Una mirada perdida, un balcón con ropa tendida, una calle a medio asfaltar, un conjunto vacío, un callejón sin salida, una vida sin reglas ni medios ni medidas. No hay tráfico, no hay niños ni estaciones sonoras de radio; silencio. Solo silencio.

Un espacio en blanco, un viaje a ninguna parte, un circo sin payasos ni acomodadores, no hay telón de fondo, ni función que representar; hoy no hay público, ni faquires, ni amaestrados animales, solo silencio. Silencio.

Un paseo por el parque, no hay manos entrelazadas ni parejas abrazadas; un banco sombreado, una fuente, una vieja solitaria y unas palomas momificadas; un olmo seco, una verja electrificada; no hay ruido, no hay nada. Solo silencio.

Una terraza destartalada, tres mesas sin cuatro patas, un rapero enmudecido rimando vocablos sin sentido, un tocadiscos en bucle buscando un sonoro vinilo, un billar de bolas negras con muchos sietes y un maniquí en una sucia cabina musical. No hay pájaros volando, ni cuentacuentos infantiles, no hay teatro, ni música, no hay bailes en la pista, no hay ruido, no hay nada, solo silencio. Silencio.

Una hilera de cipreses, una fría estancia, un alud de recuerdos, restos de cemento, mármol blanco, una inscripción, una fecha y un ramo de flores marchitadas. Un turbio adiós, decenas de despedidas y escenas olvidadas, una vela y unas cuantas lágrimas. Una madre desmemoriada, una pareja extraviada, un amor que no se fue para no volver, no hay ruido, no hay ni silencio; hoy tan solo, hay nada. Silencio