Un tipo de lo más normal
Mi vecino de la puerta doce es un tipo de lo más normal. De profesión funcionario de la Agencia Tributaria de lunes a viernes y ofrecido en el amor los fines de semana y fiestas de guardar. De día ejercita los músculos cerebrales entre recaudaciones, impuestos y devoluciones y las tardes y noches se deja atrapar por sus series favoritas marca HBO y por los efluvios amorosos que le surgen gracias a la plataforma de contactos Tinder. Hombre, separado, sin hijos, con buen sentido del humor, atlético, que le gusta cocinar, el cine y las comedias, que comparte vivienda con un canario cantarín, un pez bobo alérgico a las migas de pan y un perro poco ladrador, busca una mujer con buen sentido del humor, que le guste mantenerse en forma y relacionarse, para conversar y establecer una posible relación romántica. Este anuncio-expositor de necesidades humanas lo subió a una plataforma de contactos hace ya cuatro meses y los resultados están siendo más que satisfactorios, aunque él no piensa lo mismo. Está defraudado con el mundo femenino. Todas las mujeres que ha conocido al largo de los tres últimos meses parecen más interesadas en intercambiar fluidos que en modular palabras y articular proyectos vitales. Creencias, expectativas e intuición parecen caminar por las alamedas de la derecha mientras los resultados acaban en todas las ocasiones, en callejones sin salida. Un mundo al revés. Cuando acude a una primera cita, duchado, afeitado, con ropa al estilo arreglado pero informal, y nota que la mujer que tiene enfrente cumple con algunos de los criterios que tiene grabados en su inconsciente para iniciar una posible relación, ilusión y esperanza se evaporan tras el primer escarceo o paseo entre sábanas. Gracias por la velada, me gustas y mucho, pero no puedo comprometerme. Te mentí, estoy casada, tengo una hija pequeña y quiero a mi marido. No me sigas, no me llames, no me busques, no contactes conmigo. Solo ha sido un deseo, una aventura y tal vez un error. No convirtamos un bonito sueño en mi pesadilla. Gracias y suerte en la vida. Esta nota y otras similares, se las suele encontrar sobre el banco de la cocina, en un papel echado por debajo de su puerta o en un silencioso mensaje acompañado de emoticonos y besos de amor en su smartphone. Un señor de lo más normal, ofrecido en el amor, enarbolando una pancarta de bienvenida al amor y que solo encuentra románticas notas con un gracias y un adiós.
Como lo cortés no quita lo valiente y más vale pájaro en mano que ciento volando… Continuará.

