Mi vecino de la puerta uno es un amante de las tradiciones, de la ley y del orden y justo hoy, no ha tenido un buen día. Bueno, a decir verdad, hoy ha sido el peor día de su vida, o no. Director de una sucursal bancaria ubicada en el centro de la ciudad desde hace algo más de veinte años, está esperando como agua de mayo que llegue su jubilación. Le quedan dos años, tres meses y un día para mandar a hacer puñetas los intereses, las hipotecas, las tarjetas de plástico, los morosos y las ventas de sartenes y televisores de plasma a cambio de un mísero plan de pensiones. Mi vecino es un forofo del Scalextric, es secretario de una sociedad gastronómica a la que solo pueden asistir los amigotes de toda la vida y está abonado a tiempo parcial en el Real Madrid. Como es un tipo disciplinado y constante y defensor a ultranza de la familia o por lo menos de las familias que son como la suya, desde hace cuarenta años comparte con su mujer un apartamento en la playa de Gandía, cuatro hijos, seis nietos y otro que viene de camino, un perro chihuahua que se llama Zacarías y un montón de secretos. Un tipo con tonos grises entregado a una vida repleta de rutinas y carente de colores. De casa al trabajo y del trabajo a casa, domingos de paella con toda la familia nueras y yernos mediante, miércoles de Champions en compañía de su hijo mayor cada vez que su Madrid juega en casa, visitas al zoológico acompañando a sus nietos y escapadas al teatro con su mujer cada vez que estrenan una función que los haga reír o llorar. Un tipo con traje gris acostumbrado a ver la vida en blanco y negro, con la suerte de cara al tener una familia que le aporta luz, taquígrafos y mucho color a las pequeñas cosas con las que se encuentra en la vida. Como ser un amante de la ley y del orden y querer mucho a tu familia no te exime de tener problemas vitales y que como bien dice la canción, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, esta mañana ha ido a una revisión al hospital. De hecho, ha ido a la consulta del urólogo y ha regresado a su casa con un problema en su corazón y un quejido en su mente. El mensaje que le ha lanzado el urólogo ha sido claro, contundente y demoledor para su sesera.

  • Es usted estéril.
  • Pero, ¿desde hace cuándo? Si yo tengo familia, mujer, cuatro hijos y seis nietos.
  • Verá señor, es usted estéril desde siempre. He comprobado su historial y sus analíticas cuatro veces y le digo con rotundidad y total certeza que es usted estéril, y lo lamento de veras señor. Los espermatozoides no son como el derecho o la economía, aquí no hay lugar a las ambigüedades ni a las opiniones, en nuestro laboratorio y en mi profesión solo existen certezas.

Mi vecino de la puerta uno, que es un tipo gris, amante de la ley y del orden, rutinario, muy disciplinado y un enamorado de su familia, ha recibido un mandoble que lo ha dejado fuera de juego. De regreso a casa, ha pasado por el bar de la esquina de su casa y se ha comido un bocata de calamares, unas bravas, un par de cervezas y un café tocado. A la salida del bar, ha pasado por la floristería, ha comprado cuarenta rosas y un cactus y se ha dirigido a su casa. Ha abierto el portal, ha obviado el primer piso, se ha ido directo al cuarto piso y ha abierto con sus llaves la puerta siete. Un ramo de rosas sobre el aparador, dos hombres que comparten amor, sexo y una gran mentira desde hace cuarenta años. Hoy hay un nuevo cactus en la puerta una y una mentira que sigue viva dos pisos más arriba.