Tiñosos en el trabajo y un jefe neandertal
Te voy a hacer una sencilla pregunta pero primero nos vamos de viaje a tu infancia o adolescencia (tranqui, no hay acné ni inseguridades). Ahora que estamos ahí me gustaría que recordaras al mejor profesor o maestro que tuviste en esa época. Haz un esfuerzo truhán y saca esa imagen. ¿Te viene alguna cara que hace tiempo no recuerdas? ¿era de primaria o de la EGB? ¿Algún profe del instituto que sacó lo mejor de ti? ¿Ya la tienes? Bueno, aprovechando que tenemos esa imagen me gustaría que dedicaras un par de minutos a recordar cómo era, si era duro y exigente, si tenía mano izquierda o lo que hoy llamamos inteligencia emocional; si sabía premiar y castigar, si premiaba cómo eran esos premios y cómo eran los castigos; si era capaz de sacar lo mejor de ti y por último, si tenía un cierto olfato para detectar tus malos momentos y mostraba una actitud de comprensión o levantaba el acelerador o simplemente te escuchaba (que no es poco). Vale, seguro que evocar esa imagen ha conseguido que esboces una leve sonrisa y que te haya hecho recordar buenos momentos. Por lo menos ya hemos conseguido algo positivo en este post, sacarte una ligera sonrisa y evocar una imagen de alguien importante en tu formación personal y académica. Ahora quédate con la cara de esa persona que luego volveremos a ella, gracias.
Vamos al mundo del trabajo (lo siento).
Pasamos gran parte de nuestro tiempo vital en él y convivimos con compañeros que nos hacen el día a día más llevadero y un punto más divertido. Nos ilusionamos, nos estresamos, nos preocupamos, nos reímos, sumamos ideas, proyectos e ilusiones, compartimos marrones y sinsabores y además, trabajamos. Nos despedimos o nos despiden, nos enamoramos silenciosamente de la persona que hay en otra mesa y con la que puntualmente almorzamos; flirteamos hasta la cena de navidad, tomamos cafés interminables, criticamos, y además, trabajamos. Un obligatorio y necesario sueño que se puede convertir en la peor de tus pesadillas cuando entra en escena el compañero tiñoso (y los tiña´s friends) y el jefe neandertal. Lo peor. Ansiedad, estrés, acoso laboral, depresión y burnout.
Jefe neandertal
En el jefe neandertal domina el cerebro más primitivo. Tiene una amígdala detectora de peligros y de malos rollos ciclada diariamente en su gimnasio vital; es un tipo o tipa que está siempre enfadado, incluso durmiendo permanece de mal humor. Si Freud analizara sus sueños solo encontraría violencia y escaso sexo. Recuerda que cuando tenemos un ataque de ira o vivimos en continuo cabreo, dosis de oxígeno y sangre activan el sistema límbico y sería el equivalente a perder entre 10 y 15 puntos de CI. Esto lo afirma el neurocientífico David Lieberman. Sí, imagínate un jefe malhumorado y además medio tonto. ¿Te viene a la cabeza alguna cara de algún jefecillo neandertal? A mí varios nombres y apellidos, y eso que he tenido muy pocos jefes en mi vida laboral.
En este vídeo te explico más o menos el funcionamiento del cerebro del jefe neandertal y alguna cosa más.
Radiografía del jefe neandertal o jefesauro. Y da igual masculino que femenino.
- Posee una amígdala totalmente ciclada con gramos de clembuterol y vinagre. La amígdala es la detectora de malos rollos y de peligros. Y el jefe neandertal ve peligros en todas partes.
- Está siempre, o casi siempre de mal humor. Tiene una mala hostia mayúscula.
- No escucha.
- Es rígido. Las cosas se hacen como él piensa o dice.
- Busca a seguidores y se rodea de ellos que le rían las pocas gracias que tiene.
- Utiliza el miedo como estrategia motivacional.
- Presiona al personal hasta el infinito y más allá.
- Grita en todo momento. El personal sabe que está siempre ahí.
- Lo importante es el trabajo y después el mundo.
- Es siempre negativo, nunca positivo.
- Ante los errores, la culpa es siempre de los demás. Si se equivoca no pide perdón (desconoce esa palabra en su vocabulario).
- Siempre se comporta de la misma manera, no se adapta. ¿Para que se va a adaptar si él es el jefe? ¿Estás tonto?
- Es un controlador desconfiado.
- Destroza el rendimiento de un equipo y favorece el que una empresa esté enfadada. A una empresa en continuo enfado le puedes restar entre 10 y 15 puntos del CI de los que allí trabajan e imagina el resultado. Además de anular la creatividad del personal.

