Burnout. 8 claves para dejar de estar quemado
Trabajar es una putada. Te puede gustar mucho tu trabajo, puedes tener la suerte o la gracia de dedicarte profesionalmente a lo que has estudiado y estar más feliz que una perdiz o puede que pertenezcas a esa mayoría silenciosa a la que el trabajo aporta estabilidad económica, algún flirteo en la cena de navidad, aguantar a un jefe, a un compañero tiña´s y unas cuantas cosas más (algunas de ellas muy buenas).
¿Entre irte de cañas con los amigos y quedarte en el trabajo, qué prefieres? ¿Entre sufrir un atardecer en una playita paradisíaca o aguantar al jefe en la oficina, con qué te quedas? ¿Si pudieras vivir de coña, con todas tus necesidades y las de tu alrededor cubiertas, todas, sin tener que currar, qué harías? Pues eso, que te gusta pencar tanto como a mí. Que sí, que es un medio necesario para conseguir un fin o muchos fines, lo sé, pero malo es cuando el medio se convierte en un fin en sí mismo o se convierte en el fin. Y de esto ultimo va este post, de cuando el trabajo chamusca al personal y aparece el síndrome del trabajador quemado o Burnout.
Te animo a que contestes las siguientes preguntas, pero antes, recordarte dos cosas. Los cuestionarios son totalmente orientativos y te recuerdo que la persona no es la única responsable de padecer burnout o de ser un trabajador quemado, porque sería muy injusto y porque la responsable principal de lo que acontece en el trabajo es la empresa y sus directivos, faltaría más.
¿Te has dicho alguna vez: “Ya no puedo dar más de sí”? SÍ NO
¿Tu trabajo ya no te motiva? SÍ NO
¿Acudes a él con desgana? SÍ NO
¿Te sientes emocionalmente cansado? SÍ NO
¿Últimamente has notado cambios en tu forma de relacionarte con los demás? SÍ NO
¿Tienes que esforzarte más de lo habitual para desempeñar tus tareas profesionales? SÍ NO
El mal rollo que puedes sentir o estás sintiendo en el trabajo ¿afecta a otras áreas de tu vida? SÍ NO
Si hay una mayoría de síes en tus respuestas, lo siento, fácil es que estés pasando por lo que se conoce como “síndrome del trabajador quemado” o burnout.
Vamos a bucear en algunos de los rasgos de la personalidad que hacen proclive al personal a padecer este síndrome.
¿Eres de los que se implican en tu puesto de trabajo? SÍ NO
¿Eres idealista y tienes vocación de ayudar a los demás? SÍ NO
¿Eres sensible a las necesidades del personal que te rodea y a sus sentimientos? SÍ NO
¿Te muestras (mostraste) entusiasta al inicio del trabajo? SÍ NO
¿Te consideras una persona con autoexigente? SÍ NO
¿Y perfeccionista? SÍ NO
¿Te cuesta afrontar las situaciones estresantes? SÍ NO
¿Crees que los malos rollos te afectan más que a los demás? SÍ NO
¿Dedicas un tiempo más que considerable al trabajo? SÍ NO
¿El trabajo es el motor de tu vida? SÍ NO
¿Te afecta mucho que tu trabajo sea poco motivador y monótono y te gustaría obtener cambios de vez en cuando? SÍ NO
¿Tu profesión está relacionada con la ayuda a otras personas tipo médicos, psicólogos, personal de enfermería, orientadores, asistentes sociales, profesores, abogados, miembros de organizaciones asistenciales o ONG ́s y similares? SÍ NO
Si hay una mayoría de síes en tus respuestas, tenemos caldo de cultivo para que aparezca el síndrome de Burnout.

Síntomas del trabajador quemado. Lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.
¿Qué le pasa a tu coco? Déficit de autoestima; falta de atención y concentración; ansiedad y cambios drásticos de humor; sentimientos de fracaso, vacío y desamparo; falta de ilusión y actitud pesimista hacia el curro.
