Me cuesta mucho tomar decisiones. ¿Me ayudas?
No sé si te dejas llevar por lo primero que te viene a la cabeza cuando tienes que tomar una decisión. O eres de los que se atascan y pide consejo a diestro y siniestro buscando la mejor decisión y dejando el marrón a los otros. O tal vez seas de los que se la juega al azar, en plan lo echamos a cara o cruz como tan bien cantaba Radio Futura. O igual te va el rollo de las listas interminables de pros y contras o de ventajas y desventajas a la hora de decidirte, que por cierto, no parece que sea muy útil. En este post vamos a ver las diferentes formas de tomar decisiones y un par de trucos que no fallan. Por cierto, una aclaración antes de continuar con el temita de marras. Recuerda que las reflexiones que nos llevan a la acción, los pensamientos que nos invitan a ponernos en marcha de acuerdo con nuestros valores y nuestros principios, son los que hay que tener en cuenta y hacer más caso; asumiendo que nos podemos equivocar. Los pensamientos que nos invitan a la inacción y a las pajas mentales, son los que tenemos que tomarnos menos en serio y no hacerles tanto caso, como mínimo, ponlos en duda.

Teoría del pensamiento inconsciente: pensar demasiado en un problema es, en cierto modo, tan malo como tomar una decisión al instante.
¿Con qué grupo te identificas?
- Los que se dejan llevar por la emoción
- Los que hacen caso al consciente
- Los que escuchan al metaconsciente
- Los amantes del azar
- Los que piden opinión a todo el mundo y trasladan el marrón a los demás
Los que se dejan llevar por la parte emocional
Tienes que tomar una decisión y hay una opción que te emociona, que sientes que es lo que realmente quieres hacer, y lo sabes. Tenemos un radar emocional que es la amígdala, que es una estructura capaz de asignar significado emocional a las hechos o situaciones que nos encontramos en nuestro ambiente. La amígdala los valora y evalúa y le lanza un mensaje al resto del cerebro del tipo: ¡Eh, ten cuidado con eso! o ¡Vaya, esto es la mar de interesante, vamos por ello! Por otro lado, tu corteza prefrontal (área de la reflexión, la planificación, de análisis de las consecuencias,…) es muy importante en la toma de decisiones, poniendo de manifiesto la íntima colaboración de los mecanismos límbicos emocionales con las funciones anticipatorias y planificadoras de esta corteza. Si siento que algo me mola, me lanzo, si siento que algo no me agrada, me distancio. ¡Ojo! de acuerdo a los valores de cada uno. Plantearte que siento que es mejor darle una hostia a alguien o siento que es mejor hacer algo reprobable, no me lanzo.

