros de las clases altas de la nación”) e identificó nombres que estuvieran mencionados una sola vez. Este proceso generó una lista de 218 personas. Zweigenhaft creó luego una lista de control eligiendo al azar otros 218 individuos con nombres usuales, de entre los 2.000 iniciales. Después consultó el Who´s Who (conocido como un libro que lista “los hombres y mujeres más famosos por toda clase de logros útiles y honorables”), para descubrir si la gente con nombres usuales o inusuales tendía a destacarse. Del total de 436 posibilidades (2 x 218), treinta aparecían en el Who´s Who. Veintitrés de ellos eran del grupo de nombres inusuales de la publicación Social Register y sólo siete, del grupo de nombres más frecuentes. En pocas palabras, prueba de que bajo ciertas circunstancias un nombre desusado puede ser bueno para tu carrera.”
¿Mi opinión sobre los nombres poco usuales? Partiendo de la base que mi padre se llama Prudencio y que tengo una especial predilección por el que es diferente y que se maneja por la vida de una forma auténtica, y que lo que más valoro de las personas es lo que son y los comportamientos que tienen con la gente que les rodea, y que para dar más pistas, me da igual el color, el sexo, la orientación y el credo del personal (hago la excepción con los sectarios y los que no respetan los derechos humanos), en este tema de los nombres lo tengo más que claro. Nombres poco usuales no, gracias. A mi hijo no le gasté la pesada broma de llamarlo como su abuelo, Prudencio, y es que con total seguridad que dentro de un tiempo empezará a recriminarme determinadas cosas que haya hecho o que haya dejado de hacer (un clásico en la maduración de los chavales), solo faltaba haberle dado material de primera con el que alimentar su futura guerra contra mí. ¿Prudencio? Con el Yayo Pruden tengo suficiente. ¿Alguna duda? Sí, me encanta la canción Lobo López. Sublime.
- ¿Cómo se llama el bebito?
- Prudencio
- ¿Qué has fumado?
- Buenos días.
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