Valores, placeres, ACT y Norman Bates
Tomarse una pausa y preguntarse sobre el tipo de vida que uno lleva, reflexionar acerca de los sueños cumplidos e incumplidos y darse una respuesta honesta, no es un ejercicio habitual entre muchas de las personas que conozco. Bucear en tu sesera a la caza de algunas de estas respuestas puede ayudarte a no descender al pozo de las depresiones cuando las cosas pinten feas; y si alguna vez caes, pueden servirte para salir de ahí más rápido y más fuerte de lo que entraste. Conocerse, aceptarse y plantearse pequeños cambios, hete aquí la cuestión.
Pilla un lápiz y papel y si te parece, contesta a las preguntas de los dos ejercicios que te propongo.
Imagínate que estás en el final de tu vida, tienes alrededor de 90 tacos, te miras en el espejo y ves reflejado a alguien viejo pero vigoroso, pausado pero con ganas de seguir haciendo cosas y con la memoria de un chaval de 25 años libre de consumo de drogas. Te pones en modo recuerdo, echas un vistazo atrás a tu vida y te paras justo en la edad que tienes ahora. Perfecto. Es el momento de dejar de imaginar y toca escribir el final de estas frases con lo primero que te viene a la mente. ¡Sé sincero y no hagas trampa!
- Le dediqué demasiado tiempo a darle vueltas al coco por…
- Pasé muy poco tiempo haciendo cosas como…
- Si pudiera retroceder en el tiempo haría…
Gracias. Luego vemos las respuestas.

Si este ejercicio te ha causado desazón o crees que es demasiado profundo para tus neuronas, te propongo este otro. De nuevo pilla lápiz y papel.
Imagínate que mañana la palmas (lo siento, te llevaré unas flores) y tienes que escribir dos cartas sobre tu vida. Tu mejor amigo y otra persona muy querida por ti (tu pareja, un familiar, tu suegra o un compañero de trabajo) las leerán en tu funeral. ¿Qué escribirías? ¿Qué te gustaría que dijeran de ti? ¿Cómo te gustaría que te recordaran? Sé generoso y compasivo contigo mismo ¡vamos! Piensa que cuando alguien fallece, nadie habla mal de él en su funeral, o por lo menos, los que se sientan en las primeras filas. No seas la excepción.
Gracias. Luego vemos las respuestas. Valores.
Disfrutar de todos los placeres es insensato; evitarlos, insensible. Plutarco
¿Qué pasa en tu azotea repleta de materia gris cuando obtiene placer? Bueno, lo primero recordarte que tu sistema cerebral, fruto de la evolución, ha sido diseñado para que encuentres satisfacción en funciones básicas, como son el sexo, la bebida y la comida. Ya sabes: sobrevivir y multiplicarnos como especie. ¿Te imaginas reproducirse sin sentir placer? Las subáreas cerebrales asociadas al placer son: el pálido ventral, una región concreta del núcleo accumbens, la corteza orbitofrontal, la ínsula, la corteza cinglada y un neurotransmisor, la dopamina. Cuando nos hallamos en un estado de ánimo positivo y optimista, se activa el área prefrontal izquierda del cerebro. Esa región alberga el sistema de circuitos que nos recuerda lo bien que nos sentiremos cuando por fin alcancemos una meta largamente anhelada. A más tiempo pases sonriendo tras un suceso divertido o después de haber recibido un simpático chiste por wass, más desarrollado tienes esos músculos cerebrales. Esa zona de circuitos neuronales, ricos en dopamina, movilizan los sentimientos positivos para esforzarnos en la consecución de nuestros objetivos y deseos. Recuerda que como ya indicamos en el anterior post sobre Motivación y que puedes leer en el blog, la dopamina aumenta la motivación y da alas a la perseverancia.

