En algún momento de tu vida es fácil que haya recorrido por tu cuerpo una variedad de síntomas difusos que te han podido generar desasosiego y cierta preocupación por no saber muy bien qué es lo que te está pasando y porqué. ¿Qué diantres me está pasando? Tal vez, te hayan causado una alarma exagerada, de hecho muchas personas acaban en urgencias por ataques de ansiedad al pensar que pueden tener un ataque al corazón o que pueden volverse locos, y vuelven a casa con un ansiolítico debajo de la lengua y con un diagnóstico de ataque de pánico compatible con un trastorno de ansiedad generalizada. O lo que es peor, se van a su dulce hogar con una calma chicha y con el siguiente diagnóstico: “Es cosa de nervios”, hasta la próxima y con la pregunta no resuelta ¿qué es eso de los nervios?

Hablando de sustos reales y dejando de lado los imaginarios, te propongo un reto solo para osados. Coge un tablero de Ouija y la película El exorcista.

Exorcist.Exorcista.The_.1973

Imagínate que estás en casa solo, es de noche, todas las luces están apagadas a excepción de la tenue luz que emite la pantalla de tu televisión. Como no molestas a ningún vecino, decides aumentar el volumen de tu equipo de sonido envolvente, colocas sobre la mesa del comedor el tablero de la Ouija con el vasito de marras en el centro, te cargas de valentía y te dispones a ver la fantástica película de terror El exorcista. “Yo te expulso espíritu maligno en el nombre de Jesucristo”. Estás ante una de esas escenas en la que es fácil que te llevas las manos a los ojos para evitar ver un momento fatídico y empiezas a percibir en tu realidad sonidos, movimientos y sombras que tal vez no sean verídicos. Tu amígdala va a cien por hora, la susceptibilidad se dispara, te pones en guardia, y tu mente funciona en modo hipervigilancia. ¿Cómo va tu corazón? ¿rapidito? Y tu respiración ¿está entrecortada? ¿Tienes escalofríos tal vez? ¿O cierta tensión muscular? ¿Acaloramiento? ¿Se tensan tus músculos? ¿Tu rostro palidece fruto del miedo?

Seguramente tu cuerpo ha reaccionado con estas respuestas fisiológicas o algunas similares al exponerse ante una situación de peligro real. Sí, sabemos que es una película, que lo que sucede ahí en la pantalla es mentira, pero has buceado en ella, la has convertido en real, has conseguido engañar a tu mente y “has disfrutado” del momento.
Si a continuación intentas ir a la cama (es fácil que te cueste dormir ¿a quién se le ocurre hacer este jueguecito?), seguramente que tu atención no esté centrada en tus síntomas. No. Tu mente estará más pendiente de lo que ocurra a tu alrededor, escudriñando cada centímetro de tu habitación, escuchando sonidos que jamás habías percibido y estarás dejando volar tu imaginación sobre peligros imaginarios que provienen del más allá (¿el vaso está en la misma posición que lo habías dejado en el tablero? Yo creo que no).

Los mismos síntomas con diferente interpretación. Y nadie muere de miedo.

amygdaloids

Varias zonas de tu cerebro están implicadas con el miedo: el sistema límbico, por la memoria a la que asociamos esta emoción; la amígdala, el radar de los peligros; y el hipocampo, asociado a la memoria de las experiencias previas. (¿Sabías que hay una banda de rock The Amygdaloids integrada por neurocientíficos que cantan canciones sobre estos temas y suenan de maravilla?).

Tu mente sabe perfectamente que los síntomas físicos que han aparecido no son más que una respuesta lógica y adaptativa ante una situación de peligro, y por tanto, no le das mayor importancia. No te sientes mal por sentirte mal.
¿Y qué sucede cuando tenemos los mismos síntomas que cuando vemos la peli de terror, y no hay una amenaza real, solo es un peligro difuso o imaginario? Pues hete aquí (qué diantres quiere decir hete), nuestra amiga la ansiedad y el miedo al miedo.

Veamos los siguientes síntomas, que son los propios de un ataque de ansiedad o ataque de pánico. Si en alguna ocasión aparecen en tu cuerpo, recuerda que no hace falta que vayas pitando a un hospital de urgencias para que te coloquen un valium sublingual, tal vez sea suficiente con que los reconozcas, te acuerdes de la bonita noche que pasaste viendo El exorcista y les restes importancia.

