Sí, hace calor. Mucho calor. Estos días es el tema que más se habla en familia, con amigos, en el trabajo y en el ascensor. Es casi inevitable. Te levantas por la mañana sudando, te duchas que no te ha dado tiempo de coger la toalla y ya estás seco, te montas en el coche y ya estás sudado otra vez, deseas que no se acabe la jornada laboral por el aire acondicionado, te encuentras al vecino al portal y te dice “¿ya vuelves de correr?” y le dices “no, si a eso iba…” y así va transcurriendo nuestro día. Fuera bromas (o no tan bromas), a esto se le llama ola de calor. Pero no olvidemos que después de esta viene la otra ola en julio y otras en agosto (no queremos ser agoreros pero septiembre…) Por eso, mejor estar preparados.

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Encontramos consejos útiles y muy necesarios por parte de sanidad como el de hidratarse continuamente, no estar al sol en las horas centrales del día, ponerse alta protección solar… Así prevenimos los golpes de calor, la deshidratación, etc. Y es genial. Pero ¿y qué hay de los #psicoconsejos? De la misma forma que nos puede afectar a nivel físico, el calor tiene también unos efectos a nivel psicológico. Veamos algunos de los más comunes y qué podemos hacer para llevarlos mejor.

  • Irritabilidad. A parte del mundo de los tiñosos, que estos están de mala leche durante todo el año haga frío o calor, es cierto que las altas temperaturas pueden predisponer a que saltemos antes por cualquier tontería y no tengamos tan buen humor. Temas como “te toca sacar al perro que yo lo saqué ayer al mediodía y eso cuenta por dos días” pueden convertirse en una batalla campal.
  • Agotamiento. Sales un momento a hacer la compra y vuelves como si hubieses corrido un maratón. Y no se te ocurra tener la idea de “me siento al sofá 10 minutitos y luego hago la comida”, porque es muy probable que te pase lo mismo que con las siestas: se acaban yendo de las manos. Con estos calores es normal convivir con la pereza y la fatiga. Además, también solemos dormir peor por las noches y ese cansancio, no ayuda durante el día.
  • Falta de motivación. Actividades que te motivan mucho pasan a un segundo plano. Puedes sentir incluso indiferencia hacia ellas. No te preocupes, no es que te hayan dejado de interesar. Es que es lógico y natural que la única actividad que te apetezca hacer sea darte un chapuzón en una piscina. Por no hablar de las “obligaciones”. Si ya de por si no te interesaban, ¿cómo no vas a tener tendencia a postergar?
  • Pasa a ser el protagonista y el centro de atención. He hecho un pequeño “experimento” esta semana y sitio que he ido, sitio que se ha hablado del calor. Y no precisamente se han dicho maravillas, sino más bien (y muy comprensible) ha sido en formato queja. Tampoco ha faltado en los programas de televisión, por no hablar de las redes sociales. El tema está en auge… ¡en todos los sentidos!

Y frente a todo esto, ¿qué podemos hacer?

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Para la irritabilidad… Respirar hondo y poner un poco de humor. No tendrás menos calor por mucho que pegues cuatro gritos o vayas con cara de llevar una semana sin ir al baño. Es más, vas a estar peor porque entonces vas a estar atacado de calor y de los nervios. Puedes probar de ver la situación desde un lado más cómico. Incluso reírte de ti mismo. Por ejemplo, si vas por la calle sudando la gota gorda y te encuentras a alguien, en vez de enredarte en pensamientos del estilo “hay que ver, justo me tenía que ver con estas pintas, espero que no me de dos besos porque se nos van a pegar las caras”, puedes hacer un comentario gracioso tipo “oye, yo aprovecho el tiempo a tope. No me hace falta ir a la sauna… ¡ya la tengo en la calle! ¿Una maravilla verdad?”. O puedes probar con “dame un abrazo de oso, amigo”, y ver el careto que se les queda. Está claro que no es ninguna maravilla, pero la forma en que te lo tomas cambia y mucho.

Para el agotamiento y la falta de motivación… “Lo que la cabeza no recuerda, la agenda me lo refresca”. Y nunca mejor dicho. Si tienes unas obligaciones o tareas que hacer, póntelo fácil y apúntatelo en una agenda. Tener un horario o una planificación ayuda a no caer en las redes de la pereza. No es que vaya a ocurrir un milagro y que de repente tengas a tope de energía, sino que aquí lo importante es que vayas haciendo (con más o menos ganas) esas tareas y vayas siguiendo tu horario. Seguro que después te sientes un poco mejor por haber cumplido. Y ten paciencia también contigo. No te exijas estar al 100% y ve haciendo como buenamente puedas.

Y para el papel protagonista del calor… nada como quitarle protagonismo. De la escena no lo vas a poder sacar, pero sí puedes salir tú también a actuar. Cuánta más atención le prestes, más se hará notar. Acepta que esté ahí e intenta focalizar tu atención en otras cosas más positivas que pasen a tu alrededor. Si vas paseando a tu mascota, exprime ese ratito. Si sales a cenar, céntrate en los sabores y en la conversación. Y si llegas achicharrado, disfruta de ese sorbo de agua fresca como si fuera el tesoro más preciado del mundo. Hacer o no hacer estas cosas sí está en tu mano.

Afortunadamente tenemos muchos días para practicarlo. Siempre habrá el típico día que lo haremos todo al revés, pero no pasa nada. Para eso estamos, para aprender, equivocarnos y reaprender. Nos lo podríamos tomar como la canción del verano. Primero te va sonando el ritmo, luego cantas solo las partes que te sabes y al final te la acabas sabiendo entera. Pues lo mismo con los #psicoconsejos… Hay tiempo y recursos de sobra. Tenemos todo el verano y una buena dosis de calor por delante.

Este artículo ha sido escrito por mi colega Ares Zamora. Joven psicóloga, lista, preparada, con ganas de comerse el mundo y con un futuro prometedor en el ejercicio de la psicología. Activa en las redes sociales y colaboradora en varias revistas de divulgación de psicología, la puedes seguir en Twitter  @AresZamoraPsico. Para mí, un gustazo contar con colaboraciones tan buenas como la suya. Habrán más seguro o espero algún día poder escribir en su blog.