Cuando hablar demasiado es un problema
Te habrá pasado en más de una ocasión que te has puesto a contar cosas sobre ti a algún conocido o lo que es peor, a algún desconocido, y después te has ido a casa con cara de tonto, con la convicción de que has hablado más de la cuenta y sin tener información del otro. Dos frases revolotean en tu sesera: ¡Eres un bocas! y ¿Por qué no te callas?
Contar cosas de nosotros mismos, a veces en exceso, es un clásico en las relaciones humanas y nadie está libre de cometer este pecadillo conversacional. De hecho, las encuestas demuestran que el 90% del personal cree que hablar con otra persona sobre un suceso traumático ayuda a mitigar el dolor. (Is it Really Helpful to Verbalize One´s Emotions?, Gedraf en Gezondheid, 1999. E. Zech). Sin embargo, hablar sobre experiencias negativas con una persona receptiva, sin formación, es una pérdida de tiempo aunque uno parece quedarse la mar de tranquilo tras la charla, tal y como comenta E. Zech y B. Rimé en su estudio: “Is Talking About an Emotional Experience Helpful? Effects on Emotional Recovery and Perceived Benefits” publicado en Clinical Psychology and Psychotherapy, 2005. En este post: ¿Bloqueado por el rencor? ¿Quieres pasar página? te explico los estudios anteriores y puedes ver una buena estrategia “la escritura expresiva” que puede resultarte pintiparada para que te desahogues si estás pasando por un mal momento. Si te es insuficiente esa técnica para salir del pozo o el proceso negativo se alarga, no dudes en contar con la ayuda de un profesional de la psicología. Pero no nos desviemos y vayamos al tema que nos ocupa. Vamos a ver las razones por la que a veces hablamos más de la cuenta y ya que estamos, te voy a dar algunas estrategias para que evites caer en esta trampa de nuevo. Y si tropiezas en la misma piedra, por lo menos que comprendas el proceso por el que has pasado.

Partamos de la base de que el lenguaje forma parte del ser humano y que contar y expresar las cosas que nos afligen es más humano todavía. Sí, esto es de cajón pero también es cierto que debe haber bidireccionalidad en las conversaciones, sean entre dos o más personas: Yo cuento, pero también escucho. Hasta aquí clarinete, pero ¿hablar más de la cuenta te pasa con cierta frecuencia? ¿Es tu talón de Aquiles? Veamos: Tres niveles conversacionales, tres.
Primer nivel. Conversaciones en un ascensor, en una barra de bar o en la cola en el mercado
Sería el equivalente a las charlas que tenemos en un ascensor o en una barra de bar. Qué día hace hoy, es hora de comer o cenar, ¿vas a trabajar o terminas? determinada noticia en la prensa que tenga cierto calado en tu entorno, lo bueno que está el café o el té, el último gol de Messi, el partido de Rafa Nadal, un chiste del amigo gracioso del WhatsApp,… Podemos seguir enumerando temas sobre los que hablar y no cansarnos (hay cientos), y todos tienen una cosa en común: que mientras hablas, no das información relevante de ti o de los los tuyos. La información que ofreces es escasa, simplemente son temas banales o superficiales y la mayor parte de ellos tienen tintes neutros o divertidos. Dominar este primer nivel es necesario para poder entablar conversaciones sanas y poder pasar al segundo nivel. Por cierto, si tú estás en este primer nivel y el de enfrente mantiene la conversación en el mismo, vamos bien, no hay peligro. Da igual si te parece un tanto superficial, recuerda que el ser humano necesita de la superficialidad para llegar a capas más profundas. ¿Te imaginas meterte en el mar y directamente bucear a cuarenta metros bajo el agua sin chapotear un poco en la superficie? Acabarías fatal y no disfrutarías del proceso, que por cierto, puede ser y es muy chulo.
Segundo nivel. Series, libros, deportes, cocina y todo lo que puedas imaginar. Una conversación estilo Trivial Pursuit.
Este es el momento en el que hablamos de nuestras cosas pero sin llegar a nuestra zona íntima. Aquí tenemos mil y un temas de los que podemos hablar: Nuestros gustos, si tienes pareja o no, tus platos favoritos, tu lugar de veraneo, el viaje que hiciste a tal sitio que te encantó, los libros que más te gustan, tus series favoritas, el cole de los niños, el curro, si te vas de erasmus, cómo van las clases, qué haces en tu tiempo libre, los deportes que practicas, los restaurantes que más te agradan, si eres conservador o de izquierdas o tienes un berenjenal en la cabeza y no sabes de quién eres o dónde vas, si te gustan los toros o no, los libros de autoayuda, si vas a misa o eres un ateo confeso, la tienda favorita en la que compras tus trapos, si el gin tonic va con cardamomo o simplemente #estáshastalosmismísimosdetantatonteríaconlosgin. Podríamos ampliar la selección de temas de este nivel hasta el infinito y más allá. Y sí, todos tienen una cosa en común, que no das ninguna información sobre tu zona íntima en la que están incluidas tus miserias (que las tienes como las tengo yo) y que las veremos en el tercer y último nivel. Si en el primero hablábamos de bidireccionalidad, aquí, tres cuartas de lo mismo. Veamos un ejemplo:
Vamos a imaginar que nos acabamos de conocer y estamos en una soleada terraza tomando una cerve. Nuestra conversación fluye y tú pasas del primer nivel al segundo y yo te sigo, tú hablas de una serie que te gusta y yo te respondo con otra serie que me agrada. A partir de ahí llevamos nuestra charla a si el pincho de tortilla que nos acaba de servir el simpático camarero está bueno o no. Tú eres de los que opinan que mejor la tortilla de patatas con un poquito de cebolla y para mí es un sacrilegio; soy un clásico en este tema, lo siento. Seguramente que estaremos buceando en las mismas aguas, tú das información y yo también. Y este proceso es fantástico, nos exploramos, sin prisa, sin impostar, siendo genuinos, compartiendo información y opiniones. Ya llegará el momento de bucear en las profundidades, pero tal vez hoy no es el mejor día, o sí.
