Tal vez hayas escuchado que el nacimiento es un hecho traumático, que es una gran herida que puede acompañarte toda la vida. Tal vez hayas escuchado que desde el día que nacemos nos alejamos de nuestra esencia, que a partir de ese fatídico día, nos enajenamos de nuestro verdadero ser y que ese distanciamiento es el principio de muchos de nuestros problemas. Tal vez hayas escuchado que hay métodos que sanan tu niño interior y que sirven de bálsamo para curar las heridas y cicatrices que te impiden ser feliz, que te impiden reinventarte, que no te dejan crecer como persona y que son un mayúsculo muro para alcanzar la verdadera felicidad, tu felicidad. Tal vez hayas escuchado gilipolleces parecidas a éstas; si así fuera, pon pies en polvorosa porque te están vendiendo la moto, te están engañando. Una estafa en toda regla tramada por trileros emocionales. Estos mensajes tienen un tufo a qué bueno y sabio es el gurú que nos enseña estas cosas, un gurú con una fotografía que suele coincidir con la de un excelente comunicador; con una radiografía propia de un cantamañanas y con una película, propia de una serie del género de lo paranormal. Lo del niño interior y demás milongas, canta por soleares a sacarte la pasta en algunas de las sesiones, cursos o talleres que programan, y suena a timo de la estampita pero sin la imagen de vírgenes y santos, solo con estampas de fotos e ilusiones de la supuesta eterna felicidad. Si te encuentras ante dificultades o quieres apostar por tu crecimiento personal, que no te den gato por liebre, consulta a profesionales psicólogos colegiados.

Y si alguno de mis colegas (psicólogos colegiados) te cuenta un rollo de este tipo, lo siento. Puedes dirigirte al colegio profesional correspondiente, hacer valer tus derechos y presentar una carta de reclamación. Evidentemente, te invito a que cambies de profesional.

Hay quien pasa por la Universidad pero la Universidad no ha pasado por ellos.