  • Estremecimiento o temblor
  • Dificultades para respirar (disnea) o sensación de ahogo.
  • Sensación de hormigueo (parestesia) normalmente en los dedos de las manos y de los pies, o en los labios.
  • Palpitaciones o latidos acelerados del corazón (taquicardia).
  • Vértigo, sensación de inestabilidad o debilidad.
  • Acaloramiento (accesos de calor) o escalofríos.
  • Dolor o molestia en el pecho.
  • Miedo a llegar a estar seriamente enfermo o a morir.
  • Sofocos.
  • Miedo a enloquecer o a hacer algo incontrolado o perder el control.
  • Náuseas o trastorno abdominal.
  • Sensación de irrealidad (despersonalización o pérdida de la noción de la realidad).

Me siento mal por sentirme mal. Algo malo me pasa.

Las personas que tienen un ataque de ansiedad, centran la atención en lo que están sintiendo en ese momento. Escanean continuamente su cuerpo y agravan sus síntomas, dado que están instruyendo al cerebro para que esté pendiente de las señales de alerta: “rastrea amígdala, rastrea”.

Propuesta: Intenta que tu mente centre la atención en las cosas que ocurren a tu alrededor: el tic tac de un reloj, si estás de paseo juega a contar cuantas personas calvas te encuentras por la calle, o embarazadas, o el número de personas que llevan una camiseta de color azul. Si estás en algún local y notas algún síntoma que te resulte desagradable, conversa de manera plena con algún amigo, habla de cualquier cosa a excepción de lo que estás sintiendo. Un buen recurso para cuando detectes uno de los primeros síntomas, es darte alguna autoinstrucción positiva del tipo “tranquilo, esto es normal y va a pasar”, “simplemente es un poco de ansiedad, lo acepto, me distraigo y me calmo, vamos”, “he tenido sensaciones como ésta antes y he podido calmarme”. ¿Recuerdas al exorcista? Intenta sonreír, la sonrisa es una desactivadora natural de la ansiedad.
peret (2)Propuesta: Si estás en una biblioteca, en un pub, o en una sala de reuniones, y tu escáner detecta síntomas ansiosos, date permiso para sentirte así. Hazle un guiño a Peret y recuerda aquello que de que no estás muerto, que estás de parranda. Plantéate ir al lavabo, refréscate la cara, anímate, puedes salir a la calle y que te dé un poco el aire, pero pon en marcha al mismo tiempo mensajes de ánimo y date instrucciones positivas (es importante que tu estilo de pensamiento deje de ser tan dramático), y vuelve otra vez donde estabas. No sucumbas, no te retires a casa; si te vas, tu mente asociará esa derrota con algo peligroso y le costará volver a afrontar una situación similar. Recuerda que la ansiedad no es peligrosa, solo es incómoda, no la evites, se trata de aprender a gestionarla y tú puedes hacerlo. Nadie muere de miedo, se muere de otras cosas, pero nunca a causa del terror y menos de ansiedad. No permitas que te bloquee.

Convierte el título del disco de Siniestro Total “Ante todo mucha calma”, en la máxima de tu vida. Y no te olvides de sonreír y bailar, que esto va demasiado rápido, y los verdaderos problemas vienen solos, sin buscarlos.

PD. Nos hemos centrado mayoritariamente en los síntomas de la ansiedad, y en alguna estrategia para afrontarla. Es interesante conocer los componentes de nuestra personalidad y de nuestro estilo de pensamiento, para poder ir a la raíz del problema y poder cambiar aquellas cosas de nosotros que nos hacen más vulnerables. Recuerda que hay personas que son más proclives a tener más ansiedad que otras, y esto se debe en gran medida a sus características de personalidad. ¿Y cuáles son esos rasgos? ¿Los puedo cambiar? ¿Y cómo se forma la personalidad? En el siguiente post: “Eres vulnerable a la ansiedad”, tratamos de dar respuesta a estas preguntas.

Que tengas un buen día.

Siniestro_Total-_Cuando_Se_Come_Aqui_-Frontal

Si quieres más información, puedes visitar nuestra página de Facebook Psicología Salud y Deporte o si prefieres seguirnos en Twitter @nachocoller. Si quieres contar con mis servicios profesionales puedes hacerlo vía online o de manera presencial puedes hacerlo vía correo psicologo@nachocoller.com