Confiando que es gerundio. Este señor de la fotografía con el pelo desaliñado, grandes patillas y cara de andar un tanto despistado (puede ser una mezcla patria de Andoni Goicoechea y Camilo Sesto) fue tres veces campeón del mundo de fórmula 1 a principio de los setenta, se llama Jackie Stewart. Hace unos cuantos años en una entrevista grabada en su casa, los telespectadores observaron que sólo tenía un trofeo en su casa, de los muchos que había ganado. El campeón escocés explicó que ese trofeo lo ganó en una carrera que realizó al principio de su carrera automovilística y de la que había aprendido una lección inolvidable, esas lecciones vitales con las que se forjan los héroes. Faltando seis vueltas para finalizar la carrera se encontraba en la séptima posición, por lo que la victoria o el podio se le antojaba imposible. Decidió seguir su carrera a una velocidad moderada, centrándose en si mismo, compitiendo. Al final de la carrera los seis coches que le precedían tuvieron que abandonar por problemas técnicos o por errores. Y ganó

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Este tricampeón escocés había aprendido que manteniéndose dentro de la carrera y compitiendo y luchando hasta el final con intensidad, olvidándose del resto de competidores, confiando, era posible tener suerte, era posible ganar. Y no lo olvidó.

Te dejo el vídeo de Martini que puede ayudarte a reflexionar sobre la suerte. La suerte es una actitud.

Cuando uno afronta la competición o los pequeños problemas vitales sin presión, cree en sus capacidades, lucha, le pone intensidad, es constante y perseverante, confía en sus compañeros si la situación lo precisa, saca lo mejor de si mismo y apuesta por el trabajo en equipo, al final es seguro que los éxitos llegan, al final es posible ganar. En solitario o en compañía: Confianza. Lo que le suceda al resto no es importante hoy, ni mañana tampoco.

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