Tener fobia a volar y pirarse de viaje astral a las Maldivas no es un buen combinado. El viajecito de esta noche me ha resultado tan agotador que he llegado a un acuerdo con mi inconsciente y con la zona onírica de mi sesera para cambiar de destino en mis próximos viajes astrales.

Antes de hacer un viaje astral suelo prepararme a conciencia. Como soy un tipo previsor y algo contradictorio, que no soporta mucho el frío, que se resfría con facilidad y que además le gusta tener las cosas bien controladas, en verano suelo acostarme con el pijama de invierno, con los calcetines de lana y con una rebequita debajo de la almohada para no pasar frío. En invierno y aunque a veces me dé cierta pereza, suelo meterme en la cama con un pantalón corto, una camiseta de tirantes y por si acaso, en la mesita de noche dejo un abanico y un repelente de mosquitos. Como tengo escasa puntería y la brújula vital me falla en más ocasiones de las que me gustaría, igual aparezco al otro lado del mundo en una playa paradisiaca, en la planta de moda joven de El Corte Inglés, en el pasillo de congelados del Mercadona, que igual hago acto de presencia en la consulta de un promotor del autoconocimiento personal.

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No sé si a ti te pasará, pero el día después de haber hecho un viaje astral suelo ir a visitar a una tarotista. Me echa las cartas, me aconseja, me da información sobre mi futuro y me alerta sobre las hienas que viven en mi presente. Emilia, así se llama la simpática quiromante, cobra 50 euros por sesión adivinatoria y es muy detallista. Cuando no me regala un ungüento para que me vaya mejor en el amor, me hace algún trabajito para romper algunos de los maleficios que me hace el personal tiñoso, o eso me dice Emilia. He salido de su gabinete un poco preocupado, cabizbajo y con ganas de beber algo para olvidarme de mi futuro.

Como soy un tipo que tiene alergia al alcohol y no sé qué hacer para olvidarme de mis problemas, he consultado con Encarnita, una terapeuta transpersonal que me ha ofrecido unos chupitos de flores de Bach y que buceemos en mi niño interior para sanar mis heridas. Me ha asegurado que las flores me van a ir la mar de bien, que me van a tranquilizar y que voy a ganar serenidad y fortaleza interior. Pero eso no es todo, me ha confirmado que voy a decir adiós a mi fobia a volar y que voy a conseguir una mejor autoestima. Respecto al niño interior, me ha dicho que tengo unas heridas que me produjo el nacimiento, pero que con su ayuda y con unas cuantas visitas a su consulta, esas heridas se convertirán en unas meras cicatrices.

Como soy un tipo obediente pero un tanto desconfiado, he decidido tomarme las dosis que me ha recetado Encarnita, pero por si acaso, he consultado con un tipo que he visto en internet que es muy sabio y que da cursos de desarrollo personal y de autoconocimiento. Carlos, especialista en transformaciones y técnico en apertura de la conciencia me ha atendido vía Skype en una sesión de 90 minutos. Aunque es un mentor superprofesional que democratiza la sabiduría y solo atiende a algunos elegidos y he tenido la suerte de ser uno de ellos, me ha cobrado 150 euros por sus sabias palabras y por ese proceso de mentoring. Yo, que soy un tipo ingenuo pero con serios problemas existenciales le he hablado de mi vida, de mis paradigmas, de mi ego y de mi esencia, de mi papá y de mi mamá y de lo que él llama las caquitas emocionales. Como no podía ser de otra manera, ha salido a la palestra mi niño interior y claro, al final hemos rematado la sesión con algo que yo ya me temía desde un tiempo, que no soy completamente feliz, que me falta desarrollarme como persona, crecer y cambiar de paradigmas. Carlos, que tiene un ojo de lince, me ha hecho unas cuantas preguntas que parecían muy inteligentes y profundas y me ha pasado el fabuloso test Eneagrama en un abrir y cerrar de ojos.

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Algunas de las preguntas al Eneagrama, las he contestado después de hacer un viaje astral y mientras me tomaba un polo de limón. ¿Afectará?

Yo, que soy Sagitario y un fan de la numerología, me he puesto la mar de contento porque he obtenido una puntuación equilibrada entre el eneagrama 2, el 7 y el 9, aunque el eneagrama 2 es el que parece destacar en mi personalidad. Y es verdad, vivo en un piso 2 que tiene 2 habitaciones, tengo 2 hijos, somos 2 hermanos, tengo 47 años y si sumas el 4+7=11 y 1+1=2. Tuve 2 canarios en mi infancia, tengo 2 cañas de pescar, con los chicles de menta me pasa como a ti, que me los como de 2 en 2, me gusta U-2 y me cuesta mucho 2ificar mi humor cuando me encuentro con un jeta que me dice gilipolleces. Gracias a este proceso de mentoring, he recibido de boca de este gurú unas sabias frases para reflexionar, cambiar mi paradigma y crecer en comprensión hacia el mundo y hacia mí mismo. Soy feliz, gracias.

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Yo, que antes del proceso de mentoring era un tipo inseguro, con mala hostia y mal encarado, me he convertido en una nueva persona, completamente feliz y además he descubierto la vocación que me conecta con mi esencia: ayudar a los demás. Si quieres crecer como persona y convertirte en alguien tan seguro como yo, conéctate conmigo. Si quieres tener el control absoluto sobre tus pensamientos y emociones, o si quieres que te dé igual la opinión de los demás, conéctate conmigo, conéctate contigo. Si estás preparada para venirte de viaje a explorar tu autoconocimiento y a fomentar tu desarrollo personal, elígeme como tu acompañante, conéctate conmigo, conecta con tu esencia. Ahora bien, como soy un tipo con tengo escasa puntería y la brújula vital me falla en ocasiones, igual acabamos en este viaje en una playa paradisiaca, en la planta de moda joven de El Corte Inglés o en el pasillo de congelados del Mercadona. Pero da igual, si erramos en el destino, siempre podemos apuntarnos a un curso que dé algún gurú sobre felicidad y desarrollo personal y acabar desnudando nuestras miserias con unos desconocidos. Lo que haga falta por el autoconocimiento y por la felicidad. Por cierto ¿qué número eres?