Mis cuatro vecinos del segundo piso andan la mar de mosqueados. Un nuevo inquilino se ha puesto a vivir desde hace una semana en el único apartamento que quedaba vacío en su rellano (la puerta diez), y ha conseguido que el personal ande revolucionado. Te pongo en antecedentes y te lo cuento de manera resumidita. 

Los de la puerta cinco son una pareja de sesenta años con un hijo en paro, recién separado con hipoteca pendiente y con una mochila de dos hijos a los que seguir manteniendo. El único que trabaja fuera de casa y que cobra en A es el pater familia y en un trabajo no muy bien remunerado. Hace un par de años fue despedido de la empresa de toda la vida y se fue a la calle con una mano delante y otra detrás con un ERE dios mediante. Ella, que se encarga de la infraestructura casera, hace horas extras en B limpiando casas en la zona alta de la ciudad y reza todos los domingos y con especial énfasis los domingos finales de cada mes rogando una ayudita al altísimo para poder pagar los gastos fijos de cada mes. El año pasado no pudieron enchufar la calefacción durante varias semanas. Los dos van de sol a sol y tiro porque me toca. 

En la puerta seis vive una cincuentañera que trabaja en un puesto del mercado del centro de la ciudad, su hija de veintitantos que acaba de terminar los estudios universitarios y que está trabajando en McDonalds mientras le sale una oportunidad laboral y la abuela Amparo, una mujer de ochenta años con una demencia de órdago que es un ex de sí misma. Como estamos en un país en el que las residencias de mayores funcionan muy bien, no tienen lista de espera y son asequibles para todos los bolsillos, especialmente para los de esta familia, llevan a la abuela a un centro de día del barrio desde primera hora de la mañana hasta el mediodía. La tarde, la noche y los fines de semana se turnan entre las dos para que la abuela esté bien cuidada y que no le falte de nada. Hasta dentro de un año y medio no tienen plaza en la residencia pública, o lo que es lo mismo, que tendrán que esperar que palmen unos cuantos abuelos para que su madre reciba el cuidado que se merece y ellas, evidentemente, también. Las dos funcionan de sol a sol, y tiro porque me toca.

En la puerta siete vive un tipo de unos treinta años que está hasta los cojones de su jefe, de un par de compañeros de la oficina y de lo puta que es a veces la vida. Cobra poco, su jefe le recuerda de vez en cuando (es decir, día sí, día también), que si no le gusta lo que ve, hay mil como él para ese puesto. Como todo el mundo sabe, detrás de un jefe neanderthal hay toneladas de mediocridad y de mala leche y delante de él, muchos silencios y miedo a perder el trabajo; o lo que es lo mismo, caldo de cultivo perfecto para que aparezca algún compañero tiñoso o más, dispuestos a vender su alma por un plato de lentejas y de paso, joder a alguien, en este caso a mi vecino. Este sufre acoso laboral desde hace un año y medio, tiene síntomas depresivos y ansiosos, ha pensado en quitarse la vida y lo peor de todo, es que está indefenso. Y de sol a sol, y tiro porque me toca.

La de la puerta nueve es una mujer separada que no tiene quien le escriba y que sufrió violencia de género por parte de su ex durante dos años y medio. Jodida, desconfiada, con la autoestima subterránea, insegura, ansiosa, deprimida, inquieta y harta de todo. Un tipo con ADN cromañon, fenotipo chandalero, adicto al juego, al alcohol, a la coca y a los mandobles y con una orden de alejamiento que desde hace dos meses y un día la tiene atemorizada. Vigilancia policial, visitas de amigos y familiares, desesperanza e intranquilidad de sol a sol y tiro porque me toca.

El de la puerta diez es el nuevo inquilino. Se llama Rafael, y como es un tipo que practica el amor incondicional hacia los demás, nada más instalarse en su nuevo piso ha ido puerta por puerta a presentar sus respetos y sus extensos conocimientos. Y hasta aquí todo bien, a nadie nos gusta pensar que el nuevo vecino con el que compartes pared con pared pueda ser un psicopatilla peligroso. 