¿Qué le pasa a tu cuerpo? Insomnio; taquicardia; cansancio y fatiga, dolor de cabeza; aumento de la presión arterial; sensación de no descansar ni los fines de semana ni en vacaciones.
¿Cómo te comportas? Mala calidad en el trabajo diario, despistes, negligencias; ausencias injustificadas o bajas (tú, que nunca habías faltado); dificultad en las relaciones con los compañeros o con las personas que atiendes; aumento del consumo de café y tabaco.
8 claves para dejar de estar carbonizado
- Expresa. Comenta cómo te sientes a personas sanas y cercanas. Recuerda que los amigos son el mejor antidepresivo que hay en el mercado, junto con el deporte y la vida afectiva. Un buen confidente nos ayuda a desatascarnos, aportando soluciones que no se nos habían ocurrido antes.
- Desculpabiliza. No te culpes por lo que te pasa. No eres Superman ni un extraterrestre. Hay muchas personas como tú pasando por un proceso similar.
- Distancia. Reflexiona hasta qué punto es importante el trabajo. Si es crucial en tu vida, no tardará mucho en afectar a otros ámbitos. Relativiza su importancia y rebaja las expectativas respecto a lo que te aporta.
- Actúa. Practica aficiones que te den placer y no tengan nada que ver con tu profesión. Hoy puede ser un buen día para descubrir qué llevas dentro: Intenta disfrutar y romper con la rutina que seguramente se ha convertido en negativa: nada, salta, ríe, sal, cocina, expresa, haz algo… lo que sea, pero haz.
- Comenta. Habla con los compañeros del trabajo para comparar sensaciones. ¿Están pasando o han pasado por lo mismo? Si fuera así (algo bastante probable, por cierto), te ayudará a paliar tu desdicha. Sentir que otros comparten tus inquietudes y ayuda a relajarse.
- Traslada. Sal de tus problemas. Traslada a tus jefes (si es posible), que tienes sobrecarga en el trabajo. Tal vez no se han dado cuenta de lo que te pasa y puedan ayudarte. Traslada al médico de la empresa, si existe esa figura, lo que te sucede y háblale de este síndrome.
- Cambia. Imagina que estás sentado en una sala de cine. Se apagan las luces y empieza la proyección de la interesante película Dos días de tu vida. Aparece alguien que habla y se mueve como tú, pero no eres tú. Observa qué hace ese personaje desde que se levanta hasta que se duerme. Cómo sale de casa, cómo se relaciona con la gente que quiere, qué le pasa en el trabajo, cómo se siente, cómo sufre. Observa su cansancio y su mal humor, su tristeza, su sensación de inutilidad, sus sueños incumplidos, su culpa. Llega la noche y lo ves dar vueltas en la cama, con insomnio y pesadillas. Por suerte, puedes apretar el botón de pausa, darte un respiro y cambiar lo que viene a continuación, aún estás a tiempo. ¿Qué te gustaría que sucediera al día siguiente? ¿Qué quieres cambiar? ¿Cómo te gustaría sentirte? ¿Dónde te gustaría estar? Ponte en marcha y cambia lo que haces.
- Ayuda. No descartes la ayuda profesional. Un psicólogo te ayuda a detectar los problemas y hace un especial hincapié en buscar soluciones. Recuerda que la terapia no es simplemente hablar sobre lo mal que te sientes; un buen profesional te anima a dar los pasos necesarios para recuperarte y tomar decisiones. Y para conseguirlo, no hacen falta muchas visitas ni toda la vida con terapia.
El pasado mes de junio en Madrid, acudí como ponente al Congreso que organizaba Agora Bienestar, sobre Trabajo y Bienestar. Te dejo el enlace en el que te cuento mi experiencia en el congreso y la crítica de los organizadores: “Un neandertal en el trabajo y unos compañeros tiñosos” No obstante, si te apetece profundizar en el tema te dejo la ponencia más o menos literal en el siguiente enlace: “Tiñosos en el trabajo y un jefe neandertal”