Los que hacen caso al consciente. Pienso, luego existo
Analizo los pros y los contras y cuando lo tengo claro, me decido. Pues muy bien, eso lo hacemos todos o casi todos, para eso tenemos sesera. Pero cuando hay que decidir entre opciones que solo se diferencian en 2 o 3 aspectos, a la mente consciente se le da muy bien estudiar la situación de una manera racional y equilibrada antes de decir qué hacer, por ejemplo, una fórmula matemática o un problema cotidiano. Sin embargo, cuando el tema es más complejo, el consciente no nos es muy útil porque tiene una capacidad limitada para contemplar un pequeño número de hechos y números a la vez. Tiene una tendencia a centrarse en los elementos más obvios y puede perder la visión global, algo así como que los árboles no le dejan ver el bosque. Por cierto, lo de la lista de ventajas y desventajas o la de pros y contra a la hora de tomar una decisión, no parece que sea un recurso muy útil, es más, no sirve para nada.
Escucho al metaconsciente
Si te encuentras con una situación que afecta a muchos aspectos, es el momento de dar paso al metaconsciente. El metaconsciente se encarga de combinar ideas, recorrer las redes de neuronas, analizar las asociaciones y decirle al consciente cuáles de ellas son las más valiosas. Es el responsable de que encontramos respuestas cuando menos la esperamos, algo así como aquel día que ibas paseando o estabas escuchando musica o jugando a la play y de repente te viene un ¡Eureka! o un ¡ya lo tengo! La respuesta a ese problema que tenías pendiente te ha aparecido por arte de magia. Recuerda que a la mente inconsciente se le dan mucho mejor las decisiones complejas que afectan a muchos aspectos de nuestras vidas. Con tiempo, estudia poco a poco todos los factores hasta ofrecernos la respuesta o la decisión más sensata. Pero ojo, no es perfecto.
Al azar, a cara o cruz o lo hacemos por la cara. Pienso, luego sufro
Eres de los que tiene tatuado que el pensar está sobrevalorado, pero te pasas tres pueblos, colega. Por probabilidad estás al 50% de un acierto, pero dejar tu vida al azar no es lo más recomendable. Ahora bien, seguro que te lo pasas bomba pensando que eres un tipo con suerte o sin ella, o que son cosas del destino o lo que tenga que ser será y olé. Viva la vida arriesgada y la irresponsabilidad.
Trasladar el marrón a otros. No me fío de mis razonamientos
Tienes tatuado en la sesera “que piensen otros”. A ti te agota pensar o tienes más miedo a la vida que Curro Romero a los toros que lo miraban mal. Pides opinión a los demás porque dudas de tus capacidades y crees que te vas a equivocar sí o sí porque piensas que eres medio tonto. Capacidades tienes tantas o más que yo. Tonto del todo no eres, o sí, pero esto no te incapacita para aceptar que las decisiones vitales, ya sean minúsculas o mayúsculas, tienen su margen de error. Recuerda que el juego de la vida consiste en ensayar y errar y en ocasiones, acertar. Ni más ni menos. Por cierto, tu Yo pensante te juega malas pasadas porque está como una cabra y anticipa lo peor (el mío también), pero es que los demás también tienen un Yo pensante; sea un psicólogo, un psiquiatra, un carnicero o un conductor de autobuses. Tú eres el que mejor sabe lo que necesitas acorde a tus valores y principios. Si dudas tanto, mejor empezar a pensar en qué eres, quién eres y qué lugar ocupas en este mundo, si no lo haces, seguirás utilizando los salvavidas externos para no ahogarte. ¡Pero, ojo, si sabes nadar perfectamente y la piscina no cubre tanto! Date permiso. Otra cosa diferente es que estés pasando por una dificultad vital que te impida tomar decisiones con unas mínimas garantías, ya que eso es harina de otro costal. Si tienes dudas razonables o estás pasando por un mal momento, plantéate ayuda profesional. Y por ayuda profesional, me refiero a psicólogos y psiquiatras, ni más, ni menos.

Dos fórmulas para tomar decisiones y no morir en el intento.
- Escribo en una hoja el problema sobre el que me tengo que decidir. A continuación,
- Me distraigo con otra cosa que me agote intelectualmente durante unos tres minutos (si eres tío puedes mirar una mosca). Ejemplos de distractores que puedes utilizar es hacer un Sudoku, un anagrama o un puzzle algo complicado.
- Vuelvo a la decisión y escribo lo primero que me venga respecto al problema. Tu metaconsciente ha hablado, prueba a escucharle.
Y si no te convence del todo el rollo de escribir, sea por vagancia o por incredulidad y tienes que decidir entre dos opciones, por ejemplo la opción X y la opción Y; coge una moneda y échalo a cara o a cruz.
- la cara sería decisión X
- la cruz la decisión Y
- Tírala al aire y cuando esté volando déjate guiar por la parte emocional y plantéate qué quieres que salga cuando caiga, qué te gustaría que saliera. O cara o cruz. Esa es la elección, tu elección. Ni más, ni menos. Y da igual lo que salga al final, eso es para los que creen en la suerte, y tú no eres de ellos ¿lo recuerdas?
Y si te equivocas al utilizar estas dos opciones, podrás echar la culpa a tu metaconsciente, a la amígdala que no te funciona bien, a los que hicieron las investigaciones y aún a malas, a este psicólogo. Que usted decida bien.

