Un café sin azúcar que endulza una mañana
Tras el desayuno casero, me encanta tomarme un café, de los de bar, sin azúcar y casi siempre en el mismo local. Los mismos camareros y distintos buenos días, el diario sobre la barra y un murmullo de fondo arreglando el país, apostando por la victoria del equipo local o simplemente, compartiendo pequeñas anécdotas de la noche pasada o de las cosas de la vida.
Hoy, la mañana en mi ciudad ha despertado lluviosa, gris, fresca, con ganas de despejar a los adormecidos viandantes y con la certeza de que una multitud de paraguas abrirán sus alas y pulularán serpenteantes por las aceras encharcadas.
Hoy, el café tenía un punto amargo, como tiene que ser, pero ha sido edulcorado con unas palabras mágicas. Hoy, el camarero se ha acercado al sitio de mi recreo, nos hemos mirado en compañía de una sonrisa social y cómplice, y nos hemos lanzado al unísono un educado -¡buenos días, qué tal estás! Por lo bajini y de manera rápida le he contestado con el clásico: -bien, y ¿Y tú que tal? Como la cortesía no está reñida con la audacia y con la inteligencia emocional, el camarero me ha respondido con un clarificador: -perdona, pero yo te he preguntado primero, ¿tú cómo estás? Me he quedado en silencio, le he mirado, he pensado que me encanta que de vez en cuando alguien me pregunte algo tan sencillo y simple como eso, y me he dado permiso para decirle la verdad.
-¿Sabes una cosa? No estoy bien.
Durante dos segundos me ha mirado, ha sonreído con una mirada cómplice y me ha soltado la siguiente perla: -¿No estás bien, por la mente o por la vida? He sonreído, le he contestado que por cosas de la vida, ni más ni menos. Como el camarero es un tipo sagaz y seguramente amante de las matemáticas, ha querido despejar una incógnita importante y me ha lanzado la siguiente cuestión: -¿la salud de los tuyos bien? Le he dicho que sí.
Me ha guiñado un ojo, por lo bajini me ha dicho que ánimos y que todo pasa, me ha invitado a un pequeño cruasán y sin saberlo, me ha endulzado el café matutino. Sigue lloviznando en mi ciudad y parece que así seguirá parte del día; menos mal que hay lugares en los que uno puede guarecerse de la lluvia, menos mal que hay personas que hacen las mañanas y los cafés, menos amargos. Gracias.