Puerta 5

  • Hola buenos días, soy Rafael, el nuevo vecino de la puerta diez.
  • Hola ¿Qué desea?
  • Pues mire, vengo a contarle que la depresión se la provoca usted misma con su dialogo interno y que lo realmente importante es el control de nuestros pensamientos. ¿Usted sabe que las personas que se deprimen lo hacen porque quieren y además se tienen que esforzar mucho? ¿sabe usted que yo tengo un método para que usted sea feliz y si no lo consigue será culpa suya? ¿Sabe usted que…?
  • Hostias qué brasas de tio. ¿Ha oído usted hablar de la importancia del entorno? Hasta luego Lucas.

Puerta 6

  • Hola buenos días, soy Rafael, el nuevo vecino de la puerta diez.
  • ¡Fenomenal! Pase, pase, por favor, póngase cómodo, pero tendrá que esperar a que le atienda que la abuela se acaba de cagar encima y tengo que cambiarle los pañales ¿Quiere algo de comer? 
  • No, si yo quería presentarme y decirle que la depresión se la provocan las personas con su dialogo interno y que lo realmente importante es el control de nuestros pensamientos. ¿Usted sabe que las personas que se deprimen lo hacen porque quieren y además se tienen que esforzar mucho? ¿Sabe usted que yo tengo un método para que usted sea feliz (lo puede encontrar en mis libros) y si no lo consigue será culpa suya? ¿Sabe usted que…?
  • Hostias, aquí huele a rancio y no ha sido mi madre. Arreando que es gerundio. Por cierto, ¿sabe usted algo de la vida Rafael? Largo

Puerta 7

  • Hola buenos días, soy Rafael
  • ¡coño! si es Rafael San Andreu. 
  • No, no, mi apellido es Santandreu, todo junto.
  • ¿Y que hace aquí en mi casa?
  • Pues nada, que soy el nuevo vecino de la puerta diez y quería presentarme. De paso decirle que si usted tiene depresión y/o ansiedad es culpa suya, que la depresión se la provoca con sus diálogos internos y que los pensamientos los podemos controlar. Que hay que practicar le pensamiento racional y yo le enseño cómo. ¿Usted sabe que las personas que se deprimen se tienen que esforzar mucho para deprimirse? ¿Sabe usted que yo tengo un método que..?
  • Joder, y yo que pensaba que los tiña´s solo estaban en mi oficina. ¿Ha oído usted lo que es aguantar a un jefe cabrón, a dos tiñosos que me hacen la vida imposible cada día y no poderme ir porque no tengo otro trabajo y tengo deudas? ¿Sabe usted lo que es intentar denunciar mi situación laboral y que se la pasen por el forro diciéndome que esto es lo que hay? ¿Qué fuma usted? Largo.

Puerta 8

  • Hola buenos días, soy Rafael. ¡Holaaaaa! Hola buenos díaaaaaaas. Soy Rafael, Rafa, para los amigos. ¿Hola? ¿Hay alguien?

Mi vecina optó por el silencio. No contestó, no abrió la puerta, no dijo nada. Esperó que ese nuevo vecino generador de rayos de amor, echador de cartas de culpa y vendedor de brebajes psicológicos de todo a cien se largara por donde había venido. Y sí, en ocasiones, mejor mantener la puerta cerrada a los falsarios y no creerse determinados cantos de sirena.

Ni existe el control total de la mente, ni se puede obviar el sufrimiento. Aceptemos que no tenemos superpoderes para afrontar los envites que nos propone la vida, que es normal caer, que en lugar de culpa mejor optar por la responsabilidad, o si me apuras y para ser más justo, por la corresponsabilidad (no todo depende de nosotros). Y por último, no olvidemos que nuestro contexto influye irremediablemente en nuestro día a día y que en la medida de lo posible, tenemos la obligación de luchar por cambiar aquellas cosas que dependan de nosotros y conseguir un lugar más habitable, más amable y más justo para nosotros y para la gente que nos rodea. Generosidad, gratitud, empatía, ayudar a los demás, bondad, bellas palabras que quedan olvidadas en determinados discursos neoliberales y egoístas.

Caer en una depresión es humano, de hecho yo caí en una hace unos años, pero culpar a los que caen y a los que sufren de manera tan gratuita y alegre, es inhumano. De hecho, eso tiene un nombre, pero prefiero optar por el silencio y no decir una palabra gruesa que bien se merecería el malo de Rafa.

Pd. Este post es una contestación a una entrevista a Rafael Santandreu.