Tengo un vecino que vive en la puerta cuatro que es un muy obsesivo y tiene miedo escénico. Como le gusta quedarse con todo lujo de detalles porque le da seguridad controlar lo que se cuece en su entorno, y además, tiene una memoria prodigiosa, le encanta contar y comprobar las cosas con las que se encuentra en sus rutinas diarias.

Como tener buena memoria, pensamientos obsesivos y anticipar situaciones temidas no excluyen a nadie de caer rendido ante el amor (a excepción de los narcisistas que con tanto amor propio no se permiten dar amor ajeno), mi vecino anda bastante perjudicado porque se ha enamorado de una persona equivocada. Mi vecino es dueño de un amor silencioso y actor, por el momento, de una historia de ida sin billete de vuelta.

Como es un tipo constante y valiente, con baja tolerancia a la frustración y es de los que tiene grabado a fuego que el que la sigue la consigue, esta mañana me ha enseñado la primera carta que piensa enviar a su amada. Y dice así.

Estimada Carla:

Cinco quinceañeros rapeando, cuatro abuelos con un dominó y seis colillas de cigarros, un bazar achinado, dos novios en un portal en pleno movimiento, una ex esperando, dos amantes y un marido despechado, un coche en doble fila y unos intermitentes vigilando.

Cincuenta y cinco semáforos, treinta y siete curvas, seis rotondas, siete kilómetros y seiscientos cuarenta y nueve metros de rectas, ocho señales de ceda el paso, cuatro señales de stop y un gato. Dieciocho pasos de cebra, dos mil trescientas cuarenta y ocho líneas discontinuas, cinco kilómetros de carril bici y un policía urbano.

Quinientos naranjos, un cactus, dos fuentes ornamentales, una escultura resquebrajada y un edificio abandonado. Un callejón sin salida, cien contenedores de basura, diez sábanas tendidas y un borracho seseando frente a una farola.

Cinco parkings reservados, seiscientos diecisiete metros de zona azul, un transformador de luz, una fonda, un hotel y cien pájaros volando. Tres supermercados, dos panaderías, un socio defraudado, una farmacia de guardia, un yonqui desdentado, veintidós bares y unos borrachos solidarios.

Una ferretería, un salón de té, un repartidor de pizzas, una droguería, un concesionario y tres gorrillas mellados. Cinco paradas de metro, un ciego dando palos a un cajero automático, dos trileros cantando agua, tres nubes de algodón, un cartel de cine, una pensión y un taxista extraviado.

Querida Carla, esta es la realidad que hay entre tu casa y la mía, cientos de vidas que me encuentro y recuento dos veces al día. Me falta valor para visitarte, me atenaza el miedo al fracaso, el temor a escuchar un simple y demoledor no de tus labios. Tal vez creas que hay mucha distancia entre nosotros, que dos mundos o un océano nos separa, pero quiero que sepas que entre tu mar y el mío, daría lo que fuera porque solo hubiera uno, el nuestro.

Con todo mi afecto. Manolo

Como soy un tipo generoso que no cree en el amor a primera vista y que conoce poco el mundo femenino, le he dicho que era un poeta y le he animado a que le envíe la carta. ¿Obtendrá respuesta? Ya sabes que un poeta puede conseguir que caigas rendido a sus pies o caigas directamente a la bebida. Veremos.