Te dejo los inicios de dos relatos. Un tipo de los más normal ofrecido en el amor y una treinteañera con déficit de atención.

Puerta 12. Un tipo de lo más normal

Mi vecino de la puerta doce es un tipo de lo más normal. De profesión funcionario de la Agencia Tributaria de lunes a viernes y ofrecido en el amor, los fines de semana y fiestas de guardar. De día ejercita los músculos cerebrales entre recaudaciones, impuestos y  devoluciones y las tardes y noches se deja atrapar por sus series favoritas marca HBO y por los efluvios amorosos que le surgen gracias a Tinder. Hombre, separado, sin hijos, con buen sentido del humor, atlético, que le gusta cocinar, el cine y las comedias, que comparte vivienda con un canario cantarín, un pez bobo alérgico a las migas de pan y un perro poco ladrador, busca una mujer con buen sentido del humor, que le guste mantenerse en forma y relacionarse, para conversar y establecer una posible relación romántica. Este anuncio-expositor de necesidades humanas lo subió a una plataforma de contactos hace ya cuatro meses y los resultados están siendo más que satisfactorios, aunque él no piensa lo mismo.

24991551_10156034453358885_6098772692116638371_nEstá defraudado con el mundo femenino. Todas las mujeres que ha conocido al largo de los tres últimos meses parecen más interesadas en intercambiar fluidos que en modular palabras y articular proyectos vitales. Creencias,  expectativas e intuición parecen caminar por las alamedas de la derecha mientras los resultados atajan por el camino de la izquierda acabando en callejones sin salida. Un mundo al revés. Cuando acude a una primera cita, duchado, afeitado, con ropa estilo arreglado pero informal, y nota que la mujer que tiene enfrente cumple con algunos de los criterios que tiene grabados en su inconsciente para iniciar una posible relación, ilusión y esperanza se evaporan tras el primer escarceo o paseo entre sábanas. Gracias por la velada, me gustas y mucho, pero no puedo comprometerme. Te mentí, estoy casada, tengo una hija pequeña y quiero a mi marido. No me sigas, no me llames, no me busques, no contactes conmigo. Solo ha sido un deseo, una aventura y tal vez un error. No convirtamos un bonito sueño en mi pesadilla. Gracias y suerte en la vida. Esta nota y otras similares, se las suele encontrar sobre el banco de la cocina, en un papel echado por debajo de su puerta o acompañado de emoticonos con besos de amor en su smartphone. Un señor de lo más normal, ofrecido en el amor, enarbolando una pancarta de bienvenida al amor y que solo encuentra románticas notas con un gracias y un adiós.

Como lo cortés no quita lo valiente y más vale pájaro en mano que ciento volando,… continuará.

Vicenta puerta 1. Una treinteañera con Déficit de Atención.

22154408_10155820336578885_6301532164131791987_nVicenta, la de la puerta uno, vive en otros mundos además del nuestro. Con tendencia al olvido y a hacer diez cosas al mismo tiempo, va corriendo a todas partes y casi siempre llega tarde. (…)
Cuando visitas su casa, lo mismo te encuentras un rollo de papel higiénico en el frigorífico junto a una lata de cerveza, el bote de mayonesa y el clásico medio limón que habita en toda nevera que se precie; que igual aparece en el armario ropero junto a la plancha, el mando a distancia del televisor. (…)
La entrada de su casa despide la alegría propia de una mujer joven de treinta años. Una lámina de Roy Lichtenstein a la izquierda, una frondosa planta que medio esconde un pequeño cartel con tres clavos vacíos con el rótulo de llaves, y el marco de lo que pudo ser un espejo con el lema “estás increíble”, escrito en su interior. Entras en su casa con escasa alegría y te vas con un subidón de autoestima. El color verde pistacho y el blanco roto se alternan en las diferentes estancias a excepción del comedor y la cocina, en los que predomina el azul celeste y el vainilla. (…)
Su casa es un misterio aunque no está encantada. Una mañana pueden aparecer las llaves puestas en la cerradura de fuera y otro día te la puedes encontrar en la puerta del patio maldiciendo por la bajini buscando las llaves en su bolso durante más de media hora. Y no es una cuestión de fenómenos paranormales tipo poltergeist o que el espíritu juguetón de su tatarabuelo vague por el pasillo de su casa cambiando las cosas de sitio, no. La cuestión tiene una explicación mundana y está en su sesera. Acaba de recibir un diagnóstico psicológico que explica este sinsentido y este desorden comportamental; una persona adulta con déficit de atención. (…)
Comercial de una empresa de telefonía desde hace cuatro años, aficionada al rock y experta en dormir hasta las once y media de la mañana los días que tiene una aventura nocturna, se ha propuesto trabajar sus dificultades de atención con un psicólogo que hace terapia OnLine. (…) Continuará.