¿Cuántas mañanas te has levantado con la idea de proponerte un cambio (aunque sea pequeño) del estilo “de hoy no pasa”? ¿Y cuántas veces te has quedado a las puertas del éxito pero convencido de que mañana será el día de los cambios? ¿Das demasiadas vueltas al coco analizando los pros y los contras de tal o cual conducta? ¿Eres de los que deja para mañana lo que puedas hacer hoy? ¿Procrastinas? Pues te damos la bienvenida al planeta tierra y a la especie humana. Posponer, posponemos todos, e incumplir con los propios deseos les pasa a una gran mayoría de las personas que se plantean llevar a cabo un cambio; de hecho muchos no lo consiguen y se quedan en el intento. Los hábitos, las rutinas y las costumbres te impiden descubrir nuevas sensaciones.

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Cambiando que es gerundio. “Me encanta probar platos nuevos. Y si ya los conozco, mejor que mejor”.

Reconócelo, ¿cuántos restaurantes frecuentas en los que ya sabes el plato que vas a pedir? Pizza napolitana en el italiano de siempre, paella valenciana o fideuà (eres de ideas fijas), Lasagna; y cuando te sientes un puntito exótico te pones en modo aventura y te lanzas a buscar un restaurante vietnamita o un libanés. Y mola. Pero en la mayoría de las ocasiones somos animales de costumbres; repetimos una y otra vez los mismos platos y los mismos sabores. Así somos de básicos.
No le des mucha importancia, muchos de nosotros comemos siempre lo mismo. El miedo a equivocarnos o la pereza a tener que preguntar ¿qué es ese plato? no nos dejan descubrir un mundo infinito lleno de placeres gastronómicos.
Y lo curioso es que a tu cerebro le encanta explorar, curiosear, investigar… y si te dejas llevar por estos verbos, puedes crear nuevas rutas neuronales y liberarás dopamina. Salamone, J., Correa, M. (2012). The mysterious motivational functions of mesolimbic dopamine. Neuron. Recuerda que la dopamina es un neurotransmisor cerebral (de la familia de las catecolaminas) muy implicado en el placer y en el aprendizaje. Explora nuevas cosas, a tu cerebro le gustará y te enriquecerá mucho.

Me hago mayor y las cosas no saben igual que antes

¿Sabías que a partir de los 60 años las papilas gustativas de nuestra lengua van disminuyendo y vamos perdiendo el sentido del gusto? Ya tienes un buen motivo para que no pospongas retos hasta que llegue el día de tu jubilación y lánzate a probar cosas nuevas. Los sabores de hoy, cambian mañana. Aprovecha y busca algo que no hayas catado nunca y saboréalo, ¡experimenta! ¿Sabes que recientemente los japoneses han identificado un nuevo sabor llamado Umami? ¿Te atreves a probarlo?
Chandrashekar, J., Hoon, M., Ryba, N., Zucker, C. (2006). The receptors and cells for mammalian taste. Nature, (444), 288-294. Zhao, H., Xu, D., Zhang, J. (2011). Genomic and genetic evidence for the loss of umami taste in bats. Genome biology and evolution, 4 (1), 73-79.

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Deja que un amigo decida por ti. A más opciones, mayor coste para tu sesera.

En ocasiones puede suceder que llegas saturado a una cita con amigos en un restaurante después de un duro día de trabajo o tras alguna pequeña bronca con la pareja, y el camarero, te deja una extensa carta de veintitantos platos y te toca elegir uno y ¡oiga, rapidito que tengo faena! “¡Uf! no sé qué plato me apetece más, y además me canso solo de pensarlo” “¡Qué agobio!” “¿Qué habéis pedido?”. En esos momentos, es cuando echas de menos una carta de tres platos que sean apetitosos y escoger al tuntún. Con frecuencia puedes sentirte peor cuando cuentas con más opciones; es lo que conocemos los psicólogos por Paradoja de la opción. Schwartz, B. The Paradox of Choice.: Why More Is Less, Harper Perennial, 2005.

¿Y si un amigo decide por ti?

Te proponemos la siguiente estrategia para afrontar esta simpática paradoja: déjate sorprender por alguno de los comensales (se supone que te conocen) y date permiso a que elija por ti. “¿Qué plato crees que me gustaría?” Lánzale esa pregunta a un amigo de tu mesa y acepta el envite. A veces dejar que personas allegadas decidan por nosotros y especialmente sobre decisiones de la vida en las que no hay mucho en juego nos puede ayudar a fortalecer vínculos, nos evita dolores de cabeza por el desgaste de elegir y podemos convertir una cena o una comida, en un espacio sorprendente y más divertido. O no. Por cierto, recuerda que si no te gusta el plato que han elegido para ti, no desesperes, piensa en el partido de vuelta. Tendrás más oportunidades para devolvérsela.

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El móvil. Un habitual en muchas mesas.

¿Sabes cuántas veces consultas el móvil a diario? ¿Diez? ¿Treinta? ¿Cincuenta? Frío, frío. Sigue subiendo la cifra. Según un Informe del año 2013 de la Sociedad de la Información en España, miramos el móvil una media de 150 veces al día. 150 veces nada más y nada menos. Llamadas, whatsapps, noticias, Facebook, la hora, Twitter…¿No son demasiadas? Vale, de acuerdo, lo necesitas para el trabajo o para saber los últimos chistes del gracioso amigo del WhatsApp, pero vamos a intentar darle una vuelta.
Elige un día, si te parece el fin de semana puede ser una buena opción para empezar y deja el móvil en casa. No pongas excusas ni lo aplaces. Sales de casa, cierras la puerta y hasta la noche. ¿Te has fijado qué ridículas se ven las personas que miran todo el rato la pantalla? Y lo peor de todo es que casi todos lo hacemos.

