Donald Trump y un ex-depresivo
Bien, pues en mi caso, la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses, ha supuesto una pequeña alegría, sí. Este personaje se ha convertido en una excelente herramienta terapéutica para trabajar en consulta psicológica con una persona deprimida.
Muchas de las personas que padecen depresión presentan varios de estos síntomas: Baja autoestima, inseguridad, autocriticismo, visión negativa de sí mismo y del futuro, pobre imagen, abandono personal junto con el clásico pensamiento o creencia “Todos son más buenos, más guapos y más listos que yo”. Ahora seguimos con los deprimidos, pero antes vayamos con Trump.
Racista, clasista, tramposo, repleto de caspa y con cante a rancio. Tres cuartos de psicopatía en su sesera y un campeón de narcisismo. No es que me caiga muy bien el sujeto, no. Un tipo repleto de testosterona que va a pasarse los próximos cuatro años rivalizando con Vladimir Putin para ver quien la tiene más larga. O que para cerrar el círculo de testosterona mundial, de imbecilidad y de narcisismo, a Donald le de por jugar a los soldaditos y monte una batallita con el inteligente norcoreano amante de Elvis, Kim Jong-un. Otro chiflado más. Menudo circo. Y en lugar del trío calavera podríamos decir unos cuantos nombres patrios (hay para cumplimentar un listín de teléfonos), pero los vamos a obviar porque el personal de aquí no suele perdonar que se cite a un político de su entorno geográfico que le caiga simpático o que sea de los suyos (aunque sea un ladrón o un mequetrefe). Con lo lejano nos podemos clavar pero con los de aquí, ni se te ocurra. Vemos la política como los hooligans viven el fútbol. Así somos en este país.

Ver a un tipo como Trump que ha llegado a presidir el mundo no es para estar muy contento, no; da para deprimirse, inflarte a antidepresivos, olvidar tus penas con alcohol adulterado y a que revoloteen alrededor de tus meninges ideas autolíticas. Menudo mundo tenemos y lo que nos viene. No te lo vas a creer, pero hay quien le ha sacado su punto positivo a la victoria de este psicópata. Juan, un depresivo, perdón, ex-depresivo, ha llegado a la siguiente conclusión post-electoral: “si un tipo como Donald Trump ha llegado donde ha llegado pese a todos los adjetivos expuestos en este texto (y unos cuantos más que nos hemos dejado para no herir sensibilidades), yo puedo salir del pozo, yo puedo mejorar, a mí me pueden querer, yo puedo querer. No tengo su dinero ni tampoco tengo su psicopatología. Yes, I can“.

