Leo, luego existo
Puede que el tipo de la foto borrosa no tenga un duro, tenga una vida jodida y ni siquiera se preocupe por no llegar a fin de mes; con finalizar el día con algo caliente en el estómago sea para él llegar su máxima preocupación. Seguramente. Puede que su día a día sea difícil, que sea un experto en Mindfulness sin titulación (esto, aquí y ahora) y que viva el presente a tope por si el mañana no aparece puntual a su hora. Es probable. Puede que el tipo de la foto sea el principal responsable de su situación, o todo lo contrario, que solo sea simplemente una actor secundario y víctima de una sociedad egoísta e injusta y de un sistema que machaca a los más débiles. Y esto es lo que hay.

Puede que este tipo de la foto borrosa sea un especialista en malas artes, o que sea una excelente persona, no lo sé y no me importa mucho. No lo conozco, no es mi amigo, no sé lo que hace, ni lo que piensa. Puede que este tipo asista cada domingo a misa de doce, o para él, su Dios más conocido sea Maradona. No sé si votó en blanco en las últimas elecciones o si su voto fue declarado nulo, o si prefirió quedarse leyendo una novela negra en su parque favorito porque la política se la trae al pairo. Esta mañana me he encontrado a este tipo en un parque en el centro de mi ciudad tumbado en un desgastado colchón, arropado por una fina manta, con una bolsa con algo de pienso para gatos, o para perros, qué más da. Le acompañan un botellín de agua, restos de vida a su alrededor y un libro entre sus manos. Sí, un libro. Nada más y nada menos. El resto de la historia, la dejo para que utilices tu imaginación. Lo mejor, empieza ahora.