El móvil. Una excusa para que pague la cuenta otro.

En determinados restaurantes proponen dejar los móviles de los clientes en un cesto en un lugar apartado de la mesa y el primero de los comensales que consulta su móvil, paga la cuenta. Está bien la idea. Es una buena fórmula para escuchar y mirar a los ojos a los que tienes enfrente y al mismo tiempo, un buen momento para desear con todas tus fuerzas que no llame tu madre por algo urgente ¿Mañana vienes a comer, cariño? Conocido es el caso de un tipo que se conchababa con otros y hacía que le llamaran a uno de los comensales hasta fundirle el móvil coincidiendo con el final de una cena. Y cuenta pagada. Seguro que te resulta divertido y extraño ver cenas o encuentros de amigos en los que el personal está más pendiente de su móvil (diciéndole a otra gente lo bien que se lo pasa o consultando Facebook o Twitter) que de la propia conversación. ¿Y si propones dejar los móviles en un cesto? Conseguir que pague otro la cuenta, no es tarea difícil. Recuerda que una cena puede ser una experiencia para disfrutar de lo que nos ha preparado el cocinero con todo su cariño y escuchar las confidencias de los amigos.

La distancia más corta entre dos puntos es siempre la misma

9,5 de cada 10 personas van todos los días por el mismo camino a sus destinos. Siempre las mismas calles, las mismas tiendas con los mismos escaparates, los sempiternos semáforos, casi las mismas caras, aunque en ocasiones una mirada fugaz nos hace descubrir una tienda de ropa de toda la vida con el cartel “se traspasa”.
Unas personas afirman que es el camino más corto. Otros que es el más rápido. Incluso, los más nerviosos, toman la misma ruta porque no soportan estar parados, aunque para ello den la vuelta a la ciudad.

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¿Qué te parece si rompes tu rutina? Sal de esas calles y mañana mismo, vete por otro camino. Puede que tardes 4 minutos más, pero serán 4 minutos llenos de casas nuevas, nuevos paisajes y probablemente puedas encontrarte con un malabarista capaz de mover mil platos a la vez o un músico callejero emulando a Kiko Veneno. Te sorprenderás a ti mismo sobre nuevos focos atencionales, nuevos edificios, colores, sabores, olores y personas distintas que se cruzan por tu camino. Estarás creando nuevas redes neurales, tomando conciencia y viviendo el presente. Hacer todos los días lo mismo es más barato para el cerebro, pero te estarás perdiendo todo un mundo por descubrir, y por un precio más que módico estarás generando cambios en tu sesera sin saberlo. Horas después, con nocturnidad y alevosía, tu cerebro lo soñará y sintetizará nuevas proteínas de extraños nombres (CREB, CAM-K2…) que serán la base física de ese cambio.
Si todos los caminos llevan a Roma, seguro que algunos pasan por tu destino. Elige uno distinto cada vez y pruébalos todos. Verás cómo te gusta.

¡Atención! Esta agua puede provocar somnolencia. No conduzca ni realice trabajos peligrosos.

Nos levantamos, vamos a la ducha, giramos el grifo a la izquierda y nos metemos debajo del chorro de agua bien caliente. Es pronto y no hay nada como una cálida ducha para despejarnos.
Curiosamente, nuestro cuerpo lo interpreta al revés. Tomar una ducha caliente, lejos de activarnos, nos adormece. Al salir, la temperatura de nuestro cuerpo cae de forma acelerada, lo que nos conduce a un estado de ánimo reposado.
Te proponemos un ejercicio solo apto para valientes: gira el grifo hacia el otro lado. Aprieta los dientes y deja que el agua fría estimule cada centímetro de tu cuerpo durante 30“. ¿Sabías que una ducha fría reduce el estrés, mejora la circulación, aumenta nuestras defensas y ayuda a combatir la depresión?
Cambia la temperatura. Y si eres de los que te duchas con agua fría, pruébala caliente y vuélvete a la cama. Date el gustazo de juguetear un poco más con las sábanas y levántate más tarde. ¿No hablábamos de cambiar?

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Hete aquí un concepto: Neuroplasticidad. El cerebro se hace gimnasta

Los cambios que podemos experimentar cada día son posibles gracias a la neuroplasticidad, es decir, la capacidad que tiene el cerebro para cambiar estructural y funcionalmente. Podemos modificar nuestro cerebro a través de pensamientos y conductas, todo es cuestión de ponerte manos a la obra. Como bien dijo Ramón y Cajal…¡puedes ser el escultor de tu propio cerebro!

Este post es fruto de mi colaboración con Joana Pérez, Neuropsicología clínica y que en la actualidad está estudiando el Master en Psicoterapia en ISEP y el Master de Psicología General Sanitaria. Joven, preparada, con ganas de aprender y mejorar y con un futuro brillante a nivel profesional (te dejo un enlace a su Facebook por si te apetece seguirla. Su blog está en construcción). Presente y futuro de mi profesión, la psicología. La idea de escribir este post sobre los cambios cerebrales surgió en una clase de Trastornos Depresivos que tuve el placer de dar en el Master que cursa Joana en el ISEP. Un placer. Por cierto, te dejo el enlace a mi página profesional del Facebook Psicología, Salud y Deporte por si te apetece seguirme. Saludos y a cambiar, que esto va muy rápido.