Todas las mañanas que su pareja acudía al gimnasio, María esperaba en la cocina de su casa acompañada de un café, unas tostadas y vestida con ropa algo más que sugerente. María tenía una debilidad y una pasión: el antebrazo derecho de su chico. Él era zurdo, pero se obligaba a realizar todas las tareas físicas que fueran posibles con la mano derecha para fortalecer su antebrazo y complacer a su chica. Diez pesas con el izquierdo, quince con el derecho; en los deportes de raqueta intentaba jugar con la derecha; cualquier ocasión era buena para ejercitar sus músculos; sus esfuerzos tendrían una buena recompensa. (más…)

Read More