Una mirada perdida y un oculista visionario, un vaivén emocional y un thriller inacabado, un traspiés terrenal y un valle deshabitado, un fado cerca del mar y un cantante desafinado.

Una red en altamar, un barco fondeado, un amor en el más allá y un espíritu  extraviado, una lágrima de cristal, un cascabel en un gato, una carta entre cien dados, una ruleta sin movimiento y un tahúr remangado. 

La banca gana, los jugadores se retiran a la barra del bar.

La banca gana, un cubito en el fondo del mar,

la banca gana. 

El bien no pudo con el mal, la banca gana, 

los muchachos se fueron sin pagar, la banca gana.

Un doble o nada, una apuesta a ojos cerrados, un rojo y negro de Stendhal y un tapete inmaculado. Un cubilete insonorizado, un cigarrillo cuarteado, unas cartas marcadas, rien va plus, un final que se ha iniciado.

En la mesa de apuestas, un jugador solitario. No hay fichas, no hay dinero, no hay esperanza, no hay razón. No hay color ni escaleras que bajar, no hay sumas ni partidas que ganar, no hay tríos como era de imaginar, hoy es tan solo un perdedor con una pareja esperando.

La banca gana, los jugadores se retiran a la barra del bar.

La banca gana, un cubito en el fondo del mar,

la banca gana. 

El bien no pudo con el mal, la banca gana, 

los muchachos se fueron sin pagar, la banca gana.

Un coctel fatal, una guinda en el pastel, un barman atormentado, 

un paseo inmortal, una despedida infernal,

un beso en un portal y un abrazo hasta mañana. 

Esa noche se hizo inmensa, mayúscula y con oscuridad, 

sin luz, tan solo una banda sonora, Coppini y Golpes bajos.

Una nota de despedida, unos barbitúricos sobre la mesa,

un adiós sin ciento doce, un silencio atronador, 

una vida y un perdedor, hoy ya no hay silencio se rueda.

La banca gana, los jugadores se retiran a la barra del bar.

La banca gana, un cubito en el fondo del mar,

la banca gana. 

El bien no pudo con el mal, la banca gana, 

los muchachos se fueron sin pagar, la banca gana.