Radiografía del compañero tiñoso.
Tengo que decir que me he encontrado con bastantes de ellos en mis andanzas laborales. Hace un tiempo decidí dedicar varios de mis artículos a algunas de las personas tiñosas que han aparecido en mi mundo laboral. Las personas tiñosas La tiñosa Un poco más tarde, decidí sacar los Tiña´s News, un serie de noticiarios sobre el mundo de los tiñosos y sus andanzas en el trabajo y en la vida. Un artículo sobre tiñosos y mobbing con algunas orientaciones para que actúes y cambies. Yo he padecido en primera persona lo que cuento ahí y son lo peor.
- Criticón. Le encanta hablar de los demás de forma negativa y corrosiva.
- Es fan de los rumores y de las habladurías. Cuanto más mal rollo, mejor.
- Ególatra. Le encanta airear las cosas que hace aunque escucharlo es una verdadera sesión de vergüenza ajena.
- Cuando algo no le sale bien, sabe perfectamente darle la vuelta, tirar balones fuera y echar la culpa a los demás.
- Le encanta hacerse la víctima, es un manipulador nato.
- Narcisista con aires de superioridad de segundo nombre “Tolosé”. Lo sabe todo y te lo recuerda a cada momento. Es un plomo.
- Es experto en crear conflictos. En los trabajos enseguida se le ve el plumero. Fomenta el cotilleo y el enfrentamiento entre los compañeros. A más mal rollo, más está en su salsa.
- No da un palo al agua: no suma, no arriesga, no crea. Solo hace que hablar de lo mucho que trabaja y de los problemas que le ocasionan los compañeros.
- A primera vista parece encantador. Sabe disimular muy bien su lado oscuro, aunque es Darth Vader.
- Juzga, juzga y juzga a diestro y siniestro.
- Se enfada, si no le das la razón.
- Fuera de su vida laboral no tiene casi amigos aunque diga lo contrario. Podrá alardear de las fiestas a las que le han invitado y lo ocupado que está, pero si rascas un poco, vive más solo que la una.
- Agota mentalmente al que tiene al lado porque no para de opinar, criticar, y quejarse de lo mucho que trabaja. Queja, queja, queja. Pasar horas con él es agotador energéticamente.

Radiografía del que se lleva todas las hostias y que padece estrés, depresión, acoso laboral, ansiedad o burnout.
Da igual si es jefe, directivo, asalariado, mando intermedio ¿pensamos en quién? Ponerle una cara no te resultará complicado. ¿La tienes? Vamos a por ello.
- Responsable. No deja un trabajo a medias ni deja tirado un proyecto.
- Se preocupa por sus compañeros, se ofrece.
- Suele caer bien al entorno.
- Tiene una buena dosis de inteligencia emocional y cierto éxito social. Es un blanco perfecto para el jefe neandertal y tiñosos.
- Autoexigente. Intentará hacer las cosas muy bien.
- Es buena gente, se puede confiar en él.
- Es leal a la empresa y a su gente.
- Cuando pasa por un momento de estrés tiene necesidad excesiva de aprobación.
- Le cuesta decir no por lo que acumula faenas que no le competen. Esto le hace un blanco perfecto para el tiñoso escaqueador.
- Es perfeccionista, por lo que se esforzará en hacer las cosas muy bien.
Este tipo de personas solo buscan que se les escuche, que se les apoye y se les refuerce y evidentemente recibir un salario digno. Quieren que se les tenga en cuenta y que se les defienda del poder de la tiña y de los jefes neandertales. Si eres directivo y tienes en tu empresa dosis de tiñas y de jefes con mala baba, invierte en formación para que la cosa cambie y escucha de manera genuina al que sufre. Si con formación no consigues nada, actúa y cambia. Y si el que sufre no dice nada porque está fulminado y no puede ni quejarse, abre los ojos en tu empresa, cuida a la buena gente y actúa. Recuerda que el poder de la tiña se puede llevar por delante el bienestar de tu empresa; y una empresa en la que el trabajador no se sienta bien en el día a día está perdiendo un excelente potencial. Mirar para otro lado, justificar determinadas conductas que no son justificables y esperar a que las cosas cambien por sí solas es un brindis al sol que refuerza el sufrimiento en las personas y hace que la empresa pierda el norte.
Si recordamos al maestro del inicio de este post (¿recuerdas su cara), estaría bien invitarlo a tu puesto de trabajo e intentar copiar sus actitudes y valores. Seguro que cualidades como la paciencia, el compromiso, la exigencia, la disciplina, la justicia y el apoyo aparecerán como por arte de magia, solo hace falta que se expandan. ¿Te animas?

Este post es parte de la ponencia que he ofrecido este mes de junio en el Congreso de Agora Bienestar. Este año se ha celebrado en Madrid y bajo el lema “El camino del bienestar y la eficiencia empresarial”. Un placer haber participado junto a varios colegas de profesión Miguel Ángel Rizaldos, Sonia Cervantes, Yolanda Cuevas y haber llevado la psicología 2.0 al mundo de la empresa.



Enhorabuena por la charla Nacho. La verdad es que en el congreso Ágora Bienestar, la disfrutamos muchísimo. Te esperamos de nuevo el año que viene. http://www.agorabienestar.com
Muchas gracias. El año que viene ahí estaré y prometo cumplir con las entregas jajaja.