Mi vecino de la puerta tres anda reñido con el mundo desde que tiene uso de razón. El tipo piensa que la vida no ha hecho más que gastarle un sinfín de bromas pesadas y anda como alma en pena paseando la ciudad.  Su mala suerte la ve bien reflejada día sí y día también, a través de la gigantesca cristalera de la oficina bancaria en una exigua cuenta corriente repleta de números amantes del rojo carmesí. Como mi vecino es un forofo de los refranes y cree a pie juntillas en su mala suerte, le viene pintiparado el dicho “cuando el dinero sale por la puerta, el amor salta por la ventana”. Hace catorce años que su última y oronda pareja le abandonó por su mejor amigo, un simpático camarero con el que compartía resacas, propinas y parte del sueldo en las máquinas tragaperras, en locales de apuestas y en décimos de la lotería de Navidad; y lo que es la vida de un tipo entregado a la cara b de la suerte, mi vecino de la puerta tres acabó llevándose alguna pedrea y su ex-amigo el camarero, un mejor premio, o no. Desde hace ya catorce años, su listado de amores está en banca rota, su corazón no tiene Tinder que le escriba ni match que le comprenda y anda esperando a que la vida le devuelva con justicia lo que el azar le quitó. Tiene tatuado en su sesera un hastag un tanto particular:  #MeMerezcoUnBuenPellizcoDeDineroParaResarcirmeDeMiMalaFortunaPorqueLaVidaNoPuedeSerAsíDeInjustaYDeCabrona”

Jugador de euromillón, cuponazo, rasca y gana y cupón, abonado a la lotería nacional, experto en futbol y quinielas y casi mueble bar en tugurios en los que el personal apuesta hasta su alma gemela, en el día de hoy está a punto de recibir una excelente noticia que podría cambiarle la vida. La oficina de una notaría le ha comunicado… Continuará.