Vendedores de humo que son peligrosos para tu salud mental. Y para la mía.
Entonces ¿la suma de momentos placenteros es garantía de felicidad plena? No. El placer en sí mismo nos aporta innumerables momentos de satisfacción, de eso no hay ninguna duda; pero si a las conductas que buscan placer les añades un propósito, como por ejemplo dirigirlas hacia las cosas más importantes de tu vida (tus valores); hete aquí una brillante ecuación que puede contribuir a gozar de un nivel de satisfacción vital más que razonable. Me vas a permitir una licencia: la felicidad total y absoluta no existe ni se puede lograr ¡que no te cuenten milongas! Y sí, digan lo que digan muchos amantes de la seudopsicología (incluyo aquí a muchos coach sin formación reglada en salud mental y que tienen el valor de venderse como expertos en emociones y que dan vergüenza ajena) y a algún colega de profesión mediático, que más bien parece Norman Bates metido a telepredicador y que no deja de ser un excelente vendedor de crecepelos psicológicos, brebajes y ungüentos al más puro estilo Far West. Y lo peor de todo, es que si sigues sus pautas te promete la felicidad eterna, y si no funciona, la culpa es tuya por no saber aplicar como toca sus inquietantes consejos. Un fenómeno que vende gafas con superpoderes con las que alcanzar la perfección vital y no amargarse nunca la vida. Es genial.
Valores.
El médico y psicoterapeuta Russ Harris, autor del más que recomendable libro “La trampa de la felicidad, deja de sufrir, comienza a vivir” define los valores como los deseos más profundos de tu corazón: cómo quieres ser, qué merece la pena para ti, cómo quieres relacionarte con el mundo. Incide Harris en que los valores son unos principios fundamentales que nos guían y motivan en nuestro viaje vital. ¿Qué es importante para ti? ¿En qué quieres qué consista tu vida? ¿Qué tipo de persona quieres ser? ¿Qué tipo de relaciones quieres construir?
Tal y como explica también Kelly Wilson, autor del libro “Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)”, los valores son direcciones a las que nos dirigimos. Wilson establece una diferencia entre los valores y los objetivos. Un valor es algo así como dirigirse hacia el norte; un objetivo es como ese río particular que tenemos que vadear mientras seguimos la dirección al norte. Los objetivos pueden conseguirse, pero los valores son un proceso constante. Los valores son nuestros más intensos y profundos deseos en nuestra relación con el mundo y con las personas que nos rodean. Son principios que nos guían y motivan en el camino de nuestra vida. Y aquí plantea Wilson unas interesantes preguntas al estilo de los dos ejercicios que te he propuesto al principio y similares a las que formula Russ Harris: ¿Qué clase de cualidades quieres cultivar como persona? ¿Cómo quieres ser en tus relaciones con los demás?
Veamos las respuestas a los ejercicios:
¿Se acerca lo que has escrito a lo que estás viviendo en el día de hoy? ¿Es muy diferente lo que pones a lo que vives? ¿Te gusta lo que ves? ¿Le das demasiadas vueltas a cosas que carecen de importancia? ¿Descuidas áreas de tu vida que son importantes? ¿No tienes ya suficientes respuestas para promover cambios en tu vida? ¿Qué más necesitas? Si las cartas que has escrito de tu funeral distan mucho de lo que deseas vivir, tanto en la forma como en el fondo, tal vez ha llegado el momento de parar, y de ponerte manos a la obra y darle un nuevo rumbo a tu vida. Hoy puede ser un buen día para cambiar determinadas cosas. Sé pionero. El tiempo pasa y la vida no espera, esto va a toda pastilla. Recuerda que es importante para tu salud mental ser auténtico y congruente con tus valores, y que todo lo que hagas que te aleje de su ellos generará síntomas de ansiedad y depresión, o mejor dicho, estarás más que disconforme con tu estilo de vida. Valores. ¿Cuáles son los tuyos?
Pájaro que vuela, a la cazuela. El placer de vivir.
Que no te lo cuenten. Cada día dispones de un cuenta Premium con 1440 minutos y tú decides en qué invertir ese tiempo, sin posibilidad de ahorrar, prestar o sisarlo a otros. Esto es de Perogrullo, pero es que se nos olvida: cada día vencido estamos más cerca de palmarla, y pasado mañana tal vez no llegue. Ten bien presente tus valores y date la oportunidad de cambiarlos según los avatares del camino; sé de una vez consciente de que estás (estamos) de paso; afronta tu propia película cada mañana como actor protagonista; apuesta por el placer y la satisfacción, que son caballos ganadores. Lánzate a la acción, prioriza, no pierdas el tiempo y deja de ser un mero espectador de tu peli favorita. Y no se trata de vivir como si mañana fuera nuestro último día o el día del juicio final, no. Se trata de vivir acorde a lo que uno quiere y distraerse lo menos posible de las cosas más importantes de la vida. Simplemente ser congruente consigo mismo, creo que de eso se trata.
Dos recomendaciones que causan placer: Sonreír todo lo que puedas y hacer actos de generosidad.

Sonríe que es gratis.
Aunque parezca mentira, da igual que tu sonrisa sea genuina o forzada. La decisión consciente de sonreír te hace inconscientemente más feliz. Prueba de ello es este sencillo truco con el que podemos engañar al cerebro haciéndole creer que hay motivos para estar alegres: mantén un lápiz entre los dientes durante medio minuto sin que toque los labios y observa cómo te sientes. ¿Mejor? Claro, podemos engañar al cerebro y hacerle creer que estamos bien aunque la sonrisa sea ficticia. (Niedenthal, P. “Embodyng Emotion”, Science, 2007).
Ayudar a los demás es un placer en sí mismo.
Las personas generosas son más felices y dar felicidad llena más que perseguirla hedonísticamente. Un estudio de la Universidad de Oregón midió la actividad cerebral en personas a las que se les había dado la oportunidad de hacer donaciones benéficas y a otras que elegían entre quedarse el dinero o donarlo voluntariamente. Cuando la persona da dinero a una organización benéfica voluntariamente, por su cuenta, se activa el mismo circuito de recompensas que cuando se queda el dinero. Según ese estudio, el hecho de saber que su dinero va a una causa justa, activa los mismos centros cerebrales que cuando satisface sus necesidades básicas.
Otro estudio publicado en la revista Science en 2008, “Spending Money on Others Promotes Happiness”, de la psicóloga Elizabeth Dunn, planteaba la posibilidad de gastarse el dinero en otros o en uno mismo. Independientemente de lo que ganaba cada persona, quienes gastaron más dinero en los demás admitieron sentirse más dichosos que quienes lo gastaron en ellos mismos. Ayudar a los demás, dar sin esperar nada a cambio y promover actos de generosidad es tan gratificante o más que recibir. ¿Eres de los que se ofrecen y suman? ¿No? Pues anímate a ello, un gesto de generosidad se te devolverá con creces y si no fuera así, da igual, eso que te llevas.
El summun de los placeres es que un médico te diga: “es benigno” y luego poder contarlo. Eso sí que tiene que ser un placer mayúsculo ¿no crees?
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Nacho muy interesante e instructivo, me gusta . Muy bueno, gracias