Repite conmigo: me va a salir mal, me va a salir mal, me va salir mal, me va a salir mal. Pausa. Repite conmigo: no voy a ser capaz, no voy a ser capaz, no voy a ser capaz, no voy a ser capaz. Flagelaciones sin azotes, vituperar, castigarse, darse caña, maltratarse; elige la que más te guste. No mola ¿verdad? ¿Te resulta absurdo decírtelo así a pelo? ¿Cuántas veces te has dicho estos mensajes o similares y luego las cosas o los retos que te habías propuesto han salido razonablemente bien o mejor de lo que esperabas? ¿muchas? ¿casi todas? Es curioso, como nuestra experiencia nos dice una cosa y nuestros pensamientos se empeñan en cantarnos lo contrario. Mientras el Yo pensante ve un abismo casi insalvable, el Yo experiencial nos muestra una grieta o un pequeño agujero del que es (o fue) fácil salir. No te fíes tanto de los pensamientos (hoy dicen una cosa y mañana su contrario) y fíjate en tus experiencias, en tus aprendizajes, en tus aciertos y errores; tal vez, de esta forma seas un poco más amable contigo mismo. ¡Guau! Ser amable con uno mismo, nada más y nada menos. Amabilidad, compasión, autoempatía y condescendencia con uno mismo, nada más y nada menos. Tan fácil de entender y tan difícil de aplicar en el día a día, a veces cuesta una vida. Tomo nota.