Tercer nivel. Un lugar en el que habita el lado Oscuro de la Fuerza y lo mejor de nosotros mismos
Hete aquí nuestra zona de miserias, de sueños y de deseos, de tropiezos y de rupturas, de amantes imposibles o carnales, de nuestro hastío ante la vida, de los desamores, de la soledad, del penúltimo conflicto laboral, de nuestros miedos y de nuestros proyectos, de los tiñosos que nos rodean y de nuestros éxitos pasados y futuros. Aquí se encuentran tus cicatrices en estado puro, y puede ser que aparezca alguna herida abierta que busque curación. Si te fijas bien, las veces que entramos en este nivel son habas contadas, y así tiene que ser. Son temas que hablamos ocasionalmente con un buen amigo, con el psicólogo, con nuestra pareja y pocas veces más, y esto es lo recomendable. Centrarnos con frecuencia en esta zona no es saludable (muy propio de los depresivos), ya que corremos el riesgo de convertirnos en un brasas y generar que el personal ponga los pies en polvorosa cada vez que nos ve entrar por la puerta. Y otra cosa más, hablar continuamente de estos temas hace que amplifiquemos nuestro malestar y damos información muy relevante a nuestro entorno y puede volverse en nuestra contra. Cualquiera puede juzgarte. Si buceas continuamente en las profundidades (“Es que yo soy muy profundo”), te quedarás sin oxígeno o tendrás que cogerlo de las personas que tienes a tu alrededor, y no es muy conveniente. Axfisia. ¿Te ha pasado en alguna ocasión que la conversación con una persona recién llegada a tu vida, ha fluido, ha sido bidireccional y los dos habéis buceado en las mismas aguas pasando de un nivel a otro sin sentirte un bocas? Esos momentos y esas personas molan, aunque sean efímeras. Hay conexión y un engranaje casi perfecto. Tú cuentas, yo escucho; yo cuento y tú escuchas. Hablemos de algunas de nuestras intimidades sin agobios y sin asfixiar al otro, así, de forma natural.

¿Y cuándo es un problema hablar? Y unas recomendaciones de regalo
- El problema surge si hablas y el otro se mantiene en un nivel inferior y no acompaña. Pasar al segundo nivel y que el otro se quede en el primero es una señal para no avanzar más. Lo mismo sucede, y en este caso es más grave y es cuando aparece la sensación de bocazas, que el otro se quede en el primer nivel y tú te vayas a la zona íntima (tercer nivel) y te pongas a contar tus andanzas emocionales sin recibir una contraprestación. Frena.
- Hay personas que son más expansivas y no callan ni debajo del agua, seguro que conoces a alguien así, o tal vez tú lo seas. Está bien hablar, expresar, animar, pero mantente vigilante a la información que das.
- Ser el centro de la fiesta no puede convertirte en el blanco de las opiniones de los que te rodean. Tu vida es tuya y tú eres el que mejor conoce lo que pasa en ella, no compartas tanto.
- Si estás pasando por un proceso complicado, cuenta con tu pareja o con un buen amigo, y si te resulta difícil hablar sobre los problemas que te afligen, consulta con un profesional de la psicología. Si tienes alguna duda, te puedo dar buenas referencias de algunos colegas.
- Sé consciente de la información que trasladas y apuesta por la bidireccionalidad. Yo cuento pero quiero escuchar.
- Atento a los cambios de nivel: date cuenta, recula, pregunta, reformula y regresa a un nivel inferior si ves que el otro no te sigue. No te vayas a casa con la sensación de haber hablado demasiado.
- La vida es mucho más que hablar de sí mismo. Escucha, muestra interés por los que te rodean. Una conversación no es la final de la Champions en la que hay ganador y perdedor y que hay que meter un gol a toda costa y dominar todo el partido, no. Las conversaciones son un espacio para aprender, escuchar, reír, explorar, nadar, llorar, chapotear, saltar y sí, también bucear en buena compañía. De manera puntual, las profundidades son fantásticas ¿no crees?

